En mayo pasado, Trump celebró reuniones con el presidente Xi Jinping, instancia en la que abordaron, entre otros asuntos, la situación en Medio Oriente. (Foto: EFE / Bio Bio) Las tensiones entre Estados Unidos, China e Irán volvieron a escalar luego de que una publicación de Reuters afirmara que empresas chinas comenzaron el envío de 400 sistemas de misiles de defensa antiaérea a Teherán, en el marco de un contrato estimado en US$70 millones. Según el reporte, la operación habría sido canalizada por Zhongqing Baoshang International Investment, empresa con sede en Hong Kong, que habría actuado como intermediaria entre el fabricante chino y las autoridades. iraníes. El envío se produciría en un contexto en que Irán busca reforzar sus capacidades militares tras meses de enfrentamientos con Israel y Estados Unidos, durante los cuales fueron atacadas instalaciones vinculadas a sus programas de misiles, drones y defensa aérea. Reuters sostiene que el conflicto dejó en evidencia la vulnerabilidad de infraestructuras estratégicas frente a ataques con armamento de precisión, lo que explicaría el interés de Teherán por fortalecer su sistema defensivo. La información surge pocos días después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, advirtiera públicamente que China y Rusia se enfrentarían consecuencias si suministraban armamento a Irán. El mandatario había señalado que cualquier apoyo militar a la República Islámica sería contrario a los compromisos asumidos por ambas potencias. No obstante, el gobierno chino rechazó categóricamente la publicación. A través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, aseguró que los antecedentes difundidos “carecen por completo de fundamento” y reiteró que China ha mantenido una posición constante a favor de la paz y de una solución diplomática para el conflicto en Medio Oriente. Las sospechas sobre un eventual suministro de armas desde China hacia Irán, sin embargo, no son nuevas. En abril pasado, The New York Times informó, citando a funcionarios de la Casa Blanca, que empresas chinas habrían utilizado terceros países para concretar operaciones de venta de armamento a Teherán. En ese momento, las autoridades estadounidenses aclararon que no existían pruebas de que armas de fabricación china estuvieran siendo utilizadas en la guerra, aunque señalaron que algunos organismos de inteligencia estimaban que Pekín conocía las conversaciones comerciales. De acuerdo con ese informe, al menos uno de los países utilizados como intermediarios estaría ubicado en África, aunque no existía certeza sobre si los envíos finalmente se concretaron. El tema también se formaría parte de la agenda diplomática entre Washington y Pekín. Durante una visita oficial a China en mayo pasado, Trump celebró reuniones con el presidente Xi Jinping, instancia en la que abordaron, entre otros asuntos, la situación en Medio Oriente. Según el mandatario estadounidense, su par chino le aseguró que “no daría ni vendería armas, bajo ninguna circunstancia, a la República Islámica de Irán”, compromiso que, afirmó, también alcanzaba a las empresas chinas. En paralelo, Trump ha mantenido conversaciones con el presidente ruso, Vladimir Putin, principalmente centradas en la guerra en Ucrania. En una reciente publicación en redes sociales, el mandatario insistió en que dos grandes potencias vinculadas habitualmente con Irán no estaban participando en el conflicto y advirtió que hacerlo “no iría en su mejor interés”.




