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Monday, April 20, 2026

La Salada Grande de Madariaga: fábrica de matungos

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Sinceramente, no fue muy difícil buscar un espejo de agua que pudiera darnos pejerreyes grandes o muy grandes. Teníamos en carpeta una trilogía de lagunas donde habitualmente suele suceder y optamos por un clásico que, sin dudas, no nos dejaría pagando sino que nos daría crédito a cuenta. La laguna elegida fue Salada Grande de Madariaga, un pesquero donde los matungos se manifiestan a diario y es común ver pejerreyes que superan los 2 kg de peso real.  Este ámbito posee aproximadamente 6.000 hectáreas de superficie, con una profundidad que va de los 80 cm hasta los 3 o 4 m, con un fondo de barro y conchilla que predomina en casi toda su extensión. Su agua es salobre y se encuentra en el partido de Gral. Lavalle, a unos 300 km de la ciudad de Buenos Aires. También tiene como características principales costas con barrancas en suave declive, laberintos interminables de juncos y una zona central totalmente despejada. La idea estaba tomada y con un solo llamado a mi amigo Fernando Caletti la aventura ya estaba en marcha. Para la pesca de pejerrey en este lugar debemos contar con cañas telescópicas o de tramos entre 4 y 4,50 m de largo, reeles frontales medianos cargados con hilo multifilamento 0,14 o 0,16 mm, aunque también podemos cargarlos con nylon monofilamento de 0,25 mm. Hay pescadores que utilizan reeles de los denominados huevitos: son gustos y también sirven. Las líneas a utilizar pueden ser de boyas esféricas en un tamaño de 22 a 25 mm o las clásicas de tres boyas grandes, que podrían ser Criterio N.° 20, N.° 08, N.° 30, N.° 05, o las Cribal N.° 219, N.° 215, N.° 226, y así podríamos enumerar varias más. Como las cañas que utilizamos son largas, podemos armar nuestras líneas acorde a ese largo, para trabajar cómodos al momento de lanzar o de arrimar el pescado al bote. Casi siempre se utilizan líneas sin puntero impulsor; en caso de tener que usarlos se los agregamos a la línea ya confeccionada. Un ejemplo podría ser con una separación entre boyas de 1,60 m y terminar la línea con un microesmerillón para poder agregar el boyón impulsor. Del lado del alcahuete o pilotín dejamos 20 cm a la primera boya. En cuanto a las carnadas más utilizadas: mojarra viva, mojarra salada, filet fresco de dientudo o filet coloreado. Calentando motores El equipo lo teníamos todo preparado; sólo restaba poner día y hora para concretar nuestro relevamiento. Obviamente, no hubo mucho que esperar: sólo tratar de esquivar los calurosos días de verano que ya se estaban alternando con algunos más frescos. Los datos del tiempo nos dieron una señal para un día lunes y, al viajar solo desde Buenos Aires, comencé rápidamente a buscar pasaje en micro para llegar en tiempo y forma. Viajé cómodamente de noche y llegué a destino. Allí me esperaban Fernando y Alejandro Nobili, nuestros compañeros para esta salida. Era muy temprano, pero debíamos viajar unos kilómetros hasta la laguna. Llegados al lugar, nos esperaba Pepe, nuestro cuarto pescador, hijo de Agustín Sosa, concesionario de el Club de Pesca y Náutica. Este club se encuentra ubicado en la Ruta 74, Km 22, en Gral. Madariaga, con un predio de 3 hectáreas. Pepe vino todo producido y preparado para demostrarnos qué tan buen pescador es. Charlas y saludos habituales, para ir derechito al muelle a cargar todos los equipos al trucker que ya nos esperaba en el agua. El día se presentó muy, pero muy ventoso y, a marcha lenta, rumbeamos en primera instancia hacia la zona de Los Laberintos, donde ya había algunos botes pescando, por lo cual llegamos a la zona manipulando el botador para no hacer ruido. En esta laguna el pejerrey suele moverse en cardúmenes y esta oportunidad no fue la excepción: había mucha cantidad de peces delante de los botes, cosa que hizo fácil la pesca. Nos acomodamos los cuatro aficionados en el trucker y, tiro a tiro, logramos pejerreyes entre 35 cm a 40 cm; una fiesta, pero nosotros íbamos en busca de los grandes, de esos que no hace falta mentir. Salimos de ese lugar y nos marchamos hacia el centro del espejo, antes de la zona de Melón Gil. Como dijimos anteriormente, el viento se hacía sentir y la forma de pesca era contragarete: en vez de tirar nuestro aparejo contra el viento, lo hacíamos a favor. Eso hacía que el bote se acercara rápidamente a la línea, por lo cual debíamos estar siempre trabajándola para estar en contacto pleno al momento de clavar. Los piques fueron más espaciados, pero los portes aumentaron considerablemente: logramos pejerreyes superiores al kilogramo de peso, varios. Es muy simpático ver a veces el pique y olvidarse de tensar nuestra madre del reel, lo que lleva a hacer clavadas en falso y vociferar al aire algunas palabras irreproducibles en este texto. Cambio de modalidad Ale, en proa, estaba atento como un perro pointer ante cualquier movimiento; nuestro pequeño pescador –Pepe- hacía lo mismo pero en popa, y en la parte central, junto a Fernando, teníamos lo nuestro. La pesca era fabulosa. Por las inclemencias del viento decidimos ir al reparo y nos arrimamos a la costa, intentando la actvidad anclados entre unos juncales. Encarnamos nuevamente nuestros anzuelos y líneas al agua. Primero le tocó a Fer, mientras su boya Criterio N° 7, con formato palito desparejo, se paró y deslizó suavemente hacia la derecha: cerró el pick up del reel y cañazo certero; hermoso pejerrey de unos 50 cm. Yo había cambiado el aparejo, y optado por unas boyas chupetonas Cribal blancas N° 220 que anteriormente me habían dado un pescado que superó los 50 cm. No era todo tan rápido como al principio, pero los piques eran de buenos pescados. Relevado este lugar, nos fuimos a otro clásico: La Plateada, cruzando toda la laguna y con un difícil acceso si no se lo conoce. Entramos por una pasarela de juncos y, recostados sobre unos pastos emergentes, hacíamos unos tiros de 20 m aproximadamente, dejando las líneas bien pegadas a la pared de juncos. ¡Ah! Hay mucho pique de dientudo también: hay que aguantársela y guardar algunos para carnada fresca. La pesca siguió con pejerreyes muy combativos, aunque un poquito mezclados, de 35 cm hasta 54, que fue el más grande de la jornada. Nos quedaban dos lugares por recorrer: Los Callejones de Urrutia, donde hicimos el ingreso sólo a botador mientras veíamos un gran cardumen moviéndose entre los juncales; un placer. Atamos el bote a una rama seca pero confiable, y con tiros muy cortos comenzamos a pinchar un pejerrey tras otro, logrando varios dobletes. Hacíamos todo lo posible para desanzuelar el pescado y devolverlo con vida al agua: picaron demasiados y pescamos muchos. El último lugarcito fue un sector muy cercano al muelle de embarque del club. Aquí se pesca desde la laguna hacia la costa, que al momento de este relevamiento tenía  unos 60 a 70 cm de profundidad. Nos quedaban muy pocas mojarras vivas y pocas ganas de seguir haciendo filet, así que nos rebuscamos con lo que teníamos y no fallamos. Nuevamente, parecía que las líneas caían con pique: tremendo. Todo pejerrey parejito, 40, 42 cm y muy peleador. Nos faltaron recorrer algunos sectores, pero regresamos más que satisfechos con la pesca realizada en una laguna que es emblema para el pescador de pejerrey. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.

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