Carlos Ramírez cumplió seis años el 14 de marzo de 1977. En las primeras horas de esa mañana, policías y personal del Ejército rodearon su domicilio y abrieron fuego. Su madre, Vicenta, fue asesinada de un disparo en la cabeza, a pesar de haber levantado un paño blanco en señal de rendición. La justicia argentina dictaminó que el niño y sus dos hermanos menores, María Ester, de cuatro años, y Mariano, de dos, debían ser enviados al hogar infantil Casa de Belén, donde permanecieron hasta diciembre de 1983. En la institución les cambiaron el apellido y fueron sometidos a todo tipo de abusos: físicos, psicológicos y sexuales. Cada vez que uno de ellos preguntaba por su familia biológica, lo tildaban de “terrorista” o “subversivo” y lo castigaban. Esto duró siete años: el resto de su infancia. Cuarenta y cinco años después, en abril de 2022, Carlos contó esta historia ante el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata. Pronunció su testimonio desde Suecia, país donde se instaló tras el retorno de la democracia, cuando se reencontró con su padre. La historia de Carlos es una de las 50 que aparecen en Cincuenta historias de juicios por la dictadura en Argentina, el último libro publicado por La Retaguardia, un medio de comunicación independiente fundado en 2003 y que rápidamente se convirtió en un medio líder en la cobertura de juicios por crímenes de lesa humanidad. La pandemia de Covid-19 obligó a un cambio en las prácticas periodísticas y en junio de 2020, La Retaguardia comenzó a retransmitir procesos judiciales en YouTube. Inicialmente, algunos tribunales se negaron a permitir la transmisión de determinadas etapas, como las declaraciones de los testigos o la lectura de los alegatos finales. Sin embargo, con el tiempo los permisos se fueron ampliando y en julio de 2024 el Tribunal de Casación Penal falló a favor de televisar todos los juicios. La decisión resultó crucial para hacer más transparente la administración de justicia. De hecho, allanó el camino para que otros medios de comunicación adoptaran la práctica. Varios sitios web de noticias, por ejemplo, ahora presentan transmisiones en vivo en sus páginas de inicio de casos de alto perfil, como el juicio por corrupción de los cuadernos. La Retaguardia, sin embargo, hace más que simplemente transmitir imágenes de la cancha. “También generamos nuestras propias imágenes y decidimos dónde enfocarnos. Es cobertura editorial. Gracias a eso, algunos sobrevivientes han reconocido a sus torturadores en la pantalla. En el juicio de la ‘Contraofensiva’, por ejemplo, una mujer que miraba en Río Gallegos reconoció a un oficial de policía que había comparecido como testigo. Dos años después, ese hombre fue condenado”, dijo Fernando Tebele, uno de los fundadores del medio. Testimonios de primera mano El nuevo libro se publica en un contexto particular: el 24 de marzo se cumple el 50 aniversario del último golpe militar en Argentina y, contrariamente a lo que se podría haber supuesto hace unos años, las políticas estatales de Memoria, Verdad y Justicia ya no parecen contar con un amplio consenso. Antes de asumir el cargo en diciembre de 2023, el presidente Javier Milei afirmó que los crímenes cometidos por la dictadura fueron “excesos”. Su vicepresidenta, Victoria Villarruel, es una figura destacada en la defensa del establishment militar. Las narrativas contrapuestas sobre lo que sucedió en Argentina durante la década de 1970 se encuentran en el centro de la batalla cultural que libra el partido gobernante La Libertad Avanza. “Quieren presentar a las generaciones más jóvenes una versión de la realidad que simplemente no es cierta. Ya no defienden la teoría de los ‘dos demonios’, sino que hablan de uno solo: la guerrilla, a la que intentan retratar mediante actos de terrorismo excepcionales y no generalizados”, afirmó Tebele. “Esto va más allá del negacionismo: no hay nadie que no sepa lo que pasó en el país. Ahora se trata de justificación”. Por ello, el equipo de La Retaguardia decidió recopilar 50 testimonios extraídos de actas judiciales. Escrita en un estilo narrativo periodístico, cada historia revela el impacto humano detrás de lo que fue un plan sistemático de exterminio llevado a cabo por fuerzas estatales. Los desaparecidos, los torturados en centros clandestinos de detención y los bebés robados fueron las víctimas más visibles de la dictadura, pero no las únicas. El testimonio de Carlos Ramírez y sus hermanos demuestra que infancias enteras quedaron devastadas. Mariana Eva Pérez, autora del Diario de una princesa montonera, perdió a sus padres a los 15 meses y ha argumentado que los tribunales no la reconocen como víctima, permitiéndole participar sólo como demandante. La suya es también una de las historias incluidas en el libro. A lo largo de los dos volúmenes, la violencia sexual emerge como una constante. En un apartado, Nilda Eloy –que estuvo recluida en seis centros clandestinos de detención– lo expresa claramente: “Los delitos sexuales deben ser juzgados como prácticas sistemáticas, no subsumidas en delitos generales. No creo que nadie tenga una erección y pueda violar a una detenida simplemente porque un superior se lo ordena”. Las 50 historias representan sólo una fracción del gran número de personas que han testificado ante el tribunal. Entre ellos se incluyen víctimas directas del terrorismo, así como niños, hermanos y amigos. También hay relatos de familiares de perpetradores que optaron por ayudar en la búsqueda de justicia. Por ejemplo, se revisó el caso de Martín Azcurra. Encontró cuatro dibujos en posesión de su padre, el oficial de seguridad de la época de la dictadura Héctor Raúl Azcurra. Habían sido realizados por la detenida Laura Susana Martinelli durante su cautiverio. Uno era un autorretrato que los mostraba a ella y a su pareja encapuchados y esposados. Martín luego se los entregó a la hija de la víctima, Mariana Luz Oliva, quien los presentó durante el juicio por la “Subzona 15 III” en Mar del Plata. “Este es el testimonio gráfico directo de mi madre; ella es la que está presente aquí hoy”, dijo a los jueces. El objetivo de los autores no era sólo recuperar estas historias en el mes que marca el aniversario del golpe, sino también llegar a las generaciones más jóvenes. Para ello, y hasta el 24 de marzo, La Retaguardia ha ido publicando breves extractos de las historias en sus redes sociales. Quedan muchas historias por reconstruir. El pacto de silencio entre los perpetradores persiste y la mayoría de los sobrevivientes ya han testificado. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos creen que aún hay margen para conocer más detalles a través de quienes cumplieron el servicio militar obligatorio durante esos años. Cinco décadas después del golpe de Estado, los juicios continúan y el pasado sigue siendo reconstruido, fragmento a fragmento. Los reportajes de La Retaguardia funcionan como un archivo vivo: los testimonios que surgieron en los tribunales reconstruyen el pasado, pero también hablan del futuro. noticias relacionadas




