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Wednesday, June 3, 2026

Diálogos de Wall Street: mercados confían en un pronto acuerdo con Irán, pero crecen dudas por el costo energético

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Periodista: ¿Se arruinaron las negociaciones por la paz en Irán? Israel las boicotea, pero Trump reacciona airado y choca con Netanyahu. Y ventila las diferencias públicamente. ¿Lo conseguirá disciplinar? ¿Se pueden volver a encarrilar las conversaciones después de este fortísimo pico de enfrentamientos? Gordon Gekko: La escalada de violencia es manifiesta. EEUU atacó sábado y domingo defensas aéreas y una estación de control terrestre iraníes. No es solo la ofensiva feroz de Israel en el Líbano. Irán, antes, había derribado a un dron estadounidense. Sin embargo, la tregua oficial no se rompió. Y Trump se ocupó de hacerlo notar. Israel acatará el cese de fuego en el Líbano, afirmó. Y dijo que contactó a Hezbolá, a través de intermediarios, y que su liderazgo adoptó el mismo compromiso. P.: El interés de Trump por finalizar el conflicto no se discute. Está moviendo cielo y tierra para lograrlo. G.G.: Desde la semana dos de la guerra, cuando le quedó claro que la idea del cambio de régimen era una quimera. P.: Si no lo consiguió hasta el momento, ¿por qué habría de tener éxito ahora? G.G.: Cuando la televisión iraní difunde un presunto borrador del memorándum de entendimiento en discusión corrobora que Teherán comparte la misma intención. Es la primera vez que los dos países transmiten en la misma longitud de onda. Cuando el presidente y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, aprietan a Omán y advierten que no tolerarán el cobro de peaje a cambio de rehabilitar el tránsito comercial por Ormuz están haciendo explícita referencia a dicho memorándum. P.: Están negando lo que señala el texto iraní. G.G.: Correcto. Nos están diciendo que no hay un acuerdo en ese punto; más todavía, que la cuestión es inaceptable. Pero confirman así que es un tema central de la negociación. P.: Usted dice que la negociación, esta vez, es en serio. Pero lo que se necesita es más que eso. La clave pasa por reabrir el estrecho de Ormuz, y que se restablezca el flujo físico de mercaderías. Hoy el tránsito es nulo. ¿Se podrá llegar a un acuerdo de paz que, además, sea operativo? La navegación por el Mar Rojo nunca recuperó el caudal de buques mercantes anterior a los ataques de los hutíes. G.G.: Existe la intención de las partes de acordar, que es lo que se acaba de manifestar. Y de la parte que no tiene intención, Israel, Trump se hará cargo para que no estorbe. Ese es el progreso importante. Un primer paso necesario, pero no suficiente. La explosión de violencia que se observa es una manera de recordar cuál es el costo de oportunidad de que las negociaciones se frustren. En rigor, que una tregua frágil como la que se pactó el 7 de abril siga en pie lo que refleja es que partes concuerdan en que la vía militar no les resultará ventajosa. Pero extender la tregua indefinidamente tiene también un costo muy elevado y ninguna ganancia esperada. Por qué no probar, en esas condiciones, con una solución diplomática que acabe con el entuerto. Y en eso están… P.: Irán controla el paso por Ormuz. EEUU exige que regrese la libre navegación que regía antes de la guerra. ¿Cómo se arregla ese punto? G.G.: Irán controla Ormuz. EEUU no quiso poner tropas en el terreno. Y aun si lo hiciera, cómo evitar que Irán haga imposible la navegación usando un módico presupuesto militar que financie ataques con drones, lanchas rápidas y minas submarinas a lo largo de un millar de kilómetros de costa. P.: Imposible. G.G.: Ormuz le da a Irán un leverage decisivo. Perdió la guerra, si se quiere. Pero ganará la negociación. No va a ceder la figurita difícil a cambio de nada. Y a Trump lo corre la urgencia. Dejó pasar mucho tiempo, los inventarios de petróleo y derivados están cayendo muy rápido. En dos o tres semanas más, según los directivos de Exxon y Chevron, se tornarán peligrosamente escasos. Y todos los modelos de las compañías vaticinan, en esas circunstancias, un salto de cotizaciones brutal. P.: Todo lo contrario a lo que se ve hoy en los mercados de energía. G.G.: Paradójicamente, porque los mercados dan el acuerdo de paz por hecho. La curva invertida de los futuros de energía apostó siempre a una solución relativamente rápida. Y los anuncios recientes, que muestran a EEUU y a Irán sentados a la mesa de negociación, y al secretario de Estado, Marco Rubio, muy activo junto con muchos otros países de la región que presionan por un arreglo pacífico, les dan más convicción todavía. Por eso los precios son los mismos que veíamos a principio de la guerra, cuando se pensaba que sería breve y acabaría en dos o tres semanas más. P.: Estamos sobre el filo de la navaja. G.G.: Con la Bolsa en récords, lejos de cualquier sospecha de una recesión al acecho. Y sumamos las últimas dos semanas una descompresión muy grande en los mercados de energía y de renta fija. Todo bajo la idea central de que Trump hará las concesiones necesarias para que se llegue a un acuerdo a tiempo, aunque sufra contratiempos y se demore más de un puñado de semanas. P.: Una hipótesis que puede fallar. G.G.: Por supuesto. Pero eso no está incorporado en los precios.

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