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Wednesday, May 13, 2026

Fernando Tarapow, defensor argentino de la Antártida y el Ártico, nominado a la prestigiosa Medalla Shackleton

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La historia de vida de Fernando Tarapow parece combinar varias en una. Marino de la Armada Argentina durante más de cuatro décadas, abogado tras 20 años de estudio, profesor universitario y ahora guía de expediciones antárticas, se convirtió ahora en el primer argentino nominado a la Medalla Shackleton, el prestigioso galardón internacional que reconoce a quienes trabajan en la defensa ambiental de los polos. El premio lleva el nombre de Sir Ernest Shackleton, uno de los exploradores más emblemáticos de la historia polar. Entre 1914 y 1917 dirigió la legendaria expedición Endurance, que quedó atrapada en el hielo antártico. Después de un viaje extremo, Shackleton logró rescatar con vida a los 28 miembros de su expedición, un episodio que lo convirtió en un símbolo de liderazgo y supervivencia. Cien años después de su muerte, en 2022, la Fundación Shackleton creó la Medalla Shackleton para mantener vivo el legado y reconocer a científicos, exploradores, abogados, comunicadores y activistas comprometidos con la protección de los polos. Fue en ese contexto que surgió el nombre de Tarapow. Su candidatura surgió a través de un colega irlandés que había compartido expediciones con él y observado de cerca su trabajo. “Ella vio todo el trabajo que vengo haciendo, mi preocupación por el calentamiento global, los microplásticos y la conservación de pingüinos y ballenas”, relata Tarapow en entrevista con Perfil. El argentino ya superó la primera etapa de selección y ahora forma parte de la llamada “lista larga”, una lista preliminar de la que luego el jurado seleccionará la “lista corta” final. Aunque todavía quedan varias etapas por recorrer, la nominación por sí sola ya representa un momento histórico para Argentina. “No soy nadie, sólo un guía más. Lo único que hago es poner toda mi pasión en lo que hago”, dice Tarapow con humildad. Tarapow, nominado por su continuo compromiso con la educación ambiental y la protección de la Antártida, trabaja como guía en expediciones de cruceros polares e insiste en que cada viaje es también una misión de enseñanza. “Nunca pierdo la oportunidad de compartir mi pasión por la Antártida”, explica, añadiendo una frase más que resume su filosofía: “No basta con conocer para proteger; hay que amarla para protegerla”. Esa conexión emocional con el Continente Blanco comenzó hace años, cuando aún era capitán de la Armada. Tarapow recuerda que en su último día en la Antártida como comandante de la Armada en Puerto Deseado, sintió que algo dentro de él había quedado inconcluso. “Tenía fotos con pingüinos, pero el pingüino era solo un pájaro. Sentí que tenía que regresar porque no había logrado conectarme con la Antártida”, dice, y describe la sensación como similar a llegar a un aeropuerto y darse cuenta de que se ha olvidado algo importante. A partir de ahí comenzó un viaje inesperado. Había estudiado Derecho por primera vez mientras aún estaba en el mar. Fueron necesarias dos décadas de asistir a clases de forma intermitente, entre viajes y responsabilidades familiares. “Después de todo, las dificultades son simplemente cosas que hay que superar”, recuerda, citando una de las frases favoritas de Shackleton. Finalmente se graduó en 2016 y rápidamente se especializó en derecho internacional y derecho antártico. Desde 2019 imparte docencia sobre el Atlántico Sur y la Antártida, cubriendo temas como la soberanía, la plataforma continental, las áreas marinas protegidas y la legislación polar. Poco después surgió la oportunidad de convertirse en guía antártico. Una empresa internacional buscaba candidatos con experiencia en el Continente Blanco, conocimientos académicos y habilidades de navegación. Tarapow cumplió los tres requisitos. “Soy el único guía que también es profesor de derecho antártico”, explicó. Desde entonces, ha completado cuatro temporadas completas en expediciones polares, trabajando entre noviembre y marzo en algunas de las localizaciones más extremas del planeta. Fue durante uno de esos viajes, frente a la tumba de Shackleton en Grytviken, Georgia del Sur, que comenzó el camino que lo lleva ahora nominado al premio internacional. Para Tarapow, la nominación va más allá del reconocimiento personal. “La verdadera medalla no es la medalla que te dan. La verdadera medalla es que la Antártida sigue siendo un lugar de paz y protección ambiental”, afirma. La emoción todavía está dentro de él. Se compara con un futbolista convocado por primera vez con la selección. “El solo hecho de estar entre los 30 es una alegría enorme”, afirma riendo durante toda la entrevista. Sin embargo, detrás de la alegría se esconde una idea más profunda. “Me siento como un Don Quijote polar”, confiesa. Inmediatamente explica el significado: “Un idealista que lucha con todo su amor por la protección de la Antártida”. El jurado internacional aún debe decidir quiénes formarán la lista final de candidatos, pero Tarapow continúa haciendo el trabajo que lo llevó a los extremos: embarcarse en expediciones, enseñar y transmitir un mensaje que considera urgente en tiempos de crisis climática global. Porque, como insiste, defender la Antártida ya no es sólo una causa científica o geopolítica. También es una responsabilidad humana.

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