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Sunday, February 1, 2026

Venezuela ante una nueva encrucijada política

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Luego de los acontecimientos del pasado 3 de enero, los venezolanos hemos comenzado a transitar una nueva fase del proceso político. No se trata de un punto de llegada, sino de un tramo particularmente complejo, signado por riesgos evidentes, tensiones acumuladas y profundas incertidumbres. La experiencia acumulada aconseja prudencia y obliga a la cautela. Las transiciones inconclusas, fallidas o mal conducidas suelen terminar en frustraciones indeseables. La sociedad venezolana llega a este momento cansada de tanta tragedia sufrida. Años de carencias económicas, deterioro institucional y violaciones sistemáticas de los derechos humanos han erosionado la paciencia colectiva. Es comprensible la manifiesta impaciencia de amplios sectores sociales que pugnan por acelerar los cambios y recuperar pronto, la vida democrática. Esa inquietud no nace del capricho, sino del sufrimiento prolongado y de la conciencia de que el tiempo perdido difícilmente se recupera. Sin embargo, la urgencia no puede sustituir a la reflexión. Las transiciones políticas, en contextos autoritarios prolongados, para ser exitosas, requieren que los distintos actores del proceso, tengan disposición al diálogo y la reconciliación. Llegar a acuerdos y convenir en una ruta consensuada. Forzar los tiempos, desconocer las correlaciones reales de poder o subestimar la capacidad de daño de quienes se resisten a abandonar el control gubernamental puede conducir a escenarios inconvenientes y de mayor inestabilidad. La propia historia venezolana así lo confirma. Sabemos que la minoría atrincherada en Miraflores es reacia a competir en igualdad de condiciones, bajo normas cívicas y en un contexto de libre intercambio de ideas. Es una élite acostumbrada al ventajismo para quienes la pérdida del poder supone el fin de la impunidad. De allí su resistencia feroz a cualquier salida negociada en términos honestos y genuinos. La oposición no tiene acceso a los medios de comunicación, si los candidatos de la oposición son sistemáticamente descartados y no pueden presentarse a las elecciones debido al Gobierno, esas no son elecciones libres y justas.”Palabras que son importantes tomarlas en cuenta de cara al futuro inmediato. De allí que el desafío central no sea solo desplazar a los irredentos autócratas, sino evitar una mayor inestabilidad. Rescatar la democracia exige voluntad, decisión política, estrategia, cohesión social en torno a un propósito común y una comprensión clara de los límites y posibilidades del momento en las circunstancias actuales. La transición nuestra debe tener contenidos democráticos verificables, como la liberación plena e inmediata de todos los presos políticos, el restablecimiento efectivo de la libertad de expresión y el cese de la persecución judicial contra la disidencia. Estos logros son fundamentales para darle credibilidad al cambio que apenas comienza. Asimismo, es imperativo aprobar una Ley de Amnistía General, concebida con criterios de justicia transicional y orientada a satisfacer la convivencia civilizada. Marco jurídico fundamental para entendernos en favor de la paz ciudadana. No es olvido, tampoco se busca legitimar abusos. Es crear espacios adecuados para procesar diferencias y mantener el ciclo de exclusiones. Es ponerle freno a la polarización agresiva y violenta. Es abrir rutas nuevas a la tolerancia política. Finalmente, la colaboración internacional debe ser entendida como un complemento y no como un sustituto de la acción interna. Ninguna transición puede sostenerse si no descansa en una sociedad organizada, vigilante y comprometida con la reconstrucción de la legalidad republicana. Delegar el destino nacional en factores externos ha sido, históricamente, una receta para nuevas dependencias y decepciones. Venezuela se encuentra, una vez más, ante una encrucijada decisiva. El cambio es una aspiración mayoritaria e irreversible, pero su concreción dependerá de la capacidad colectiva para convertir la presión social en instituciones, derechos y garantías duraderas. Solo así la transición dejará de ser una promesa incierta y comenzará a traducirse en libertad, legalidad y reconciliación nacional.***Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.Del mismo autor: ¡Quién dijo miedo!

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