Andrés, un joven estudiante universitario de 24 años de edad, fue diagnosticado con esquizofrenia paranoide en el año 2021. Cuando cumple con su tratamiento, su vida puede transcurrir con relativa estabilidad. Pero en Venezuela, conseguir y mantener una medicación para este tipo de patología resulta altamente costoso. Si Andrés pierde sus medicamentos, sus conductas se vuelven impredecibles y puede tornarse agresivo. La familia lo ha llevado varias veces al Hospital Psiquiátrico de Caracas en Lídice, uno de los pocos centros públicos especializados. Sin embargo, no siempre hay recursos, personales o incluso cupo de hospitalización, aunque el paciente lo necesite con urgencia. En muchas crisis, su familia termina resolviendo el traslado y buscando espacio en el propio centro o rogando por un lugar en otro hospital, debido a la precariedad y colapso de los servicios. Doris, de 75 años, fue diagnosticada con demencia senil temprana. Su hija, Rebeca, es quien la cuida, día tras día, luchando por mantener una calidad de vida digna para su madre. El diagnóstico no es el único desafío: no hay un lugar adecuado en Venezuela donde Doris pueda recibir más atención especializada. El peso del cuidado recae por completo en la familia: terapias, consultas privadas y medicamentos son gastos que deben costar en su totalidad. Los recursos públicos que apoyan a pacientes con este perfil son prácticamente inexistentes, obligando a buscar soluciones privadas, onerosas y muchas veces insuficientes. La diseñadora gráfica de 40 años, Mariana, vive con ansiedad y depresión recurrente. Ha pasado años cambiando tratamientos y dosis sin estabilidad. La falta de recursos económicos y la poca oferta pública de atención psiquiátrica han hecho que sus ataques de pánico y periodos de tristeza profunda se prolongan sin un acompañamiento adecuado. Mariana dice que le cuesta encontrar un buen terapeuta, pues los que la han tratado, han emigrado o se han ido a la consulta privada, que ella no puede costear. Los casos de Andrés, Doris, Rebeca y Mariana no son excepciones individuales, sino síntomas de un sistema de salud que ha ido perdiendo capacidad de respuesta en Venezuela, especialmente en el campo de la salud mental. Sin recursos adecuados, sin red de apoyo estable y con la creciente demanda de atención, miles de pacientes psiquiátricos quedan a la deriva, sostenidos por la resiliencia de sus familias y la buena voluntad de profesionales que se mantienen trabajando en el Sistema Público de Salud. “Lamentablemente existe un abandono país prácticamente absoluto de los servicios psiquiátricos en el sistema público. En Caracas se cuenta con el Hospital Psiquiátrico de Caracas, en Lídice y el centro Dr. Jesús Mata de Gregorio, adscrito al Instituto Venezolano del Seguro Social (Ivss) que queda en Los Chorros, que trabaja una media máquina. Pero en el interior del es grave. Hay estados que no tienen el servicio de psiquiatría activo. Lo peor es que muy poca gente lo reclama. Aún es un estigma muy grande para una familia reconocer que se tienen pacientes mentales en casa”, cuenta, vía telefónica a La Hora de Venezuela, la psiquiatra Marcela González. González, quien emigró en 2019 de Venezuela, alega que la situación no es un panorama reciente, pero que se agudizó hace aproximadamente una década atrás. “Hablamos de un silencio en los últimos 10 años, por la escasez de recursos y personal, el alto costo de medicamentos antipsicóticos, ansiolíticos y otros esenciales. En estos momentos, en los servicios operativos no se cuenta con los psicofármacos necesarios. Solo se consiguen por donaciones o las familias deben costear por su cuenta”, agrega el especialista. Lo dicho por la psiquiatra venezolana es respaldado por familiares de los pacientes psiquiátricos. Para este reportaje La Hora de Venezuela conversó con familiares de 21 pacientes que son atendidos en servicios de salud pública en Caracas, Miranda y La Guaira. “Acudir a un hospital con cualquier enfermedad sigue siendo un tema delicado en Venezuela, pero cuando es de salud mental, es horrible. Una crisis, una emergencia, un brote psicótico, nunca es atendido a tiempo. Y si te remiten a otros especialistas, puedes esperar hasta cuatro meses por una cita. Los cuidadores muchas veces terminamos igual de enfermos, por el estrés que nos origina el no tener dinero propio o el apoyo del Estado para atender las enfermedades mentales de un familiar”, revela Rebeca, la hija de Doris. Rebeca advierte, que mensualmente se debe contar con una reserva mínima de $200 para consultas, terapias, medicamentos, “lo que es cuesta arriba, cuando quizás esa cifra es el ingreso del grupo familiar”. Romper el ciclo de la crisis Las áreas de ingreso del Hospital Psiquiátrico de Caracas, ubicado en la parroquia Sucre de la capital venezolana, lucen cuidadas y pintadas. “En octubre del año pasado (2025), vino una cuadrilla del plan Juntos Todo es Posible y le metió mano”, explica un enfermero, que pidió la reserva de su identidad al conversar con La Hora de Venezuela. A pesar del refrescamiento y de la reapertura del servicio de psiquiatría infantil, en marzo de 2025, quienes acuden al centro psiquiátrico más importante y antiguo de Venezuela, con 133 años de funcionamiento, notan las carencias: hay áreas clausuradas, las camas de hospitalización están llenas, no cuentan con ambulancia para traslado de los llamados pacientes agudos, el personal especializado es poco. “Es frustrante, porque uno está aquí para ayudar, pero como hacemos si no se tiene el medicamento, si hay psiquiatras solo para un turno. Aquí se trabaja con poco recurso, eso sí, con compromiso, porque se entiende que estar enfermo de la cabeza, es tan importante como estar enfermo del corazón. Última que cuando se reparten los recursos el psiquiátrico está de último”, agrega el hombre, cuya carrera en el sistema de salud pública se ha desarrollado en el área de psiquiatría desde hace 18 años. Lo que ocurre en el Psiquiátrico de Caracas no es distinto a la realidad de otros centros en el país. De acuerdo con la Sociedad Venezolana de Psiquiatría (SVP), el Sistema Público de Salud tiene en sus registros 48 centros psiquiátricos públicos, cuyos servicios funcionan por debajo de sus medios operativos. En comunicados publicados entre 2022 y 2024 la Sociedad Venezolana de Psiquiatría (SVP) ha advertido de forma reiterada sobre “el deterioro progresivo de los servicios de salud mental en el sistema público de salud, en un contexto marcado por la crisis económica, social y sanitaria que atraviesa el país”. Desde el gremio médico se insiste en que los trastornos mentales como la depresión, la ansiedad y el riesgo de suicidio han aumentado en Venezuela, mientras la capacidad del Estado para ofrecer atención especializada se ha reducido de manera significativa. La sociedad médica también ha alertado sobre el deterioro de la infraestructura hospitalaria y de los centros de atención de psiquiátrica, que operan con limitaciones en equipos, insumos básicos y condiciones adecuadas para la hospitalización y el seguimiento clínico. Esta realidad profundiza la brecha entre la necesidad de atención en salud mental y la respuesta efectiva del sistema público. En su último comunicado, enmarcado en el Día Mundial de la Salud Mental, celebrado el 10 de octubre de 2025, la Sociedad Venezolana de Psiquiatría reiteró la necesidad de “priorizar la salud mental dentro de las políticas públicas”. Para los especialistas, sin inversión sostenida, planificación y acceso garantizado a tratamientos, la crisis de salud mental seguirá agravándose silenciosamente. Ante el panorama, pacientes y familiares, ven con buen ánimo los anuncios realizados por Delcy Rodríguez, quien ejerce como presidenta encargada de Venezuela y en declaraciones al medio RT, afirmó que cada dólar que ingrese por la industria petrolera y gasífera será destinado a cubrir las necesidades de salud del pueblo venezolano. “Sería una oportunidad para romper el ciclo eterno de esta crisis”, afirma la madre de Andrés, el joven estudiante con esquizofrenia paranoide, quien es tratado en el Psiquiátrico de Caracas. Programas requieren seguimiento y recursos De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental es “un derecho humano fundamental y un elemento esencial para el desarrollo personal, comunitario y socioeconómico”. Bajo esta premisa y como partícipe de los programas de la OMS, el Estado venezolano está en la obligación de desarrollar programas y garantizar el seguimiento y medir el impacto de los mismos. Sin embargo, esto no sucede. “Desde el 2024, la Dirección Nacional de Salud Mental y Prevención de Hechos Violentos del Ministerio de Poder Popular para la Salud está trabajando con la Organización Panamericana de Salud (OPS) en el Programa de Acción Mundial para disminuir las Brechas de Salud Mental (mhGAP, por sus siglas en inglés). Este programa permite formar al personal de salud en primeros auxilios de salud mental, es como una guía de atención primaria”, explica una funcionaria de esta dirección, que al no estar autorizada para declarar, pide la reserva de su identidad. “En la práctica, si tu o tu familiar tienen una crisis o una consulta de salud mental, podrías ir al ambulatorio más cercano a tu casa, que es la Red Primaria de Salud, y allí te atenderán. Esta visión de la OPS es mundial y busca acercar la salud mental a las comunidades y vencer los estigmas, especialmente por el repunte de padecimientos mentales en el mundo”, agregó la funcionaria. En el caso de Venezuela, contar con esta red de ayuda primaria sería valiosa, pues nueve de cada 10 venezolanos presentan algún grado de vulnerabilidad, según refleja el informe de resultados de Psicodata 2024, retrato de la situación psicosocial de la población del país elaborado por la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). La funcionaria consultada acota que aunque se han formado a 368 trabajadores del sistema de salud en esta materia, “la falta de recursos impide el seguimiento de los casos o dar la ayuda requerida con más firmeza”. Para Mariana, quien sufre de ansiedad y depresión recurrente, la ayuda nunca ha estado en el ambulatorio ubicado cerca de su casa en la parroquia Catia La Mar, al oeste del Litoral Central venezolano. “Si llego con un ataque de pánico, sintiendo que no puedo respirar y mi familia dice que soy paciente psiquiátrico, desestiman mi dolencia y me dicen que pida una cita con el psiquiatra que ve en La Guaira. A veces le digo a mi hijo que deje que el ataque de ansiedad se me pase solo, porque no vale la pena ir y no recibir ayuda”. Los pacientes psiquiátricos y sus familiares siguen siendo el eslabón más débil del golpeado sistema de salud pública. La escasez de personal, atenciones infraestructuras insuficientes y brechas de importantes no han mejorado y sigue deteriorándose.
La crisis silenciosa de los pacientes psiquiátricos y sus familiares en Venezuela
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