La escopeta se ganó, a fuerza de práctica y versatilidad, un lugar privilegiado entre las armas largas. Su efectividad en múltiples escenarios –de la caza y el tiro deportivo al uso policial y militar– la convierte en una opción insoslayable para quienes requieren potencia, control y simplicidad mecánica. Pertenece al grupo denominado armas de ánima lisa, igual que los pistolones, y aparece en variedad de configuraciones: un cañón, dos cañones yuxtapuestos, superpuestos, e incluso sistemas semiautomáticos o híbridos. Calibres y lógica de medición La designación de calibres de ánima lisa sigue el sistema inglés Gauge que divide una libra de plomo en esferas de diámetro equivalente al del cañón. En la normativa RENAR, estas medidas se expresan como UAB (Unidad Absoluta de Medida). La relación es inversa: a mayor número UAB, menor diámetro real del cañón. Cal. 12: 18,5 mm; Cal. 16: 16,8 mm; Cal. 20: 15,6 mm; Cal. 28: 14 mm. La excepción más difundida es el .410, que se expresa en pulgadas y equivaldría aproximadamente a un calibre 36 UAB. Incluso existen armas híbridas -como el Taurus Judge y el S&W Governor- capaces de alternar cartuchos .410 y .45 Long Colt, según la necesidad táctica del usuario. Cartucho y recámaras En calibre 12 encontramos distintas longitudes de cartuchos: 65 mm (2 ,5”), 67 mm (2,5”), 70 mm (2 ,5”), 76 mm (3” Magnum) y el poco frecuente 89 mm (3,5”). Un principio técnico es inamovible: el cartucho jamás debe superar la longitud indicada en la recámara del arma. Hacerlo eleva peligrosamente la presión interna y compromete la integridad del acero. La información del calibre siempre está marcada en el cañón. Municiones y efectos Las escopetas de caza menor emplean tradicionalmente perdigones, pequeñas esferas de plomo que se abren progresivamente en vuelo, generando la clásica rosa de dispersión. En defensa, combate cercano y caza mayor cobran protagonismo las postas de 8 mm. A menos de 15 m, su combinación de energía y multiplicidad de proyectiles las vuelven concluyentes: suelen impactar zonas vitales con extrema eficacia. Pero también hay otras menos conocidas: las legendarias trench guns, Winchester 1897 y 1912 empleadas en la Primera Guerra Mundial que introdujeron el temido slam fire, disparo continuo al accionar la corredera sin soltar la cola del disparador. Su potencia y velocidad hicieron que se las apodara “barredoras de trincheras”, al punto de motivar pedidos formales para limitar su uso. En conflictos posteriores –Segunda Guerra, Corea, Vietnam– se sumaron modelos como Remington M10-A e Ithaca M37, consolidando la reputación de la escopeta como arma insuperable en CQB (Close Quarter Battle: combate en ambiente cerrado). En el terreno urbano y policial, la escopeta se consolidó en allanamientos de alto riesgo, irrupciones rápidas y tareas de breaching (apertura de cerraduras y picaportes). Su capacidad para combinar potencia, control y variedad de cargas la mantiene vigente en fuerzas de élite. Modelos como la Browning 2000, las Benelli M3/M4 y la famosa Franchi SPAS-12 -popularizada en cine (Terminator, Jurasic Park, Matrix) pero ampliamente utilizada en la realidad por SWAT, GIGN, BOPE, Grupo Halcón, PNA, Carabinieri, GEO y otros- son ejemplos emblemáticos de su evolución operativa. Posiciones tácticas: qué sirve y qué ya no De las cinco posiciones históricas de porte y empleo inmediato, varias cayeron en desuso por su ineficiencia. Veamos… Posición baja o sul (cañón apuntando en diagonal hacia el suelo): lenta para levantarla y alinear en dirección a la línea de fuego. Peligrosa ante disparos involuntarios (en situaciones de alta adrenalina o estrés). Posición diagonal o recta orientada hacia arriba (high ready), para minimizar riesgos eventuales. Debemos considerar que a la posición anterior y a ésta se las conoce profesionalmente como de control de cañón, y son utilizadas en situaciones de bajo riesgo o espera. Desde la cadera: sin apoyo firme, el retroceso descontrola la precisión. Culata sobre el hombro: permite acortar el arma en pasillos, pero dificulta el control al disparar. Hoy la posición dominante es otra: culata firmemente asegurada bajo la axila, alineada con el eje del blanco. Sus ventajas son claras: reduce el largo efectivo del arma en pasillos, esquinas y umbrales. Controla mejor el retroceso y favorece la precisión en disparos rápidos. Permite una transición instantánea al hombro sin perder alineación. No es casual que las mejores unidades especiales del mundo la adopten como estándar. Resta decir que la escopeta mantiene su vigencia como herramienta de defensa, seguridad y empleo profesional. Su potencia y adaptabilidad la vuelven un recurso formidable, aunque -según la experiencia operativa del autor- para defensa personal primaria sigue siendo preferible una pistola de grueso calibre, acompañada, si se desea, por una escopeta de combate como arma secundaria. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.
Escopetas: la pieza favorita de tiradores y comandos
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