Ya es vox populi que diversas encuestas de opinión vienen mostrando una fuerte caída en los índices de aprobación y de imagen del presidente Javier Milei desde principios de año. Los últimos sondeos situaban a Milei entre el 35% y el 40% de aprobación, mientras que los índices de desaprobación aumentaron del 51% al 63%. Son cifras que representan los peores resultados de su mandato, que incluso lo ubican en el puesto 14 de 18 líderes latinoamericanos en el ranking de CB Global Data de fines de abril. Según la visión de los politólogos la gravedad del problema se evidencia en las encuestas realizadas en su bastión provincial de Córdoba, donde obtuvo el 74% de los votos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2023, y hoy cuenta con un 53,4% de desaprobación y una imagen negativa del 59,7%. ¿Qué hay detrás de todo esto?, se preguntan en el exterior. Milei Trump Casa Blanca Milei en la Casa Blanca con Trump. Para muchos observadores y analistas el descenso de Milei se explica por dos factores que operan de forma conjunta, la desigual recuperación económica y el caso Adorni. En primer lugar, sostienen que la recuperación económica ha sido cada vez más desigual este año, con la inflación y el desempleo presionando, lo que agrava la tensión derivada de la agenda de reformas: Los trabajadores urbanos y suburbanos de la industria manufacturera, la construcción, el comercio minorista y los servicios se ven afectados, mientras que los sectores energético y minero en las zonas rurales disfrutan de un auge de la inversión y la actividad. Incluso, destacan que el sector agrícola, en pleno a auge exportador, está altamente mecanizado y requiere una gran inversión de capital, lo que impacta en el empleo. En segundo lugar, consideran la defensa vehemente y políticamente inoportuna de Milei para con el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, envuelto en escándalos y denuncias de enriquecimiento ilícito: Explican que el Presidente optó por atacar a los medios mientras respalda la postura de Adorni con tal fervor -y sin exigirle responsabilidades ni pruebas de inocencia- que el caso Adorni ha eclipsado la estrategia de comunicación de la presidencia durante estos meses de dificultades económicas y desorientación para muchos en el país. Por ende, la combinación de estos dos factores ha provocado que gran parte del país vea a Milei dedicar toda su energía a proteger a su inexplicablemente pudiente Jefe de Gabinete, mientras la gente lucha por llegar a fin de mes. Además, destacan el hecho de que Milei defienda con tanto ahínco el tipo de comportamiento que dedicó toda su carrera a criticar con gran éxito político ha empañado su imagen de antisistema. En este contexto, la tensión política dentro del propio Gobierno es insoslayable y mencionan el caso de la senadora Patricia Bullrich, líder del bloque oficialista del Senado, quien exigió en una entrevista que Adorni publicara una declaración jurada de sus bienes para dar por zanjado el asunto, tanto para él como para el gobierno. Lo que provocó la reacción del propio Milei quien la acusó de “espoilear” a Adorni quien iba a hacer un inminente anuncio al respecto. Sin embargo, aún la ansiada DDJJ no ha visto la luz. Mientras el Presidente siguió arremetiendo contra los “mentirosos” que revelan detalles de las actividades financieras de Adorni y contra los “ladrones” de los medios de comunicación que los han publicado. Con tanta atención centrada en esta interminable disputa política, poco se ha hablado sobre la inflación o cuándo se espera que la recuperación llegue a los sectores manufacturero, de la construcción y minorista, que se sienten rezagados. Milei bajo la lupa de analistas internacionales Esto es, en líneas generales, la lectura de los hechos y su evolución desde el exterior, o sea, cómo ven la coyuntura argentina. Ahora bien, ¿qué opinan? Según un informe de un experto de una de las consultoras globales más influyentes y especializada en comunicación, con grandes nexos en la región, DCI Group, los problemas económicos específicos a los que se enfrenta Milei no son del todo inesperados, porque siempre iban a ser su talón de Aquiles. Veamos cómo lo ven desde Washington. Milei advirtió al país que las reformas estructurales y necesarias que implementaría implicarían una transición dolorosa hacia la prosperidad. La mayoría podía prever que las materias primas serían las primeras en experimentar el auge, y que el resto de la economía sufriría un retraso. Por lo tanto, Milei debería haber tenido una estrategia de comunicación bien definida desde hace tiempo para este período de transición. Esta estrategia debería centrarse en una comunicación diaria de solidaridad política con los trabajadores y las familias afectadas en las provincias que le brindaron un apoyo tan abrumador en 2023, y con quienes lo respaldaron en las elecciones legislativas de mitad de mandato del año pasado. La atención y el optimismo tranquilizador sobre el rumbo de la economía debían estar presentes en todo momento. En cambio, todo ha girado en torno a Adorni. Si es cierto que los medios de comunicación han estado avivando la polémica, entonces Milei les ha hecho el juego. El conflicto airado en defensa de la aparente corrupción no era algo que nadie esperara en este momento del mandato de Milei, especialmente aquellos que depositaron su confianza en él tras décadas de este tipo de comportamiento por parte de los peronistas. Esto ha desconcertado y frustrado profundamente a muchos argentinos que anhelan reformas y desean que el país se libere de su crónica esclerosis económica y su locura política. En un aparente intento por vincular a Adorni con buenas noticias económicas cuando se presentan y mejorar su imagen, Milei lo envía constantemente a inaugurar nuevas fábricas o a participar en anuncios económicos. Una y otra vez, Adorni recibe duras críticas, abucheos e incluso protestas, lo que se convierte en oportunidad para lanzar ataques intimidatorios contra los medios y sus críticos. Esto revela una desconexión fundamental sobre cómo reorientar el debate público en torno a los temas que más importan a los votantes. Despedir a Adorni y apartarlo de todo lo relacionado con el Presidente y su círculo íntimo habría sido mucho más sensato, pero ya es demasiado tarde. Si Milei no va a exigirle responsabilidades a Adorni, entonces el Jefe de Gabinete debería estar encerrado en la Casa Rosada y no volver a ser visto en meses. Milei debería estar presente en cada inauguración de fábrica, supermercado o centro de transporte para exportaciones. Dondequiera que haya buenas noticias o un impulso que se deba dar, Milei debería estar haciéndolo. Debería estar hablando sobre cuándo y cómo la recuperación llegará a todos, y decir “¿Adorni quién?” cada vez que le pregunten por él, como si nunca hubiera tenido un Jefe de Gabinete. Milei debería despertarse, desayunar, almorzar, tomar café y cenar pensando y hablando únicamente de los votantes que esperan la recuperación en su región. Si eso ocurriera en lugar del interminable debate sobre Adorni, sus niveles de aprobación e imagen no estarían tan bajos. Tiene tiempo para cambiar de rumbo, al igual que la economía, pero Milei necesita comprender que toda esta responsabilidad recae sobre él como principal comunicador estratégico de su proyecto. Bien vale recordar la última visión del fallecido legendario inversor Mark Mobius sobre Argentina y del experimento libertario que brindó tras la que sería su última visita al país a fines del año pasado: “La terapia de choque de Milei se enfrenta a la misma trampa de credibilidad de sus antecesores. El paquete de reformas libertario, que incluye desregulación, recortes de subsidios y liberalización comercial, se enfrenta a un Congreso hostil y a una opinión pública cansada. La resistencia social a los recortes del gasto crece, y los salarios reales siguen cayendo. Los mercados reaccionan a cada encabezado. Un comentario del FMI impulsa el Merval; un revés político lo desploma. Es un paraíso para los operadores y una pesadilla para los inversores a largo plazo. Mantenemos una visión positiva sobre los sectores que generan ingresos en dólares, como la energía, la agricultura y el litio, donde la demanda externa ofrece protección frente a la inestabilidad interna. Sin embargo, los activos en pesos siguen siendo invertibles más allá de los horizontes temporales cortos. Los bonos soberanos ofrecen mayor rentabilidad que convicción. El peso seguirá bajo presión, y las subas impulsadas por la liquidez deberían aprovecharse para reducir la exposición, no para aumentarla. Argentina siempre puede recuperarse, pero nunca se sostiene. Hasta que la credibilidad reemplace a la liquidez, la historia se repetirá”.
Qué ven en Washington sobre Javier Milei: las claves detrás de la caída de su imagen y el reto que enfrenta el Gobierno
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