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Saturday, January 24, 2026

Canela y Gramado: el reino de la fantasía

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“Bienvenidos a este barco! ¿Vamos a comenzar? Les dejé un presente muy especial escondido en mi sitio preferido. Es un lugar azul, que me recuerda al mar. Será la primera pista hacia nuestro tesoro. Porque este viaje recién comienza…, el capitán”. Así recibe la Familia Bertoluci (www.hotelbertoluci.com.br) a sus huéspedes del Cuarto Navío, una habitación doble con un tobogán que termina en un pelotero, un puente de madera y dos camitas iluminadas por luces en forma de estrellas. Abunda allí un clima familiar, bañado por aromas de recetas de abuelas y no hay rincón donde un cuadro, un recorte de diario o una foto rememoren la hazaña de una de las familias pioneras de Gramado, la bellísima ciudad serrana de Rio Grande do Sul que está volviéndose junto a Canela, su vecina, una parada ineludible para muchos argentinos que buscan las playas brasileñas de la lindante Santa Catarina y piensan en sumar un sitio que sea algo más que una parada.  Disney gaúcha Aquella acogedora noche de bienvenida es sólo una muestra de lo que vendrá, en un destino conjunto que podría sintetizarse -si eso fuese realmente posible- como la tierra de la fantasía y la diversión, una suerte de Disney brasileña y serrana. Hacia fines de diciembre, momento de nuestro paso, las luces navideñas van colmando ondulantes callecitas, la mayoría con elegantes edificaciones de aspecto alpino, un lago interior y la presencia de hortensias regordetas adornando cada vereda. Es un escenario que deja impresionado a cualquiera, por la belleza y la exuberancia. “Y eso que aún no hay probado el chocolate y la fondue”, asegura Fabiano Cailon del Bertoluci. Vaya si tiene razón.  De fines de octubre a mediados de enero, el clima navideño se fusiona con la Pascua y abarca no sólo el centro sino las calles laterales, arregladas hasta lo infinito con luces de colores, figuras de renos, paletas, bastones, soldaditos y árboles con regalos a sus pies. Al chocolate se suman la música festiva, los gorros y guirnaldas que aparecen tanto en locales de ropa como en ferreterías o mercados, y su famosa calle techada es una fiesta de 24 horas. Para los más religiosos es imperdible la -también adornada- Iglesia de São Pedro (1942) de pura piedra basáltica y vidrieras labradas que sorprenden.  Pero es sobre la Avenida de las Hortensias, su arteria central que la une a Canela, donde se pone de manifiesto la conocida “Ruta Romántica”, donde se despliega una oferta tan fascinante como abrumadora: un museo de cera con figuras de Marilyn Monroe, Neimar o Albert Einstein; un predio de la NBA con pelotas gigantes y camisetas de las máximas figuras; un jardín de olivas, otro de lavandas y un tercero con zoo de animales autóctonos. Y como si fuese poco, hacia las afueras está Aquamotion, (www.acquamotion.com.br), con playas y olas que muestra a bañistas en shorts y bikinis, mientras el techado Snowland (www.snowland.com.br) alberga esquiadores que disfrutan del frío y la nieve. Más que una vecina Canela, a sólo 8 km y unida por la avenida central, conserva barrios residenciales y cierta calma, aunque no menos atracciones. “Las hortensias marcan el camino”, asegura Naiara del Tri Canela (www.trihoteis.com/canela). No se equivoca. Un sendero cubierto por una densa selva de araucarias y caneleiras (que da nombre a la ciudad), y flanqueado por helechos, flanboyanes y hortensias, permite desandar una intrincada pero hermosa caminata interior de una hora, alternando descansos en una pequeña cascada artificial y rincones donde florecen frutales de pitanga y goiabas, dan paso al sendero cubierto de adoquines que se vuelve mirador de la ciudad. Una cancha de futbol y una plaza de juegos inmersa en la sierra permite vivir en plenitud esa naturaleza salvaje de la que tanto se habla aquí, para quienes buscan más que un buen hospedaje, un restaurante internacional, spa y piscina.  En la espalda de ese terreno inmenso, serpenteantes calles de adoquines dan paso a Terra Mágica, un mundo de fantasía con shows y actividades para pasar el día completo. También hay varios museos cercanos: del automóvil (con ejemplares incunables del Hollywood de los ’60); del Mundo a Vapor (que recorre la historia de la energía desde la Revolución Industrial); o el de los Beatles (con una colección de recuerdos que incluye instrumentos originales de la banda). Para los aventureros, Alpen Park y Skyglass es lo ideal, que aúnan la adrenalina de la velocidad y la altura, poniendo al vértigo como gran desafío. El primero cuenta con alrededor de 15 juegos, desde montañas rusas a trineos y tirolesas, mientras Skyglass se desarrolla sobre una plataforma de vidrio y acero de 35 m, y ofrece una mirada de altura del profundo Valle de Ferradura.  Imperdible también, Space Adventure (www.spaceadventure.com.br), que sumerge a los visitantes en los viajes espaciales, con más de 200 objetos que estuvieron en los programas Mercury (concluida en 1963), Gemini (finalizada en 1966) y Apollo (terminada en 1972), un simulador de lanzamiento y un planetario de alta definición con experiencia inmersiva que enloquece a los participantes. Entre sus tesoros, además, puede verse el escritorio original de una misión y una piedra traída desde Marte. La cascada increíble La oferta sigue en modo inabarcable. Pero como en todo viaje hay que elegir, y no puede prescindirse de las 25 ha que alberga el Parque Caracol (www.parquecaracol.com.br/es). Para quienes quieren la foto de recuerdo, el Observatorio Panorámico de 27 m de altura ofrece una vista de 360° y una bellísima imagen de la cascada del río Caracol. Pero para los caminantes, no hay nada como atravesar el bosque de araucarias y flamboyanes en busca del espejo de agua que forma su caída, y que incluye un plus: balancearse en una simpática hamaca ubicada bajo la llovizna del salto de agua de 131 m. Sólo hay que pagar una entrada de 85 reales para acceder con guía a senderos marcados que confluyen en la parte superior e inferior de la montaña, bajo un ambiente de aire puro, aves salvajes y belleza natural.  Siguiendo otros senderos del parque se disfruta de un sector infantil y espacios de descanso con restaurantes y tiendas, con la chance de hacer picnic bajo la sombra del inmenso bosque cerrado. En el área recreativa se ofrece también un paseo en un trencito que parte de la estación Sonho Vivo, pero con pago aparte.  En sus cercanías, desde luego, todo remite al caracol que forma la escalera de 927 pasos al río, que desploma su cauce hacia la basáltica formación de la Serra Geral. Afuera, desde las vinotecas a los restaurantes, de los bares a las paradas de buses, todo lleva el nombre “caracol”, y eso incluye propuestas a ignorar y otras interesantes como la del Castelinho Caracol, construido en 1913, que actualmente cuenta con un museo y una casa de té, célebre por su apfelstrudel, una de las tartas de manzana de origen europeo que suman adeptos cada año. Queda mucho más por ver, sin dudas. Pero aquí concluye un viaje lleno de sorpresa, naturaleza y aventura, bajo el influjo de tradiciones alemanas, italianas y portuguesas de una Serra Gaúcha tan distinta al clásico marco de sol y playa que se tiene de Brasil.  ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? 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