El mundo moderno se encuentra en un punto de inflexión. Hoy en día, las naciones se enfrentan no sólo a amenazas convencionales a la seguridad, sino también a una ideología de terror que no reconoce fronteras, ni fe, ni humanidad. Desde el sur de Asia hasta América Latina, desde Europa hasta el Medio Oriente, el terrorismo ha dejado atrás familias destrozadas, sociedades heridas y memorias nacionales marcadas. Por lo tanto, es imperativo que las democracias hablen con una sola voz y actúen con claridad moral contra esta amenaza. Durante décadas, la India ha soportado el dolor del terrorismo transfronterizo, desde Mumbai hasta Pulwama, desde el Parlamento hasta Pahalgam. El bárbaro ataque de 2025 en Pahalgam, en el que civiles inocentes fueron asesinados tras ser identificados por su religión, no fue simplemente un asalto a la soberanía de la India; fue un ataque a los ideales del pluralismo, la convivencia y la humanidad misma. En respuesta, la India lanzó la Operación SINDOOR, una operación calibrada y precisa dirigida exclusivamente a la infraestructura terrorista responsable de orquestar la violencia contra los ciudadanos indios. India no atacó a civiles. India no buscó una escalada. Las acciones de la India estaban dirigidas únicamente contra la infraestructura terrorista que durante mucho tiempo había operado impunemente al otro lado de la frontera. Las Fuerzas Armadas de la India actuaron con profesionalismo y precisión, atacando infraestructuras terroristas identificadas y evitando conscientemente causar daños a civiles. La operación fue concebida como una respuesta calibrada y basada en inteligencia. Los informes oficiales dejaron inequívocamente claro que el objetivo se limitaba a desmantelar los campamentos terroristas y las plataformas de lanzamiento, ejerciendo moderación para evitar daños colaterales. La posición de la India también fue transparente ante la comunidad internacional: la respuesta fue centrada, no escalada y destinada a neutralizar las capacidades terroristas, no a infligir sufrimiento a la gente corriente. La conducta de la India refleja el espíritu de una democracia responsable. Incluso en medio de la provocación, la ética operativa siguió siendo fundamental. Los objetivos eran instalaciones terroristas y centros de mando asociados con organizaciones internacionalmente proscritas. Se evitaron deliberadamente las zonas civiles y de no combatientes. Esta distinción es vital, porque en el discurso global sobre la lucha contra el terrorismo, las democracias deben seguir defendiendo los principios de proporcionalidad, precisión y rendición de cuentas. Lamentablemente, el mundo ha oscilado con demasiada frecuencia entre la indignación tras los ataques terroristas y la indiferencia una vez que los titulares se desvanecen. No se debe esperar que ninguna nación absorba repetidos actos de terrorismo mientras ejerce una moderación infinita. El terrorismo no puede justificarse, contextualizarse ni idealizarse bajo ningún pretexto político. La comunidad internacional debe rechazar decididamente la peligrosa tendencia a separar a los terroristas de quienes los protegen, los financian o los alientan. Hoy es urgente nuestra responsabilidad compartida de combatir el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones. Argentina comprende profundamente esta realidad. El pueblo argentino guarda dolorosos recuerdos del bombardeo de 1992 a la embajada de Israel en Buenos Aires y del ataque de 1994 al centro comunitario judío AMIA. Esos ataques bárbaros no fueron simplemente ataques a la Argentina; eran ataques a la humanidad misma. Dejaron una lección duradera de que el terrorismo no respeta ni la geografía ni la ideología. India empatiza profundamente con el sufrimiento de Argentina porque también ha soportado décadas de terrorismo transfronterizo dirigido contra sus ciudadanos. Hoy, India y Argentina están unidas no sólo por lazos estratégicos cada vez mayores y valores democráticos, sino también por una convicción compartida de que el terrorismo nunca debe normalizarse, excusarse o condenarse selectivamente. Me complace señalar que Argentina condenó de inmediato el bárbaro ataque terrorista de Pahalgam. Durante su visita a Argentina, nuestro Honorable Primer Ministro Narendra Modi agradeció a Su Excelencia el Presidente Javier Milei por este gesto. La comunidad internacional no puede permitirse la ambigüedad al enfrentar ideologías de odio y violencia. Ambos países reconocen que la cooperación internacional y una firme determinación política son indispensables para derrotar al terrorismo. La cuestión más importante que hoy enfrenta el mundo es si las naciones enfrentarán colectivamente el terrorismo con coherencia y convicción, o si los cálculos geopolíticos seguirán diluyendo la rendición de cuentas. Las democracias no pueden permitirse el lujo de la ambigüedad. Cada vez que se tolera, ignora o explota estratégicamente el terrorismo, la paz mundial se vuelve más frágil. El mensaje de la India es simple y basado en principios. Una nación tiene el derecho soberano y el deber solemne de proteger a sus ciudadanos contra el terrorismo. Al mismo tiempo, esa acción debe seguir anclada en el derecho internacional y la responsabilidad humanitaria. La operación SINDOOR demostró que es posible ser firme sin ser imprudente, decidido sin ser indiscriminado. India y Argentina, a pesar de estar separadas por océanos y continentes, están unidas por valores democráticos y por la convicción compartida de que el terrorismo es un ataque a la civilización misma. En esta lucha común, el silencio no es neutralidad; es aquiescencia. Por lo tanto, el mundo debe permanecer unido, no sólo para condenar el terrorismo después de que ocurren tragedias, sino también para garantizar que las redes terroristas, las infraestructuras y sus patrocinadores no encuentren refugio en ninguna parte. Para que prevalezca la humanidad, el terrorismo debe dejar de ser tolerado como instrumento de política. Ha llegado el momento de que la comunidad internacional arroje al terrorismo por la borda, de una vez por todas. por Ajaneesh Kumar, Embajador de la India en Argentina y Uruguay




