Antonia Villa Navarro, influencer y fundadora de AntoEcom, forma parte de un cambio generacional que los datos ya registran: cada vez más jóvenes en América Latina eligen construir algo propio antes que esperar que alguien les abra una puerta. “Estaba viendo cómo las personas más trabajadoras de mi entorno seguían esperando algo que nunca llegaba”, manifiesta. Lo dice así, sin rodeos. Y lo que viene después tampoco tiene mucho adorno: encontró internet, vio que había gente construyendo negocios reales desde una pantalla sin pedir permiso y decidió entrar. No lo vio como un ataque. Lo vio como una puerta que la mayoría ni sabía que existía. Eso fue al principio. Sin experiencia técnica, sin red de contactos, sin nadie cerca que hubiera hecho algo parecido. En redes hoy la conocen como AntoEcom, donde lleva cuatro años construyendo una comunidad hispanohablante sobre negocios por internet y compartiendo lo que aprendió en ese proceso, con lo que costó incluido. Lo que describe no es una historia de excepción. Un análisis del Foro Económico Mundial publicado en 2025 sobre el futuro del trabajo en economías emergentes documentó que los jóvenes de entre 18 y 30 años en América Latina muestran la mayor tasa histórica de preferencia por el trabajo independiente sobre el empleo formal. No por falta de opciones, sino por elección. Lo que antes requería capital y años de trayectoria hoy se puede construir desde una pantalla, a cualquier edad y desde cualquier ciudad. Eso no eliminó la dificultad. Cambie dónde está la puerta. Cuando Villa Navarro habla de por qué empezó, la respuesta no tiene nada de inspirador en el sentido fácil del término. No habla de pasión ni de sueños. Habla de lógica. “No lo rechacé por rebeldía, lo rechacé porque no tenía sentido”, dice. El modelo que le ofrecía su entorno prometía seguridad a cambio de espera. Y la espera, mirando a su alrededor, no siempre entregaba lo que prometía. Tomar esa decisión sin nadie cerca que hubiera recorrido ese camino antes tiene un costo que no siempre se menciona. Sin referentes, sin red, sin que nadie le dijera si iba bien o mal, la fundadora de AntoEcom pasó por ese tramo. No lo dramatiza. Lo describirá con la misma precisión que describiría cualquier otra decisión de negocio. Empezó aprendiendo mientras hacía. Sin antes. “El conocimiento técnico llega solo cuando tienes piel en el juego. Antes de eso, es teoría”, dice Antonia Villa Navarro. Y esa secuencia, primero actuar y después entender, es exactamente lo que más le cuesta transmitir a quien está en sus primeros pasos. Porque la tentación es la contraria: preparar un poco más, esperar tener todo claro, estudiar otro curso antes de arrancar. Lo que aprendió en cuatro años es que ese ciclo puede durar indefinidamente si uno no lo interrumpe. Lo que Antonia Villa Navarro repite cuando alguien le pregunta por dónde empezar no es una táctica. Es una pregunta. “La pregunta no es cómo genero dinero rápido. La pregunta es para qué quiero el dinero, qué tipo de vida quiero tener y qué soy capaz de sostener en el tiempo”, dice. Construir algo propio sin saber para qué se construye produce lo que ella describe haber visto en otros: negocios que funcionan, pero que a los dos años agotan a quien los fundó. No porque hayan fallado. Porque construyeron sin preguntarse primero qué querían sostener. La generación que decidió no buscar empleo, sino crearlo, todavía está aprendiendo esa diferencia. Antonia Villa Navarro lleva cuatro años dentro de ese aprendizaje. Y sigue haciendo.




