Le dicen la isla feliz y son muchos los argentinos que fueron a su territorio en búsqueda de unas vacaciones diferentes. Y vaya que las encontraron porque, después de los Estados Unidos, la Argentina es principal visitante en Aruba. Con una superficie de unos 180 km² a pura costa, tiene la segunda playa más linda del mundo, Eagle Beach, y también otras en las que no se permite bañarse porque están copadas por las piedras. Con una característica ventosa que hace que su árbol nacional, el Divi-Divi, esté siempre inclinado hacia un lado (foto arriba), sirve para refrescar un ambiente con una temperatura promedio de 29 °C. Aquí todas las playas son de uso público y el gobierno promueve que los hoteles no sean all inclusive para que los turistas salgan a comer y disfruten de la hospitalidad local, una de sus mejores cualidades. Descubierta por los españoles en 1499, la consideraron “inútil” por su clima seco y falta de oro. En 1636, los holandeses conquistaron su territorio y lo mantuvieron bajo su dominio por más de 350 años. En 1986 Aruba obtuvo el estatus de país autónomo aunque el neerlandés sigue siendo el idioma oficial, junto con el papiamento como lengua local. Pero los locales hablan castellano pues lo aprenden en el colegio. Aventura y wellness La herencia holandesa está presente en las coloridas casas que componen el centro de Oranjestad, la capital que se puede recorrer caminando y ver tiendas de marcas internacionales y restaurantes instalados en casas típicas. También está el Tranvía gratuito que funciona de 10 a 17 (foto abajo). Hay mucho para hacer aquí, ya sea en plan de aventura o de relax. Sin dudas el snorkel en sus aguas cristalinas es una de las principales actividades. Especialmente cuando se la combina con un viaje a kayak hasta el punto de inmersión. En lugar de usar remos, el esquife utiliza unos pedales que dejan las piernas pidiendo auxilio cuando por fin se llega a la explanada para sumergirse. No es un tramo muy lago desde el Náutico de la capital, donde George espera a los pasajeros para guiarlos por una experiencia inolvidable a los que se animen, sepan nadar o no. El premio llega cuando se divisan corales y cardúmenes al alcance de la mano. Para estirar los músculos y vaciar el cerebro también se puede hacer yoga en la playa. Pero hay una versión desafiante: en el mar sobre un stand up paddle. Más de uno se cayó tratando de replicar las posiciones indicadas por la instructora Galelli de Vela Aruba (U$S 48 por persona). En cambio la versión sobre la arena, con sanación, que brindó la venezolana María Pucci en Eagle Beach, cumplió con la premisa de relax total: al comienzo nos empezó a armonizar con el uso de multicolores cuencos, le siguieron las posiciones de yoga para terminar con cartas de tarot y el significado para cada uno. Así había comenzado el día, apenas amaneció. Y en la misma playa pudimos disfrutar de una cena con la acogedora propuesta de Aruba Sunset Cabanas: llegamos antes de la caída del sol para ver pasar a los barcos y el atardecer, mientras una pareja renovaba sus votos de amor. Sentados cerca de la arena, disfrutamos de un menú de tres pasos preparado en el momento, con iluminación tenue y una atención esmerada. La historia de esta propuesta nació de un adolescente que quiso agasajar a su madre con una comida especial en la playa. “Comí más arena que otra cosa”, contó la progenitora. Pero ahora, tres años después, todo sale a la perfección y se disfruta al máximo. Si bien la isla vive del turismo, tienen un producto local: el aloe vera, que exportan. Además de tener su propio museo sobre la planta, en Royal Aruba Aloe enseñan a hacer exfoliante en una clase muy divertida en la que todos los participantes tienen que meter las manos en la preparación para luego llevársela a casa. Y después comprar alguno de sus excelentes productos preparados con la especie. Otra de las experiencias distintas que se pueden vivir en Aruba es participar de una clase de pintura con cena en la hermosa casa/taller Indrart Studio, la experiencia Palette & Table de Indra Zievigner. Ella con paciencia va enseñando a utilizar el acrílico con espátulas sobre un lienzo y culmina con una elegante cena de cuatro pasos. Costo para seis personas U$S 850. La gastronomía arubiana Una de las cosas que más disfruta el visitante en Aruba es comer: los platos son sabrosos, abundantes y coloridos. Y los hay de todos los precios: por U$S 30 se puede disfrutar de un menú muy bueno. También hay sitios tradicionales como Papiamento, donde los platos típicos como el Keshi Yena (cazuela de queso holandés relleno de carne especiada), el pastechi (empanada frita), los contundentes guisos de carne o mariscos, y el pan bati son los más pedidos. Se trata de una casona original de la isla, con recuerdos de la Reina Beatriz de Holanda, donde la cuenta por persona asciende a los U$S 120. También hay espacio para platos naturales y vegetarianos como los de Eduardo’s Highway, donde la especialidad es el Bowl de Acai (U$S 14). Son muy sustanciosos, sin carne y característicos de la ciudad. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.




