En Santa Fe, como en gran parte del Litoral, el diálogo con el agua es constante. Ella marca las actividades, el humor de isleños y pescadores, y el acceso a muchos bienes y servicios que llegan -o no- al continente. En la Setúbal y su delta, especialmente, esa relación se incrementa con distintas oportunidades turísticas, como la de Carlos David Busaniche de Setúbal Kayak´s (IG: @setubal_kayaks /Cel.: +54 9 3424475236). “Seguimos con el servicio que prestamos hace años, partiendo ahora desde Leyes hacia el corazón de nuestro gran espejo de agua; hemos incorporado una flota exclusiva para pesca y, sobre todo, el alquiler de un predio con acceso a los esteros, que cuenta con un lago artificial que se creó por el refulado de tierra en los barrios vecinos. Es un lugar de increíble belleza y exclusivo para las infancias o los iniciantes en la disciplina”, resume. Hacia “la única” Acompañando a la provincia unos 600 km en una marcha de siglos, el río Paraná se permite aquí su gran digresión. Llamada Quiloazas por las tribus que vivían en sus inmediaciones en la etapa pre colonial; luego Lencinas y finalmente Setúbal en honor a sendos estancieros, la laguna atesora tantos mitos como singularidades. “Remar acá es una experiencia hermosa, mucho más si llegás desde la calma de los arroyos hasta este espejo inmenso y brillante, bajo el amparo de la ciudad iluminada y el puente colgante en todo su esplendor”, dice con cierto romanticismo. Como él, no hay lugareño que no tenga una historia con la Setúbal, sea relacionada al antiguo puente ferroviario, a las aerosillas que la surcaban por el aire en la década de 1980 o a la danza anual de sus flamencos rosados, una atracción turística vigente. Desde que se tiene registro, la interacción con la laguna es constante: el santafecino es amante de la navegación, las playas, la pesca y la vida costera, y esta flora y fauna son una porción constitutiva. Parte del Sistema Paraná, del que a la vez entra y sale, la Setúbal varía con las lluvias y bajantes que llegan del norte, en especial de arroyos y riachuelos de Brasil. Pero debe su color rojizo al Bermejo, y el salitre a los curiosos Saladillo Dulce y Saladillo Amargo. De este modo, múltiples nutrientes, especies y fuerzas conforman un cuerpo de 32 km2, extendido desde los arroyos Aguiar y Leyes hasta el Canal de Acceso del puerto. Si bien ofrece períodos de bajante e inundaciones cíclicas, en 2018/19 el descenso ha sido notable y, pese a cierta recuperación, sigue 2 m por debajo del nivel normal, ocasionando la mortalidad y retiro de muchos peces icónicos, la irrupción de vegetación colonizadora y coyunturas desafiantes como la aparición de palometas. “Pero nada como la bajante extraordinaria que coincidió con la pandemia de Covid”, relata Busaniche ya sobre el kayak. Habla del momento en que hubo -20 centímetros y se veían pozos de agua bajo el nivel del lecho, lo que hizo prosperar alisos y nuevas islas de camalotes hasta cortar la laguna al medio. Las imágenes de algunos cruces a pie, y de una barrera de vegetación, inmortalizaron aquel hecho. “Había camalotes, canutillos y catays que se engancharon en los pilares del ex ferrocarril y, tras semanas de sequía e intenso calor, formaron una pared infranqueable”, recuerda. Eso llevó a que diversos organismos nacionales, provinciales y municipales trabajaran con la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y se encomendara al Ejército la eliminación del muro embalsado. “Cada tanto aparecen isletas, eso es parte de una dinámica natural, y que al kayak no le estorba. Es más, si hay una baja importante y se traban, los levantamos e improvisamos una caminata, o tomamos otro canal donde el agua permita seguir”, dice. Desde Leyes Busaniche lleva varios años desde que fundó la empresa que hoy dirige junto a su mujer y sus hijos, y que ofrece salidas cortas desde la costa, en un parador playero pegado a la ciudad, junto a otras de día completo y que se internan en un monte que se agiganta, a contramano de cauces que se angostan, escondiendo fauna cercana y salvaje. Esa cotidianeidad sobre el agua, asegura, lo ha hermanado con esta naturaleza. Mientras remamos allí, las aves empiezan a ser protagonistas de cada escena, poblando árboles altos, pasando rasantes sobre el lomo del agua y revoloteando cerca. Se ven también caballos y vacas de varios puesteros, y cada tanto, algún animal característico como el carpincho, pese a su casi desaparición tras aquella gran sequía. “Este es el Delta Superior, cuando la laguna se disgrega en cientos de cauces y arroyos menores, y sobrevienen zanjones con fuertes correntadas a las que hay que estar atentos”, advierte mientras la hermosura de las alfombras de irupé formando su flor nos distrae, y vemos diminutas islas con playas de piedra y arena. Si bien otros pueblos a la vera de la laguna como San José del Rincón, Sauce Viejo y Monte Vera cuentan con bajadas para salir a navegar, Leyes tiene una magia singular. Permite una travesía extensa que se inicia temprano y concluye al atardecer, por lo que suele recomendarse a grupos sólidos. También puede incluir caminatas y remadas intensas. Pero todo ello se gratifica con su ya clásica bondiola isleña desmechada, que el equipo de guías prepara con dedicación al mediodía, y es la excusa para la charla y puesta en común. “Sea corta o larga, cada salida la iniciamos con aspectos técnicos sobre el lugar a visitar, medidas de seguridad y elementos indispensables. Luego es todo disfrute, desde que nos colocamos los chalecos y bajamos al agua hasta la llegada”, afirman. En las remadas breves, cercanas al puente colgante, se saborea la flotada de cara a la ciudad. En las largas, como la que nos toca hoy, se pone en juego la resistencia. Hay corrientes leves y otras más severas, que aparecen al tomar importantes ríos internos. Otras veces, los arroyitos se cortan por camalotes trabados por alguna rama, y hay que regresar, o caminar sobre barrancas por suelos barrosos que son hábitat de chajás, garzas, espátulas rosadas, patos, gallinetas y algún animal de mayor tamaño. “Muchas familias se suman porque a los pibes les encanta esto. Es mentira que no se los puede sacar del teléfono. Pero somos insistentes en temas de seguridad y el movimiento del grupo por senderos, porque sobre suelo firme podés encontrar víboras o animales salvajes y darte flor de susto”, advierten. El premio final, llega con el atardecer. Es la foto más buscada, cuando las embarcaciones regresan en fila con la imagen del sol recostado sobre el agua, encendiendo los brillos del lejano puente. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.