Por JAMES GRAINGER @JAMESGRAINGER0 Mientras Argentina se prepara para conmemorar el 50 aniversario de la dictadura militar de 1976-1983, las investigaciones y juicios sobre crímenes de lesa humanidad continúan avanzando, a pesar del cambiante panorama político bajo el presidente Javier Milei. Según el informe más reciente de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, publicado en diciembre de 2025, 1.208 personas han sido condenadas desde que se reabrieron los juicios en 2006. Otras 247 han sido absueltas en 357 sentencias. Sin embargo, con cientos de investigaciones aún en curso, el camino hacia la justicia para las víctimas y sus familias sigue siendo largo y complicado. El informe destaca ese ritmo frustrante. Con 706 investigaciones en curso que involucran a 3.875 personas, 1.565 sospechosos enfrentan procesos en libertad y 515 están detenidos, la mayoría bajo arresto domiciliario. Otros 33 están prófugos y 1.762 han muerto, de los cuales 1.252 fallecieron antes de recibir sentencia. A medida que pasan los años, existe un riesgo creciente de que algunos acusados mueran antes de poder enfrentarse a la justicia. En 2025, se dictaron 19 sentencias y 60 personas recibieron sus primeros fallos: nueve fueron condenadas (frente a 16 en 2024) y 51 absueltas. La estadística estuvo influenciada en gran medida por dos casos de alto perfil: en Mar del Plata, el juicio “La Huerta” resultó en ocho condenas y 27 absoluciones, mientras que en Rosario, el caso “Pellegrini” derivó en 17 absoluciones. Al 1 de diciembre de 2025, 349 investigaciones aún están esperando sentencia, con 12 juicios actualmente en curso (cinco menos que en diciembre de 2024) y 61 casos sin fecha de juicio fijada. Cientos de personas siguen bajo investigación, entre ellas 316 acusadas formalmente, 176 que no tienen pruebas suficientes para ser procesados y 102 cuyos casos han sido desestimados. Desde que asumió el cargo en diciembre de 2023, el presidente Milei ha criticado el enfoque de Argentina en materia de derechos humanos, cuestionando particularmente las políticas estatales en materia de memoria, verdad y justicia. Su gobierno ha cuestionado la cifra de 30.000 desaparecidos, alegando que fue inflada por grupos de derechos humanos y las administraciones anteriores de Kirchner. La postura ha provocado una reacción violenta de activistas de derechos humanos y expertos legales, quienes advierten que socava la independencia judicial y distorsiona la historia al equiparar los crímenes del régimen militar con la violencia guerrillera de izquierda. Milei ha destituido a varios funcionarios de puestos clave en los sectores de derechos humanos y justicia, al tiempo que ha reducido la financiación y el apoyo a los organismos de derechos humanos y las ONG como parte de recortes más amplios del gasto gubernamental. Los críticos argumentan que estas medidas corren el riesgo de ralentizar los juicios en curso y retrasar aún más la justicia para las víctimas de la dictadura y sus familias. Los crímenes de violencia sexual han surgido como una característica destacada de los juicios recientes. Desde 2006, se han dictado 59 sentencias por delitos de violencia sexual, que han afectado a 264 víctimas (224 mujeres y 40 hombres). Los fiscales ahora tratan estos crímenes como una parte central de los crímenes contra la humanidad. De los condenados, 170 personas (alrededor del 12 por ciento) han sido condenadas por violencia sexual, mientras que 35 han sido absueltas. Este cambio ha sido aclamado como un paso importante hacia el reconocimiento del alcance total de los abusos de la dictadura. A pesar de estos acontecimientos, el proceso judicial sigue siendo lento. Más de la mitad de todas las sentencias aún están bajo apelación y algunos expertos temen que la influencia política pueda extenderse a estos procedimientos legales. En promedio, pasan seis años y dos meses desde que un caso es enviado a juicio hasta que se dicta una sentencia definitiva, y otros cuatro años y dos meses hasta que la Corte Suprema emite una sentencia definitiva. Hasta el momento, 146 sentencias han llegado a firmeza, mientras que 183 siguen siendo apeladas para al menos un acusado. Además de los casos en curso, las condiciones de detención siguen siendo una gran preocupación. Si bien la mayoría de los detenidos se encuentran bajo arresto domiciliario, 62 personas se encuentran recluidas en la famosa guarnición militar de Campo de Mayo, una instalación controlada por el Ejército durante la dictadura. La fiscalía señala que la instalación se diferencia de otras prisiones por su papel histórico en el terrorismo de Estado, lo que la convierte en un símbolo de la lucha en curso para romper los vínculos con la influencia de los militares sobre la justicia. Un informe de la Fiscalía también señala que este centro se diferencia de otros centros de detención en Argentina, ya que su ubicación y administración son cruciales para comprender la influencia actual de los militares sobre los procesos judiciales. Grupos de derechos humanos han criticado el uso de Campo de Mayo, denunciándolo como una prisión “VIP” para acusados o condenados por crímenes contra la humanidad. Un informe reciente de Página/12 alega la creciente participación del teniente general Carlos Presti, Ministerio de Defensa de Argentina, en los esfuerzos por socavar los juicios en curso por crímenes de lesa humanidad. Guillermo Madero, jefe de gabinete de Presti, ha criticado abiertamente los juicios, argumentando que tienen motivaciones políticas y no deberían tener prioridad sobre temas actuales como el narcotráfico y la corrupción. Las declaraciones provocativas en las redes sociales se hacen eco de la narrativa gubernamental más amplia que retrata estos juicios como parte de una agenda ideológica más que como una búsqueda de justicia. Madero también ha realizado visitas controvertidas a centros de detención que albergan a ex oficiales militares, haciéndose eco de viajes anteriores realizados por legisladores del partido gobernante a prisioneros condenados por crímenes de lesa humanidad. En 2024, varias ONG acudieron a los tribunales para impedir que la administración Milei desmantelara una unidad especial de investigación que investigaba los archivos de las Fuerzas Armadas en busca de datos para ayudar en los procesamientos. La Fiscalía especializada en Crímenes de Lesa Humanidad, dependiente del Ministerio Público Fiscal, MPF, está encabezada por la fiscal María Ángeles Ramos. No ha comentado públicamente sobre el estado de las investigaciones, pero una reunión de fiscales en 2024 dijo que el esfuerzo legal contra los abusos sigue activo e inconcluso. “El proceso de procesamiento no está cerca de concluir, sino todo lo contrario”, dijo Ramos en comentarios recogidos por fiscales.gob.ar. noticias relacionadas




