De vez en cuando, en público, decide causar sensación con su estilo discreto, para dejar claro que su perfil es diferente al del presidente. Y ahora Victoria Villarruel lo ha vuelto a hacer, justo cuando los focos están a punto de centrarse en ella mientras “recibe” a Javier Milei en la Asamblea Legislativa para abrir las sesiones normales del Congreso. Al igual que su anterior embestida contra Francia, obligando a la superhermana Karina Milei a pedir disculpas ante la embajada francesa, ahora su excusa es el fallo del Tribunal Supremo contra los aranceles de Donald Trump en Estados Unidos. “Sin empleo y producción nacionales, no puede haber políticas gubernamentales reales. Sin industria, pasamos a depender al máximo de China, un país comunista. Para Trump, Estados Unidos es lo primero, para mí, Argentina es lo primero. Abrir totalmente la economía y liberar las importaciones sólo favorece la dependencia de China y profundiza las emergencias económicas y sociales”, escribió el vicepresidente en una publicación en las redes sociales la semana pasada. Villarruel ha decidido añadir una pata económica a su clásico nacionalismo en los frentes político y cultural, una especie de proteccionismo del sector productivo que choca frontalmente con las políticas del gobierno en el que, cabe recordar, sigue siendo la primera en la línea de sucesión presidencial. Su manifiesto de pronunciamiento tampoco es ninguna coincidencia. Se produce en medio de los enfrentamientos de Milei con empresarios afectados por la competencia con productos importados, sobre todo de China. Paolo Rocca, de Techint, y Javier Madanes Quintanilla, de Fate y Aluar, fueron los más notorios, sin olvidar los magnates textiles demonizados por el ministro de Economía, Luis ‘Toto’ Caputo. Más allá de las diferencias entre el presidente y su vice, que han sido publicitadas hasta el punto de volverse trilladas (está por ver cómo serán expuestas este domingo), el gobierno está disgustado por cómo ella se ha vuelto a sacudir de sus marcadores. “Ella ha sido libre en estos dos años de tomar el camino que mejor le parezca. Ha adoptado claramente una postura que no coincide con nuestros intereses ni con los de los argentinos. No nos puede importar menos”, declaró el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en una entrevista radial, confirmando lo que se sabe desde prácticamente el inicio del gobierno de La Libertad Avanza: que Villarruel está afuera. El gobierno ni siquiera dejó que Villarruel participara en la maniobra de expulsión del kirchnerismo del timón del Senado que ella preside. Los funcionarios morados han interpretado la postura de Villarruel como parte de su estrategia para buscar un nuevo paraguas político, ya que Milei buscará la reelección el próximo año con otro compañero de fórmula. En algunas oficinas gubernamentales creen que sus guiños a los industriales locales van más allá de las preocupaciones meramente económicas. Se sospecha que busca financiación para su propio lanzamiento político y se la relaciona también con supuestos intentos de desestabilizar el gobierno, debido a sus reuniones con miembros del establishment del “círculo rojo”, la Iglesia, sindicalistas y líderes políticos. El último ejemplo conocido fue la visita de Villarruel a La Rioja, donde se reunió con el gobernador peronista Ricardo Quintela, que forma parte del pequeño grupo de gobernadores provinciales que rechazan la reforma laboral. Desde la provincia que pretende gobernar Martín Menem (homólogo de Villarruel como presidente de la Cámara de Diputados) se filtró que la Veep intenta formar parte de un espacio más amplio. Quintela siguió sus recientes conversaciones con Villarruel diciendo a un amable entrevistador: “Este gobierno no puede durar hasta el 10 de diciembre de 2027”. ¿El vicepresidente repudiará tal frase? Con seguridad. Dentro de un peronismo balcanizado hay sectores no kirchneristas que incluso persiguen fantasías de una candidatura de Villarruel. No son los únicos. Ella escucha, dialoga y prepara su próximo golpe. Un golpe de fuerza, por supuesto.



