A la sombra de los picos andinos de Chile, se avecina una tormenta política en torno a la migración, donde el aspirante presidencial José Antonio Kast promete superar las tácticas de deportación de Donald Trump.
Como líder nacionalista populista del Partido Republicano, Kast lidera las encuestas para las elecciones de noviembre de 2025 y promete utilizar todas las herramientas administrativas, legales, diplomáticas y tecnológicas para expulsar a los inmigrantes indocumentados.
Predice que por cada uno deportado por la fuerza, cuatro o cinco se autodeportarán, eclipsando el récord estadounidense de Trump de 500.000 deportaciones que estimularon 1,6 millones de salidas voluntarias.
Este compromiso surge de la rápida transformación de Chile en un punto crítico para la migración. La nación de 19 millones de habitantes, que alguna vez fue un faro de estabilidad en América Latina, ha absorbido entre 300.000 y 400.000 llegadas indocumentadas desde 2014, en su mayoría venezolanos que escapan de la ruina económica bajo Nicolás Maduro.
Más de 7 millones han huido de Venezuela en todo el mundo, y Chile acoge a alrededor de 1,5 millones de migrantes en total. Los cruces irregulares alcanzaron un máximo de 50.000 en 2022, abrumando hospitales, escuelas y viviendas, al tiempo que avivaron los temores de un aumento de la delincuencia vinculada a bandas extranjeras.
El favorito de la derecha chilena busca eclipsar la represión migratoria de Trump. (Foto reproducción de Internet) En medio de la recuperación de las protestas de 2019 y la pandemia, la frustración pública ha impulsado la agenda de ley y orden de Kast. Kast, ex congresista de raíces alemanas (su padre sirvió en la Segunda Guerra Mundial), encarna el resurgimiento del conservadurismo latinoamericano.
El impulso fronterizo de Kasts señala un giro nacionalista en América Latina Elogia a Viktor Orbn de Hungría por los muros fronterizos, a Giorgia Meloni de Italia por sus reformas antiinmigración, a Javier Milei de Argentina por sus reformas económicas y a Jair Bolsonaro de Brasil, y lo defiende a pesar de una condena por golpe de Estado.
El plan “Escudo Fronterizo” de Kast implementa sensores, cercas, cámaras y prohibiciones de reingreso, negando servicios a residentes indocumentados y ofreciendo una ventana de 180 días para salir.
Detrás de esto se esconde una narrativa más profunda: el giro de América Latina desde una apertura izquierdista hacia barreras nacionalistas, que refleja las tensiones globales.
Para los de afuera, revela cómo las crisis migratorias erosionan los tejidos sociales, desafían los ideales humanitarios y remodelan las alianzas, lo que potencialmente pone a prueba los lazos con Estados Unidos y el éxodo de Venezuela.
Mientras Chile vota, la visión de Kast podría redefinir el futuro de la región, instando al mundo a enfrentar los costos humanos de las fronteras sin control.



