Por: Rafael Uzcátegui De todos los líderes sociales y políticos que salieron de Venezuela por la represión posterior al 28K, el que más me afectó fue el exilio de Nelson Freitez y Yonaide Sánchez, una pareja de profesores universitarios y defensores de derechos humanos que habían hecho de la “guaritud”, un profundo y amoroso arraigo en el estado Lara, un modo de vida. Hace una semana, Nelson fallecería en Irlanda, dejando un vacío no solo en la región centroccidental, sino en toda Venezuela. En los movimientos sociales siempre repetimos que no hay nadie imprescindible, que los valores compartidos harán que la ausencia de unos sea sustituida por la presencia de otros. Pero si bien las organizaciones pudieron perdurar, no así las personas, que les imprimen un estilo particular como consecuencia de sus características personales. Nelson Freitez Amaro nació en 1954, siendo parte de la generación que creció en democracia. Paralelamente a su participación en el Movimiento al Socialismo (MAS), se graduó como sociólogo en 1978 en la Universidad Central de Venezuela (UCV), tras lo cual regresó a Barquisimeto para iniciar un largo trabajo comunitario en la entidad. Un tejedor de vínculos Nelson repetía que “había que saber pasar la pelota”, una frase con la que resumía la importancia que le daba al trabajo asociativo desde la base. Luego de su vuelta a la capital musical del país, trabajó en la Fundación para el Desarrollo de Centrooccidente (Fudeco) y participó en el Colectivo Formación Popular. Luego comenzaría su carrera como profesor universitario en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, donde mezcló la generación de conocimiento con el trabajo comunitario. Es así como genera un vínculo entre la universidad y una de las experiencias cooperativas más importantes del país: Cecosesola. Para institucionalizar este esfuerzo, es uno de los animadores de la creación de la Cátedra Libre de Derechos Humanos, a partir de la cual realiza una importante labor de documentación de la represión en la región durante los ciclos de protesta de los años 2014 y 2017. Por su convencimiento de los tejidos, Freitez era la bisagra que unía y vinculaba diferentes luchas en el estado Lara. A comienzos de los 2000 acompañó a las diferentes comunidades que denunciaban el abuso policial, siendo un asesor clave en la conformación del “Comité de Víctimas contra la Impunidad” (Covicil), una organización popular que visibilizó los desmanes de los cuerpos policiales con la tolerancia de las autoridades regionales. De manera cercana, fue uno de los sostenes de la lucha de Víctor Martínez, a raíz del asesinato de su hijo Mijaíl; de la actuación del Comité de Jubilados y Pensionados en la entidad; de los comités de pacientes oncológicos y por el derecho al agua. También fue uno de los asesores de Funpaz (Asociación Fuerza Civil, Unión, Justicia, Solidaridad y Paz), una organización de víctimas de la represión del año 2014. Freitez también proyectó su vocación asociativa a nivel nacional. Fue parte de la asamblea de la ONG Provea y participó, de manera entusiasta, en la red nacional informal de defensores, la cual realizó encuentros durante varios años consecutivos. En su mezcla de intelectual y activista, teorizaba permanentemente sobre la identidad de los defensores de los derechos humanos venezolanos y cómo debían mantener ese sentido de pertenencia colectiva. También era parte del Centro Gumilla, con colaboraciones permanentes para su revista SIC. Un guaro de pura cepa Hasta que fue obligado a salir, la pareja había decidido sembrar sus frutos en Barquisimeto. Nelson reflexionaba permanentemente sobre la idiosincrasia del larense. El sentido del esfuerzo de los barquisimetanos, al no ser una región petrolera, fue intuido a partir de su crecimiento en los alrededores del Mercado El Manteco de la ciudad. El significado de la Divina Pastora y de su procesión cada 14 de enero, el lugar de la madre, la reivindicación de la “cayapa” como acción comunitaria y la sociabilidad de los guaros eran parte de sus permanentes inquietudes reflexivas. Uno de sus libros es El cooperativismo larense: surgimiento y desarrollo en cinco décadas, publicado por el Centro Gumilla en el año 2018. El exilio Por su compromiso con los derechos humanos, la pareja Freitez-Sánchez fue objeto de diferentes actos de intimidación y amenazas. En noviembre de 2016 su vivienda fue robada por primera vez, incluyendo computadoras y documentos. En abril de 2017 fueron víctimas de una segunda incursión. En una tercera oportunidad, apenas un mes después, los intrusos revolvieron toda la casa y dejaron sobre el comedor un mensaje claramente intimidatorio: una piqueta y dos cuchillos. Aquello era una respuesta a la denuncia pública sobre la responsabilidad del comandante de la Zona Operativa de Defensa Integral de Lara (ZODI-Lara), José Rafael Torrealba, por el uso excesivo de la fuerza y las detenciones arbitrarias durante las movilizaciones. Durante los comicios regionales de 2021, Yonaide Sánchez y Nelson Freitez fueron fotografiados y amenazados por simpatizantes del oficialismo cuando realizaban trabajo de observación electoral. Aquello era una evidencia más de que el trabajo social de la pareja se mantenía bajo el radar de las autoridades. Luego del fraude electoral del 28J y del inicio de una dura represión que fue calificada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como terrorismo de Estado, Nelson y Yonaide tomaron la decisión de sumarse al centenario de periodistas, sindicalistas, luchadores comunitarios y defensores de derechos humanos que salieron al exilio de manera forzada. La salida forzada de Nelson no fue únicamente la pérdida de un defensor de derechos humanos para Lara. Fue la interrupción de una forma de hacer política y ciudadanía: lenta, asociativa, comunitaria y arraigada. Su exilio fue también el destierro de una manera de tejer país. La gratitud Oriundo de Mérida, crecí en Barquisimeto hasta el año 1994, cuando me traslado a Caracas en la búsqueda de nuevos horizontes. Cada vez que regresaba, Nelson y Yonaide me mostraban la ciudad que había dejado atrás. El profesor, medio en broma y medio en serio, decía que los guaros siempre volvían al terruño. Hoy creo que aquello era una campaña para preparar un eventual regreso, porque escucharlo hablar sobre todo aquello era la amenaza de enamorarse perdidamente. Nelson renovaba mi guaritud con empanadas de maíz pelao, o con las visitas al sitio donde habían inventado la empanada de pabellón, el restaurante chino de El Manteco y el comedor de comida caroreña en Santa Rosa. Nos agasajaba con unas acemitas tocuyanas increíbles o un cocuy de campeonato. Nos guió al hospital cooperativo de Cecosesola, al Colegio de Abogados ya cualquier lugar donde estuviera recreándose el espíritu asociativo y de creación cultural de Amabilis Cordero. Hicimos presentaciones de libros e informes, inventamos un encuentro de protesta creativa y no violenta y ayudamos en la edificación de un monumento a las víctimas contra la impunidad, en pleno corazón de Santa Rosa. Cada vez que regresaba a la ciudad en funciones de derechos humanos, Nelson y sus contactos hacían posibles entrevistas en emisoras regionales de radio y televisión. Poco de eso hubiera sido posible si no hubiera estado allí, siendo la persona que era. Terminamos siendo la suma de personas que nos influencian, para bien y para mal. Yo quiero ser todo lo que Nelson era: un intelectual comprometido, un activista incansable, un íntegro defensor de derechos humanos, un amigo fiel pero, sobre todo, una gran persona. Soy lo que soy porque tuve la gran fortuna de tener a Nelson Freitez en mi vida. En la oralidad larense hay un personaje llamado “Guachirongo”, un personaje excéntrico descrito por Julio Garmendia en La tuna de oro. El escritor cuenta cómo el personaje termina viviendo —y quizás muriendo— entre las nubes coloradas de los crepúsculos, entre los naranjas, rojos, rosados, violetas y azules profundos que engalanan el cielo de Barquisimeto en cada atardecer. Así me imagino a Nelson Freitez ahora, risueño y con su gran vozarrón, bailando boleros con el amor de su vida, Yonaide, en los crepúsculos que tanto amó. @fanzinero



