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Saturday, April 4, 2026

Enrique Vila-Matas: La metaliteratura no existe, es algo inherente a la escritura, es en realidad un cliché crítico

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¿Cómo sería la creación de un canon literario personal? El escritor español Enrique Vila-Matas lleva esta inquietud a niveles de revelación en su última novela, ‘Canon de cámara oscura’, en donde nos topamos con un escritor catalán llamado Vidal Escabia, que intenta encontrar su lugar en un mundo presente que tiene a la vez mucho de la realidad futura, con androides de por medio, por ejemplo. ‘Canon de cámara oscura’ (Seix Barral) además, es una de las novelas finalistas de la primera edición del Premio AENA de Narrativa Hispanoamericana, que otorgará un millón de euros al autor ganador en abril. En esta entrevista con La República, Vila-Matas nos habla de esta novela, sobre cómo lleva el reconocimiento, sobre la tradición, la autenticidad y la festividad que debe tener el espíritu crítico, tan necesario para estos tiempos polarizados. Atentos a las palabras del maestro. TE RECOMENDAMOS🚨 EN VIVO DEBATE PRESIDENCIAL 2026, HOY 30 DE MARZO: Forsyth, ‘Popy’, Molinelli y MÁS #Las10deldía -Tus novelas no se repetirán, pero guardan lazos temáticos e incluso estructurales en común. El humor está en todas ellas. Y también en ‘Canon de cámara oscura’. ¿Cómo mantienes el humor mientras escribes? -No es que lo mantenga, es que es innato en mí. Pero tardé en darme cuenta de que tenía sentido del humor, y eso también es cómico. -‘Canon de cámara oscura’ es una de tus novelas más críticas de su tiempo. -Hay en ella un factor universal: la libertad, que podría ser también autenticidad. ¿Cuán amenazada sientes a la libertad/autenticidad hoy? -Decía Wittgenstein que, cuando la gente no comparte el mismo humor, es como si entre ciertos individuos existe la costumbre de que una persona arrojara un balón a otra, y se estableciera que la otra persona tenía que atraparlo y devolverlo, y que algunas, en lugar de devolverlo, se lo metieran en el bolsillo… Créeme, temo esos momentos en los que digo algo en libertad y observa que tengo ante mí la cara atroz de un fascista que se mete en su bolsillo la frase libre y feliz que acabo de decirle. -Vidal Escabia, el protagonista de la novela, siguiendo la voluntad de su amigo y maestro Altobelli, se propone armar un canon intempestivo (o personal) de los libros que le dejó. Aquí, además de una apuesta por el gusto personal del lector, hay también una crítica al canon literario oficial. ¿Cuán deteriorado ves al canon oficial? -Lo veo en ruinas. Te recomiendo ‘El uso de las ruinas’, un libro del escritor francés Jean-Yves Jouannais (el mismo de ‘Artistas sin obras’) que reconstruye la historia de la destrucción de ciudades desde Mesopotamia hasta la Zona Cero. Es apasionante. -Todos tus personajes tienen un factor que los hace vulnerables. En el caso de Escabia, su hija Ryo. Miente cuando le preguntan por ella, por ejemplo. Pero Ryo también es su fortaleza. ¿Cómo te decides por una hija en esta novela? -Incluir una hija llamada Ryo en la novela era dar una patada a cualquier idea de escribir una autoficción. Y otra patada, hacer que Vidal Escabia hubiera nacido a la edad de 24 años, pues eso provocaba que no hubiera tenido infancia, lo que a mí como autor me impidió recurrir en algún momento a recuerdos de infancia propios… Más conjurado contra la autoficción no se puede estar. -Vamos a dejar para la curiosidad del lector lo del nacimiento de Escabia. La tradición literaria es un tema constante en tu narrativa. Otra lectura de la novela vendría a ser un señalamiento a lo que se quiere pasar como novedoso, algo que ya se ha hecho antes. ¿Sientes que se siente mucho cuando se habla de lo nuevo en las tendencias literarias? -Más que en lo que se siente, el problema está en lo mucho que se ignora. Por ejemplo, se crea una lista de novelas españolas que hablen de la figura del padre, y en 50 títulos no aparece la que para mí ha sido esencial entre todas ellas: ‘Tiempo de vida’, de Marcos Giralt Torrente. -El mundillo literario está en la novela. ¿El mundillo literario es un espectáculo en sí mismo? -Solo es mundillo, jamás llega a ser literario. -¿Es Kafka el gran homenajeado en ‘Canon de cámara oscura’? -No lo había pensado, pero ya que lo dices me temo que es imposible que no lo sea. El otro día, estuve en un coloquio interminable sobre la Verdad, el tema era la búsqueda de lo verdadero y, como digo, se eternizó y me puse nervioso y todo el rato tenía la tentación de interrumpirles y decir: “¡Basta! Sabed que ya Kafka nos dijo que la verdad es indivisible y que por eso no puede conocerse a sí misma y que quien quiera conocerla, tendrá que reconocer que ha dado con una media mentira, o una mentira total, jamás con la verdad absoluta porque esta es indivisible y para observarla o “conocerla”, tendríamos que separarnos de ella, creando una división entre el sujeto y el objeto que rompería su esencia. -En ‘Canon de cámara oscura’ Escabia forja su discurso literario en base a 71 libros escogidos de lo que le dejó Altobelli. ¿Cuál te gustaría recomendar a tus lectores? -Entre otros, el diario de Julio Ramón Ribeyro, ‘La tentación del fracaso’, lleno de fragmentos que siempre me han perseguido; alguno de ellos está en mi ‘Canon’. -¿La literatura y el arte son los refugios que nos quedan? El final de la novela es premonitorio. -Bueno, no sé si es premonitorio, pero de que la Amenaza sigue ahí no tengo ninguna duda; -Desde que, en el invierno del 78, leí ‘Tristram Shandy’, en cada novela escribo contra una idea u otra, ideas ya establecidas, no discutidas. Y eso fue porque creí ver que Laurence Sterne parodiaba las estructuras narrativas en boga durante el siglo XVIII y en cierta forma, casi automáticamente -de ahí vendría la posible sensación de libertad que creo que se desprende de mi inventiva-, me puse a hacer lo mismo con los grandes dogmas de los siglos XIX. y XX. “Canon de cámara oscura”. Imagen: Difusión. -¿Te gusta o desagrada que digas que eres un autor metaliterario? -¡Pero qué manía con la “metaliteratura”! se ha precisado que es muy experimental, muy dialógica con la tradición literaria, por ejemplo; pero no se ha subrayado mucho que es muy crítica de su tiempo. -Sí. Mi ‘Canon’ es una crítica festiva de su tiempo y, por eso, es “intempestivo”, porque pienso que, como en su momento ya indica a Nietzsche, para ser realmente contemporáneo hay que ser ligeramente inactual. especial, porque estuve en el top 5 del Nobel, lo que me sentó bien, pero no por estar en él, sino porque esa posición logra que la gente lea a escritores como yo que de otra manera no leería. De pronto, un buen número de personas están diciéndote que podrías ganar el premio Nobel, y así ya no necesitas ganarlo -El ensayo es esencial en la composición de tu escritura, pero me gustaría saber si lo tenías presente cuando empezaste a escribir o descubriste su fuerza, ya como nervio permanente, a medida. que ibas escribiendo y publicando -Cuando empecé a escribir relatos en el cuartel militar de Melilla, ni intuí que un día me convertiría en un ensayista o, mejor dicho, en un autor de “ensayos narrativos” o como quieran llamarlos Descubrí en Sergio Pitol, en su libro ‘Nocturno de Bujara’, lo sencillo que era el trasvase de géneros. sin que se note, la prosa es ensayística. Pitol fue un pionero en esto y, como dijera Rodrigo Fresán, “fundó la literatura del siglo XXI”. -Conociste a Alfredo Bryce. ¿Qué recuerdo tienes de él y qué libro suyo te gustó? la sesión correspondiente, porque Bryce no paró de cautivar al público con tiernas y cómicas historias de “peruanos en París”. tan problemáticos era porque estaban conectados con las imágenes más antiguas que están acuñadas en nuestro mismo lenguaje.

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