La noticia llegó por dos vías: por un lado, el aviso de vecinos de Vitel comentando buenas capturas; por el otro, la invitación de Mario Campanella -titular del predio y referente de Puerto Pesca- para relevar la laguna. Con esa combinación, el viaje se volvió inevitable. En Chascomús nos esperaba Fernando Nano Scardigno, guía local y amigo de la casa, que además estrenaba tracker de 5,10 m con motor de 25 HP. A las 8 ya estábamos en el predio cargando equipos y, minutos después, navegábamos hacia un sector rodeado de juncos, espadañas y fondo de 2 m promedio: el ámbito ideal para la especie. Los equipos fueron los clásicos: cañas de 2,10 a 2,40 m, 12 a 17 lb (1 lb=0.453 kg); reeles 2500; multifilamento fino y boyas Plop con brazoladas largas, de hasta 1,80 m. La carnada rendidora, como siempre, fue la cola de dientudo o postas bien frescas. El pique que confirma todo Las cuatro cañas no estuvieron más de un minuto en el agua: Fernando clavó la primera. Una tararira combativa, que se metió de cabeza en los juncos antes de rendirse. Luego del copo marcó 1,2 kg. A los pocos lances, Gastón repitió la fórmula, pero con filet de carpa coloreado, y también obtuvo un ejemplar firme. Alberto y quien firma optamos por plopear en el centro de la laguna y el resultado fue parejo: tarariras de alrededor de 1 kg, bien activas y peleadoras. Vitel estaba viva. Era evidente. Cruzamos la laguna rumbo a la boca del arroyo Gándara/Gaucho, donde la lluvia reciente había oxigenado el agua. Allí, la información hablaba de ejemplares de hasta 2 kg y, aunque sólo dimos con una pieza de 800 g, el dato quedó confirmado: el lugar promete y mucho. A pocos metros, en una costa de barrancas, Gastón se metió con waders y ranas antienganche, trabajando señuelos híbridos bien al ras del fondo. Clavó tres tarariras de distintos portes, todas agresivas y oscuras, típicas de las zonas someras con vegetación. El calor del mediodía superaba los 30°, así que buscamos sombra, hidratación y algo de descanso antes de continuar. Por la tarde repetimos la estrategia: fondo, brazoladas largas y carnada bien apoyada. La respuesta se mantuvo constante. Dónde rinden mejor Los mejores sectores fueron, sin dudas, las entradas de agua del arroyo Vitel y del Gándara/Gaucho. Ambos aportan agua limpia y alimento. Vimos gran cantidad de carnada -dientudos, mojarras y tosqueros-, lo que explica el buen estado de las tarariras. Por ahora, casi no comen en superficie: conviene trabajar abajo, raspar el fondo y usar líneas de hasta 2 m de profundidad. Los tamaños estuvieron parejos, sin superar los 2 kg, pero con abundancia notable: más de 40 capturas en la jornada, todas devueltas, un indicador clarísimo de recuperación. Durante la pandemia, Vitel llegó a secarse por completo. Fue una postal triste para quienes conocíamos la laguna. Hoy, gracias al trabajo del predio, las lluvias recientes y el aporte constante de ambos arroyos, el lugar recuperó nivel, fauna y servicios. La aparición fuerte de tarariras y los bulos de pejerrey que vimos permiten proyectar una muy buena temporada estival y, más adelante, un invierno tentador para el flecha de plata. Finalmente, resta hablar del reglamento de pesca de esta temporada, el que resumimos a continuación. Reglamento reducido Horarios de pesca: de sol a sol; embarcaciones amarradas hasta a las 19 (verano). Permiso al día. Motores: máximo permitido: 40 HP. Prohibidas las motos de agua. Convivencia: velocidad máxima 20 km/h dentro del predio; mascotas con correa; silencio desde medianoche. Pesca: tararira, por veda, sólo sábados, domingos y feriados; devolución obligatoria. Pejerrey: fuera de veda (1/12 al 1/9), máximo 25 por pescador, mínimo 25 cm. Seguridad: chaleco obligatorio para cualquier actividad náutica. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter /strong>
Vitel renace: tarariras para volver a creer
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