De manera complementaria, en Barclays consideraron “probable que el gobierno estadounidense priorice la asequibilidad para el consumidor antes de las elecciones de mitad de mandato de este año”. Por lo tanto, sostuvieron que “su disposición a tolerar un período prolongado de precios del petróleo significativamente más altos, o una escalada sostenida del conflicto, será limitada”. Estos expertos afimaron que “si bien este conflicto intensifica los riesgos de estanflación para la economía mundial”, el peso del crudo en la economía mundial “ha disminuido en las últimas décadas, lo que significa que los precios del petróleo tendrían que subir de forma drástica y persistente para alterar sustancialmente las perspectivas de crecimiento”. En consonancia, desde Goldman Sachs destacaron que “para la renta variable y el crédito, el impacto es negativo, pero solo una interrupción grave y sostenida del suministro de petróleo tendría consecuencias sustanciales para el crecimiento global”. Guerra en Medio Oriente y el petróleo: los escenarios posibles Para ING, existen dos escenario posibles. En el primero, se establece un alto el fuego de facto en cuestión de una semana. Bajo esa situación, “las represalias iraníes se mantienen, siendo lo suficientemente dañinas como para ser políticamente útiles a nivel nacional, pero no lo suficiente como para provocar una contrarespuesta decisiva por parte de EEUU”. Además, el estrecho de Ormuz sería clausurado debido a que “las exportaciones de petróleo de Teherán a China dependen de él”. Como consecuencia, el régimen iraní “o bien sobrevive debilitado, o bien se fractura en una transición interna caótica”. Para los mercados, se trataría de una situación similar a la de junio de 2025, con “un repunte inicial del petróleo, que se desvanece a medida que disminuyen los temores de perturbación por Ormuz” y “sin implicaciones macroeconómicas duraderas”. En el otro escenario menos favorable, sin embargo, la guerra se extiende de manera indefinidia, “con un acoso constante al tráfico de petroleros, la activación de ataques hutíes contra el transporte marítimo del Mar Rojo e intentos de interrumpir el estrecho de Ormuz”. Si eso sucediera, “las implicaciones para el mercado son sustancialmente diferentes”. Y desarrollaron: “El barril de petróleo se acerca a los u$s100 y más, una corrección genuina del mercado de valores, una fuga de bonos que se mantiene en lugar de revertirse, una interrupción prolongada de la cadena de suministro tanto para China como para Europa, y un dilema de los bancos centrales sin una solución clara”. Chris Ferrarone, director de investigación y estrategia de renta variable de SCFR, coincidió en el diagnóstico, pero añadió la posibilidad de un tercer escenario, de caracter optimista. “Una resolución rápida acompañada de un colapso del régimen en Irán podría ser una sorpresa alcista para los activos de riesgo, aunque el cambio de régimen en este momento parece un proceso complicado e incierto”, afirmó. 1772301633323-iran-petroleojpg (1) Irán es uno de los productores de petróleo más importantes del mundo, además de controlar el estrecho de Ormuz, donde circulan la mayoría de los buques petroleros y de GNL. Más inflación en EEUU y menos chances de recortes Los analistas de PPI afirmaron que “el repunte del crudo agrega presión al panorama inflacionario de Estados Unidos y los rendimientos de los ‘Treasuries’ avanzan a lo largo de la curva. Tanto la tasa a 10 años como la de 2 años suman 6 pbs hasta 4% y 3,44%, respectivamente”. En Schawb remarcaron que “si bien el movimiento inicial esta siendo relativamente contenido, los efectos secundarios en la economía también serán importantes”. En este sentido, plantearon que “el aumento de los precios de la energía puede endurecer las condiciones financieras (en EEUU), lo que podría presionar el gasto del consumidor, por no mencionar los problemas de margen en los sectores con uso intensivo de energía”. Sobre ese punto, argumentaron que “podría producirse un rápido ajuste al alza en las expectativas de inflación y, consecuentemente, un ajuste en las expectativas sobre la trayectoria de las tasas de la Reserva Federal”. En el caso de las tasas, la tensión entre el aumento de la inflación y la caída del crecimiento ante un shock de oferta negativo será clave para la respuesta. ING consideró que “un segundo shock inflacionario del lado de la oferta, mientras el impacto inflacionario de los aranceles aún se está desarrollando, podría dificultar la justificación de nuevos recortes de tasas, al menos en el corto plazo”. A su vez, comentó que “si el conflicto se prolonga y la incertidumbre pesa sobre la inversión empresarial y la confianza de los consumidores, las perspectivas de crecimiento también se oscurecen”. Como aspecto positivo, explicó que el aumento de los precios del petróleo permiten que EEUU tenga una “compensanción parcial” debido que es un importante producto de petroleo, lo que le permitiría mejorar su balanza energética. “Pero ese equilibrio es políticamente difícil de explicar y económicamente insuficiente para compensar el daño general”, aclararon. Europa y Asia, las regiones más golpeadas ING destacó en su análisis el hecho de que en Europa “es donde las consecuencias macroeconómicas se ven más duramente y el momento no podría ser peor”. Sobre este punto, recordó que “la eurozona finalmente estaba saliendo de su largo período de estancamiento, con indicios de recuperación, aunque ultimamente estos se vieron socavados por la nueva incertidumbre en torno a los aranceles”. Como consecuencia, “la región podría enfrentarse a una crisis energética que se sumaría a la crisis comercial” debido a que Europa “importa prácticamente todo su petróleo y una parte significativa de su GNL”. Se trata de un escenario que remite a la crisis energética de 2021-2023, producto de la guerra en Ucrania. Sin embargo, para los expertos del banco neerlandés existen dos diferencias importantes con respecto a esa situación: “Europa no tiene que reducir su riesgo de un único proveedor energético importante; y la crisis del precio del petróleo se produce al final del invierno, no al principio”. Por otro lado, “Asia parece capaz de absorber el aumento repentino de los precios del petróleo” debido a que la inflación está “prácticamente controlada en la mayor parte” del continente. Sin embargo, “la gravedad y la persistencia del alza de los precios determinarán en última instancia el impacto”. Por último, se destacó que “una parte significativa del suministro de crudo de Asia proviene del Golfo Pérsico”. Por ejemplo, China e India importan aproximadamente el 38% y el 46%, respectivamente, mientras que Japón y Filipinas dependen de la región para cubrir casi el 90% de sus necesidades de petróleo.
Alerta por el petróleo: temen que el barril supere los u$s100, dispare la inflación global y complique el rumbo de la Fed
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