Arenas Verdes: todo por explorar

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A unos 520 km de Capital Federal, a poco más de 5 horas hacia el sudeste de la provincia de Buenos Aires, se encuentra la localidad balnearia de Arenas Verdes, cuya extensión de playa de unos casi 30 km se ofrece como una joya única y poco explorada para la pesca deportiva. Sus accidentes geográficos y el cambiante fondo marino permiten hacer una pormenorizada e interesante búsqueda de especies en toda la franja costera del partido de Lobería, cuyos límites comienzan pegados a Quequén (partido de Necochea) y se extienden hacia el norte hasta Centinela del Mar (General Alvarado). En el Kilómetro 108,5 de la Ruta Provincial 88, el ingreso es a través de un camino de tierra y tosca de unos 7 km de extensión. Y si bien no suele ser uno de los puntos más elegidos por los pescadores, aquellos que se aventuran a transitar sus difíciles y complicadas arenas podrán encontrar un sinfín de oportunidades, entre las que se destaca la pesca de dos variantes de pejerrey muy buscadas: el escardón y el panzón, que de acuerdo al calendario y, fundamentalmente a las condiciones del mar, vienen arrojando faenas muy ricas tanto en calidad como en cantidad. Cuna de panzones  Sin la popularidad de Bahía San Blas o el Balneario La Chiquita, Arenas Verdes ha demostrado estar a la altura de las circunstancias con la captura de ejemplares realmente buenos, aunque debe reconocerse que los últimos datos resuenan más por cantidad que por calidad. Pese a tener un fondo rocoso y bastante complicado para el enganche, entre los planchones se erigen muy buenos bancos de arena, como los cercanos al río Moro (también conocido como Moromar). El sector rindió muy bien a finales de verano e inicio de otoño y, conforme avanzó la estación, se fue afianzando hasta la baja abrupta de la temperatura del mar. Pero hay un dato clave y –a la vez– insoslayable: la calidad de agua. Para pescar panzones es necesario que esté algo movida en el fondo, turbia y con arena en suspensión. La especie se siente muy cómoda en ese ecosistema y en los parates de la marea suele mostrar la mayor actividad, dado que no es muy amante de los cambios bruscos. Un aparejo de fondo de tres o cuatro brazoladas de 60 cm, la última de ellas rastrera a unos 10 o 15 centímetros del rulero, son un pleno seguro cuando el pez está al acecho. Se puede utilizar un anzuelo número 3 (permite agarrar grandes y no tanto) y la carnada no tiene secretos: camarón con tiritas de magrú, ceba y pescar. Los lances no deben ser demasiado largos, aunque durante la bajamar se corre el riesgo de perder la referencia del banco (o que se quede sin profundidad), lo que obliga a buscar resultados un poco más adentro. Es importante remarcar que las características del suelo también son propicias, dado que es de arena entremezclada con piedras, caracoles y diferentes sedimentos que contribuyen a la permanencia de microorganismos ideales para su alimentación. Sabido es que, al panzón, le encanta husmear en ese fondo turbulento. Escardones de los buenos La principal particularidad del balneario es que, en la misma zona o cancha, las condiciones climáticas y de mar cambian completamente la ecuación. Con agua limpia, aparecieron escardones de un porte extraordinario, superiores en calidad a muchos de los que salen en Mar del Plata, Miramar o el propio Centinela. A diferencia del panzón, el tamaño es mucho más parejo, y aquí además ofrece una pelea mucho más activa, no tanto en potencia, pero sí en electricidad. Y si bien no predomina en gran cantidad, han salido unos matungos muy buenos que redondearon faenas muy interesantes. En el aparejo entra en juego un elemento fundamental: la boya. Preferentemente esférica, que puede ir de 32 a 45 mm de acuerdo al movimiento del mar. Muchos optan por una quebrada de dos boyas, que funciona mejor en la pleamar, teniendo en cuenta que los bancos no se caracterizan por la profundidad. O incluso en algún pozón adyacente que pueda formarse. En ese aspecto, el pescador podrá optar por levantar el último anzuelo para que trabaje sobre el rulero. Múltiples opciones Suelen salir burriquetas y pez palo de muy buen tamaño, especies que comparten similitudes en cuanto a las condiciones preferidas, como lo es el agua turbia. Y dada la faceta extravagante del fondo marino, hay sectores con grandes planchones de piedra (muchos de ellos, con enganche casi asegurado) que permiten hacer pescas de sargos e incluso corvinas rubias que van apareciendo de acuerdo al calendario anual y a las temporadas elegidas. Se recomienda llegar en bajamar y observar para identificar los sectores con piedras o arena, para no tener problemas con la pérdida de elementos y para dar con la especie deseada, más allá de que la pesca no es una ciencia exacta. De lo que no cabe duda alguna es que pocas playas ofrecen tantas variantes a tan pocos metros de diferencia. Apenas una caminata de 50 o 100 m puede hacer cambiar radicalmente la jornada. Arenas Verdes es una verdadera joya escondida en el sur de la provincia de Buenos Aires, poco buscada y a la sombra de la popularidad de sus playas vecinas, pero que encierra en sí misma una costa tan diversa como apasionante. Y que le permite al pescador deportivo elegir y poner en práctica la pericia para llegar a ese lugar exacto en el que encontrará –con creces– resultados de pesca difíciles de olvidar. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.

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