Nos propusimos un gran desafío: dar con lenguados a fines de diciembre, una especie codiciada por miles de pescadores. Aún sin ser la época de máxima voracidad, viajamos a Mar Chiquita –ese rincón privilegiado junto al Atlántico– con la esperanza intacta. Llegamos cerca de las 8 de la mañana a la bajada municipal de embarcaciones y, junto a Gastón Cimmino y los guías Lucas Burgos y Alejo Albornoz, arrancamos la jornada. Cómo localizar a la especie Los lenguados suelen hallarse en fondos de fango o arena, fuera de puertos, en zonas donde se mezclan aguas salobres y dulces –desembocaduras y estuarios en los que hay mayor disponibilidad de alimento–. En esos ambientes de transición se alimentan de pequeños pejerreyes, mojarras, crustáceos y demás presas. El pique de la especie tiene dos características: primero, suele ser sumamente sutil; apenas un leve tirón o un roce. Segundo, cuando el lenguado ataca, lo hace con violencia y tras clavar suele quedarse inmóvil, camuflado, obligando a esperar. Con frecuencia la única forma de confirmar la captura es empezar a recoger y notar un frenado firme que se siente distinto -una clásica levantada de peso-, fruto del pez hundiéndose en el fondo. Para maximizar las chances: lanzar y recuperar a media velocidad, con cadencia constante, simulando un pejerrey lastimado. Si la corriente empuja la carnada tierra adentro, recoger más lento. Si la corriente la arrastra hacia afuera, recoger un poco más rápido: el lenguado actúa rápido. Otro recurso clave: una breve pausa tras el lance, para que la carnada repose, y luego recuperar con toques cortos que levanten arena, un gancho visual ideal para atraer la atención del pez. La jornada y los piques Después de varios señuelos fallidos, los aparejos preparados por Alejo -con anzuelos offset y líneas híbridas- dieron fruto: un primer lenguado de unos 3 kg. La pesca explotó con la marea alta, generando piques casi constantes. Gastón sacó uno de 4 kg, otro llegó cerca de 3,8 kg con modalidad spinning. Y justo cuando pensábamos que el día terminaba, recibí un pique seco y explosivo: el pez arrancó con fuerza, dio dos saltos y se fue rumbo al veril. Tuve que levantar rápido, caña baja, para evitar enganches. Resultado: un buen chato en la batea, coronando una jornada de estreno de temporada. Las mejores horas, coincidiendo con la subida de pleamar e inmediatamente después, suelen ser las más productivas. En bajamar quizá quede alguna chance, pero en pozones profundos. El lenguado, siendo un pez de fondo con poco nado, sufre si el agua está muy movida. Claves modernas La albufera de Mar Chiquita es uno de los pocos ambientes de su tipo en la Argentina: una laguna costera semiconectada al océano con mezcla variable de agua dulce y salada, fondo arenoso-barroso y canales de entrada marina. Esa salinidad variable atrae a los lenguados en busca de alimento, transformando el lugar en territorio chato incluso fuera de la temporada tradicional. Aunque la carnada natural sigue siendo un clásico (pejerreyes enteros o fileteados, mojarras), hoy la pesca con artificiales está entre las más productivas. Técnicas como spinning, baitcasting, incluso fly o drop shot, han demostrado eficacia en aguas de Mar Chiquita. Para estas modalidades se usan látex híbridos imitaciones de pejerrey, color gris plateado o natural, de 10 a 15 cm. También jigs y cucharas que, hundidos lentamente, son ideales en bajantes o fondos con fango. Finalmente, si pensamos en fly, streamers o moscas de agua salada en versiones pesadas, atadas en anzuelos 1/0 a 3/0, que sirven cuando el pez está cazando en superficie o poco profundo. Líneas, cañas y montaje Para Mar Chiquita conviene una caña de 2,70 a 3,10 m, acción media-fuerte, ideal para perforar corrientes y controlar el fondo. Frente a rocas y veriles mezclados, un multifilamento de 0,30-0,35 mm brinda resistencia y poca memoria. Como señalan pescadores locales, la ligereza y el balance de la caña suman a la eficacia en jornadas largas. Plomadas: de 30 a 60 g permiten mantener la carnada sobre el fondo; en corrientes fuertes conviene subir el peso. Aunque la temporada clásica es otoño-invierno, en Mar Chiquita los lenguados pueden activarse antes –especialmente en diciembre– gracias a la mezcla salobre y la disponibilidad de alimento. Las mareas y corrientes explican mucho de su ubicación: en subida (pleamar) ascienden hacia los veriles o desembocaduras; en bajamar se retraen a pozos o cárcavas. Por eso, repunte de alta o baja –y las horas cercanas– son las más clave. En días con viento, las zonas más protegidas son las que rinden mejor. El lenguado no es un buen nadador, por lo que conviene buscarlo en playas tranquilas, teniendo en cuenta que si el agua es muy movida tendría muchas dificultades para nadar. Es que el cuerpo de la especie experimenta importantes modificaciones durante su crecimiento. Cuando nace tiene la apariencia de un pez común; luego, a medida que se desarrolla, permanece apoyado sobre el fondo marino siempre del mismo lado, lo que lo lleva a adoptar su clásica posición horizontal, y un cuerpo ovalado y plano. Sin duda es un cazador formidable: ha desarrollado la capacidad de mimetizarse con la arena o las piedras, acechando desde el fondo sin dejarse ver. Casi cualquier pez que pase cerca y pueda atrapar entre sus dientes le sirve de alimento. A modo de cierre, vale destacar que este año no sólo las tarariras, lisas y corvinas negras se adelantaron a la temporada: los lenguados –raramente– también están presentes antes de lo habitual. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter /strong>
Mar Chiquita al acecho: primeros lenguados del verano
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