La protección corporal acompaña al hombre desde sus orígenes. Mucho antes de que existieran los materiales sintéticos, las normas balísticas o los chalecos antibalas modernos, el ser humano ya buscaba cubrir su cuerpo frente a los agentes climáticos, las heridas provocadas por animales durante la caza y, más adelante, de las agresiones de otros hombres. En un principio, esa protección fue precaria y se resolvió con cueros de animales, utilizados para cubrir total o parcialmente el cuerpo. Con el paso de los siglos, ese concepto evolucionó hacia las armaduras, compuestas por mallas metálicas, cuero endurecido o placas de metal medianamente articuladas, además de yelmos y cascos fabricados con distintos materiales. En aquella etapa de la historia, las armaduras corporales tenían como objetivo principal proteger a una persona frente al ataque de otra, sobre todo en enfrentamientos individuales. Luego su uso se extendió a todo tipo de combate, tanto individual como colectivo. En la actualidad, cuando se habla de protección corporal frente a proyectiles de armas de fuego, corresponde referirse a los chalecos antibalas, conocidos en inglés como body armor, es decir, “armadura corporal”. Estos chalecos están compuestos, básicamente, por un panel anterior, que protege el tórax y parte del abdomen, y un panel posterior, que cubre la espalda. En los modelos de mayor calidad también se protegen las zonas laterales o flancos, donde ambos paneles se unen. Además, cuentan con una placa o panel antitrauma, cuya función es absorber parte de la energía generada por el impacto del proyectil contra el cuerpo. A todo esto se suma la funda exterior, encargada de sostener y fijar los paneles balísticos al cuerpo, y de protegerlos de la humedad, los rayos ultravioleta, el polvo, la arena, la tierra y otros agentes externos. Estas fundas se fabrican en diferentes medidas, junto con los paneles balísticos, tanto para hombres como para mujeres y, en algunos casos, también para perros. Materiales utilizados En la actualidad, los paneles balísticos están compuestos por materiales sofisticados y especialmente desarrollados. Entre ellos se destacan dos grandes grupos de fibras sintéticas: las de polietileno y las aramidas. El polietileno es, en términos generales, uno de los plásticos más populares del mundo. Se lo utiliza comúnmente en la fabricación de bolsas de supermercado, juguetes, envases de champú y una enorme variedad de productos de uso cotidiano. Sin embargo, el empleado en chalecos antibalas posee características especiales y únicas para la protección frente a proyectiles disparados por armas de fuego. Este polímero se denomina polietileno de peso molecular ultra alto, o UHMWPE. Al igual que las fibras aramidas, ofrece una resistencia varias veces superior a la del acero a igual peso. Entre sus fabricantes más conocidos se encuentran Allied Signal, productora del Spectra Shield, y DSM, que elabora Dyneema. Las fibras de polietileno especial presentan una ventaja importante frente a las aramidas: a igual resistencia balística, resultan sensiblemente más livianas y menos voluminosas. Como contrapartida, se ven afectadas por el calor excesivo. Por ese motivo, el polietileno antibala suele utilizarse preferentemente en regiones de climas templados o fríos. Fibras aramidas Otro grupo fundamental en la fabricación de chalecos antibalas es el de las fibras aramidas, pertenecientes a la familia de las poliamidas, junto con el nylon. El nylon se hizo conocido inicialmente por su utilización masiva en cepillos de dientes y, hacia fines de la década de 1930, comenzó a emplearse en la de medias femeninas, hilos de pesca, cuerdas navales, paracaídas y también en los primeros chalecos antibalas, por entonces pesados y, en algunos casos, combinados con placas de metal. Existen dos tipos principales de fibras aramidas o poliamidas aromáticas: las para-aramidas y las meta-aramidas. Estas fibras de alta resistencia fueron descubiertas hacia 1960 por Stephanie Kwolek, química investigadora de la empresa DuPont, en los Estados Unidos. Las para-aramidas poseen una gran resistencia mecánica, lo que las convierte en excelentes fibras antibalas. También se destacan por su estabilidad frente a solventes y por su resistencia a altas temperaturas, cercanas a los 500 grados centígrados. Tanto las fibras de polietileno como las aramidas actúan atrapando el proyectil de un modo similar a como lo haría un guante de béisbol o una red al recibir una pelota. Las fibras se estiran hasta alcanzar su límite plástico máximo y, eventualmente, pueden llegar a la rotura en las primeras capas de la manta balística. En ese proceso, desaceleran rápidamente el proyectil y distribuyen la energía cinética del impacto en un radio de 360 grados (un cuchillo se comporta de manera diferente y sí puede penetrarla, eventualmente). Para optimizar la absorción de energía, las mantas de fibra pueden disponerse de manera asimétrica, combinando orientaciones horizontales, verticales y diagonales. Cuidados y mantenimiento Los chalecos resistentes a proyectiles de armas de fuego, fabricados con cualquier tipo de fibra sintética, deben protegerse del sol, la humedad y el polvo. De lo contrario, con el paso del tiempo pueden degradarse o sufrir procesos de despolimerización, perdiendo elasticidad y resistencia a la tracción. Si el chaleco presenta suciedad, debe lavarse con agua limpia, sin detergentes, y luego colocarlo a secar rápidamente a la sombra, preferentemente en una corriente de aire. Una de las principales desventajas de estas fibras es que, cuando están húmedas, disminuyen sus capacidades antibalísticas. Además, son afectadas por los rayos ultravioleta y por los ácidos en estado puro. No obstante, existen métodos para impermeabilizarlas y protegerlas frente a ambientes climáticos hostiles, cambios de temperatura y agentes químicos perjudiciales. Las para-aramidas se comercializan bajo marcas como Kevlar, de DuPont; Twaron, de Akzo Nobel; Rabintex; y Technora, de Teijin. Cabe mencionar que Teijin y Twaron alcanzaron un acuerdo para comercializar en forma conjunta este tipo de fibras. Por su parte, las meta-aramidas tienen como característica principal una gran estabilidad y resistencia a las altas temperaturas, entre 650 y 800 grados centígrados. Estas propiedades las hacen aptas para la confección de trajes, guantes y máscaras antiflama para pilotos de automóviles de carrera, bomberos y otros usuarios expuestos al fuego. También poseen muy buenas cualidades como aislantes eléctricos. Este tipo de telas especiales se comercializa bajo nombres como Nomex, de DuPont, y Conex, de Teijin. Tipos de chalecos antibalas Volviendo a las para-aramidas y a su utilización en blindaje corporal, cabe señalar que existen distintos niveles de protección y varios tipos de chalecos antibalas. Entre ellos se encuentran los chalecos de uso interior, diseñados para colocarse debajo de la ropa; los exteriores comunes; y los tácticos o especiales, estos últimos destinados a colocarse sobre la vestimenta. Los primeros, cuando están bien confeccionados, generalmente no son visibles y pueden ocultarse con facilidad. Los exteriores comunes ofrecen una protección mayor al usuario, aunque dejan sin resguardo algunas zonas vitales del cuerpo. Los chalecos tácticos o especiales, en cambio, además de proteger la zona torácica, resguardan el bajo vientre, la zona inguinal, parte del cuello, los hombros y los laterales del cuerpo. En algunos casos, también cuentan con bolsillos delanteros y traseros para colocar placas de refuerzo fabricadas en acero balístico, titanio, cerámica, polietileno prensado u otros materiales. Regulación en la Argentina En nuestro país, el organismo encargado de regular estos materiales especiales es el Registro Nacional de Armas (RENAR). Este cuenta con una normativa denominada MA.01, que establece lo referido a niveles de resistencia, controles de fabricación, importación, comercialización, exigencias técnicas, métodos de ensayo, preparación y acondicionamiento de los materiales. Es importante señalar que los chalecos antibalas son material controlado y deben registrarse legalmente, tal como ocurre con un arma de fuego. La disposición del RENAR deriva de la norma NIJ, del Instituto Nacional de Justicia de los Estados Unidos, adaptada a las necesidades y características propias de nuestro país. Los blindajes corporales y vehiculares, tanto opacos como transparentes, también están regulados por otras normas específicas, antiguas y actualizadas, entre ellas NATO, STANAG, MIL, MUL, EN B1-B7, VPAM, VR, TR y CE. En todos los casos, las pruebas deben realizarse a una distancia determinada entre el cañón y el blanco. También debe existir una separación mínima entre los impactos, una velocidad de proyectil establecida, un tipo de dureza y formato estandarizado, y el blindaje debe cumplir con los pesos y medidas correspondientes. En la República Argentina, estas pruebas de blindaje y armamento se realizan, bajo estrictos controles de calidad y seguridad, en la Escuela Superior Técnica del Ejército Argentino. Allí se utilizan los llamados cañones manométricos y equipos de medición especiales, siguiendo las normas MA.01 previstas por el RENAR. A modo de cierre, cualquier civil puede adquirir y vestir indumentaria antibala, siempre que esté registrado en RENAR (usuario y chaleco). Algunos se venden en forma de chaleco propiamente dicho, y otros como campera o gabán, indumentaria –comparativamente- más pesada que la tradicional para la misma prenda. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.




