Periodista: Los mercados no esperan que la Fed aumente las tasas en la próxima reunión en septiembre. Se sabe que Kevin Warsh, el nuevo chairman, quién se presentó a sí mismo como un halcón en la lucha contra la inflación, no tiene ninguna prisa. Y cuando se puso la idea sobre la mesa en el mitin de julio, no prosperó. Warsh consiguió el apoyo de la mayoría y frenó la propuesta en seco. P.: Sin embargo, las tasas largas, después de tomarse una tregua de un par de semanas, vuelven a escalar. Más y más alto. La de 30 años lleva la delantera. Fue la primera en romper el umbral de 5%. Y ahora rinde más de 5,30%, que es un nivel que no veíamos desde hace casi 20 años. ¿Qué está pasando? G.G.: Mire la curva: la tasa de dos años rinde 4,19%. Fed funds, el techo de su rango, se ubica en 3,75%. Casi tres cuartos de punto por debajo. Es verdad, en julio, la tasa de dos años era más elevada: rozó 4,37%. Los mercados entienden que Warsh no tiene prisa por intervenir, pero siguen convencidos de que deberá hacerlo. Y como descuentan que será remolón, no tienen apetito por la duración. De ahí, el alza pronunciada que muestra la parte más larga de la curva. P.: ¿Cree que las tasas seguirán trepando? Las dos últimas semanas se habían tomado un respiro. En línea con los indicadores económicos. ¿Por qué piensa que se rompió esa tregua tácita? G.G.: La calma se produjo inicialmente por la caída del precio del crudo. Y se fisura con el barril de Brent ni bien vuelve a cotizar por encima de los 90 dólares. En el interín, y es un alivio, la semana pasada, el Tesoro consiguió colocar nueva deuda a 10 y 30 años sin mover el amperímetro. Justo a tiempo para esquivar un sofocón. P.: ¿La guerra en Irán es de nuevo protagonista? G.G.: La guerra per se no les preocupa a los mercados. Ya hemos dicho que sienten alergia por la geopolítica. Pero el precio del petróleo es un nervio muy sensible. P.: Parecía que el estrecho de Ormuz había pasado a un segundo plano. No se sabe muy bien cuán abierto o cerrado está, y sin embargo, el tema hizo mutis por el foro. ¿Que Trump amenace bombardear a Omán es un recordatorio de que el pasaje por Ormuz continúa sin solución? G.G.: Omán, que se sepa, no sacó nunca los pies del plato. Hoy en día las únicas negociaciones para definir un régimen de navegación por Ormuz son las que llevan a cabo junto con Irán. Washington no participa de manera directa, pero Omán conoce muy bien cuáles son sus condiciones. La amenaza de Trump es un mensaje a Teherán de que no acepta el “deal” que ya cerró – o está a punto de abrochar – con su vecino. P.: No sé si lo entendí. Me suena contradictorio. G.G.: Entonces lo entendió. Irán acepta el control de la navegación en Ormuz compartido con Omán. Trump no acepta el control iraní. Ni aunque sea compartido. Y ha dicho que derrotará a Irán y declarará el estrecho como territorio de EEUU. Pero incluso si pudiera concretarlo, Irán haría la navegación comercial imposible. Tanto por Ormuz como por Bab el Mandeb. P.: Es un callejón sin salida. G.G.: El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo bien cuál es la salida. “En dos años, Ormuz será irrelevante”. Quien dice dos, dice cuatro. Pero está en lo cierto. P.: ¿Y mientras tanto? ¿Cómo se convive con una realidad así? G.G.: Cuando la sangre está por llegar al río, se negocia para evitarlo. Por eso se firmó el Memorándum de Entendimiento el 17 de julio. No para cumplirlo. Sí, para evitar una catástrofe económica, según reconoció Trump. P.: Es un mecanismo muy arriesgado y precario. ¿No le parece? G.G.: No se lo comente a la Bolsa, que se preocupó mucho en marzo. Y llegó a corregir 10% por su culpa. Pero que después de ese percance, y antes inclusive de la primera tregua, la del 7 de abril, confía ciegamente en que Trump se va a encargar de que funcione de manera aceitada. Diez días atrás, no se olvide, el presidente y Bessent hablaban de un acuerdo con Irán “en un día o dos”. Era una promesa vacía de fundamento, pero al servicio de calmar la ansiedad. Y lo consiguió. Comprenda la situación. Se cayó en una trampa sin salida que pronto va a cumplir seis meses. Sin embargo, la vida continúa. Y sin demasiados sobresaltos en Wall Street. P.: De acuerdo. La Bolsa atraviesa un mercado bull rotundo. El auge de la IA es una carta que ni siquiera existía cuando arrancó y que lo empuja como una fuerza de la naturaleza. Pero, los bonos no participan para nada. Lo suyo es un mercado bear que se complica cada día más. La IA se expande a toda prisa. Y el papel que les toca a los bonos es lidiar con una mayor oferta cuando el apetito escasea. Por eso le preguntaba, ¿cree que van a seguir subiendo las tasas largas? ¿Cómo se frena su avance? Si no se contiene, también se llevará puesto a la Bolsa… G.G.: “Las tasas deben bajar de inmediato”, dijo Trump dos días después de asumir. No era una orden a la Fed de Powell. Hablaba de las tasas largas, explicó Bessent. Y él era el responsable de la tarea. La tasa de 10 años, que unos días antes merodeaba 4,80%, no hizo sino bajar después. Todo 2025 y hasta marzo. Ayudó la caída del precio del petróleo. La Casa Blanca desplegó una diplomacia muy activa con la Opep plus que aumentó la oferta esperada de crudo. Y Bessent además se ocupó de inclinar la emisión de deuda hacia las letras del Tesoro. Y de avisarlo a los cuatro vientos. P.: Los instrumentos más cortos. G.G.: Y así favoreció la digestión de los bonos largos. El Congreso aprobó un paquete de rebaja de impuestos, y la curva no pestañeó. La Corte Suprema ordenó la devolución de lo recaudado por los aranceles recíprocos, y tampoco. Todo esto funcionó hasta la guerra en Irán. Lamentablemente, el general Trump con su aventura militar hizo subir fuerte los precios de la energía. Por suerte, la economía no se estancó. No se sintió un shock estanflacionario. P.: La IA sostuvo el vigor de la inversión. La actividad no se resintió. G.G.: Correcto. Y las expectativas inflacionarias siguen bien ancladas aún hoy en día. Pero las tasas de interés reales comenzaron a subir con fuerza. Y son las que empujan las tasas nominales hacia arriba. En este contexto, los trucos de Bessent ya no funcionan. Si Kevin Warsh se alinea con la Casa Blanca, y mantiene las tasas cortas, la curva se acomoda y se empina. P.: Y suben más las tasas largas, como estamos viendo. G.G.: Si se las quiere frenar, y que no haya zozobra, lo mejor en el corto plazo sería que la Fed suba las suyas. Debió haberlo hecho en julio. Si Bessent quiere ayudar podría empezar por explicárselo a Trump. Y después debería reducir las necesidades de financiamiento del Tesoro, quizás sin levantar demasiado la perdiz, pero debería hacerlo antes de soportar el desaire de una mala subasta, que es el riesgo creciente que se incuba detrás de escena. Y si todo esto es pedir demasiado, entonces, lo que la Administración tiene a mano es un acuerdo con Irán que reabra Ormuz y que permita una caída vertical y sostenida del precio de la energía. Que es lo que prometía, pero no termina de concretar.
Diálogos de Wall Street: el mercado no cree que la Fed aumente las tasas, mientras crece la tensión en Ormuz
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