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Sunday, March 29, 2026

Cara a cara con la dama del río

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Una temporada sin precedentes para la pesca deportiva, en donde el aficionado propone y el río dispone. Todo el Delta del Plata, el Uruguay y los grandes cauces, como el Paraná de las Palmas y el Paraná Guazú, están atravesando un momento memorable en cuanto a la pesca en sí. Venimos recorriendo asiduamente todos estos cursos de agua, dándole mayor crédito a los grandes, como el De la Plata y el Uruguay, pero en esta oportunidad quisimos poner el foco principal en una especie en particular: la boga. El templo de la especie La dama del río, como también se la conoce, es un pez muy astuto, bastante escurridizo y por demás desconfiado. Se lo puede pescar en ríos de correntada, sobre bancos de arena, en profundidad, en fondos de tosc o piedras, entre otros escenarios. Al margen de tener claro qué queríamos pescar, la salida se dio casi mágicamente luego de una charla con Hernán Tuñón, amigo de años con quien hacía mucho que no hablábamos y que, justamente, es un gran guía de pesca en todo lo que comprende el Paraná Guazú. Este río no es sólo un brazo del Delta: es un verdadero templo para los pescadores deportivos. Y esta vez la misión era clara: dar con las grandes bogas de la temporada, esas que ponen a prueba no sólo el equipo, sino también la paciencia y el temple de cualquier aficionado. Para la pesca de bogas necesitamos cañas de entre 1,80 y 2,50 m, reeles frontales o rotativos medianos, con capacidad de carga de hasta 200 m y buen registro de freno. Se las puede tentar tanto con líneas fijas como corredizas, siendo estas últimas las más utilizadas, aunque no siempre las más eficaces. En este pesquero, y para este tipo de pesca, las líneas fueron algo diferentes, ya que buscábamos en mucha profundidad y debíamos dejar el aparejo prácticamente fondeado. Para ello utilizamos líneas con una madre de 80 cm de nylon 0,50 mm, plomo fijo al final y una brazolada de entre 1 y 1,20 m, ubicada a unos 10 cm del plomo. Las carnadas más eficaces son las masas de distintos tipos, gustos y colores; el maíz remojado, chorizo colorado, salamín, corazón vacuno, pulpa de bagre amarillo y varias más que podríamos enumerar. En marcha hacia el Delta Teníamos todo listo: el lugar elegido, el compañero, el guía y la charla previa que nos impulsó a no dejar pasar más tiempo. Salimos junto a Luis Chichi Yáñez muy tempranito desde nuestra querida Lomas de Zamora, haciendo un alto en La Estación del Pescador, la emblemática casa de pesca ubicada en la YPF antes de cruzar los puentes de Zárate. Ah, perdón, antes nos tomamos un rico desayuno y, de allí, saludos mediante con amigos, desandamos los últimos kilómetros hasta la guardería Marinas del Paraná Guazú, donde nos estaba esperando Hernán. Como dije al principio, hacía mucho que no nos veíamos y, con un gran abrazo, comenzamos a recordar viejas épocas, cuando ambos competíamos para diferentes clubes, forjando una gran amistad. Encima, coincidimos en el fanatismo por nuestro club de fútbol, el de la calle Brandsen. Era temprano y ya hacía calor. Nos apuramos a cargar todos nuestros bártulos de pesca y, subiendo a su cómodo trucker, navegamos un rato hasta el lugar indicado: una zona profunda, de unos 17 m, sobre la margen opuesta a los muelles del Pantano. El Piscui, como conocemos a Hernán, buscó su zona preferida y largó el ancla de manera tal que nos mantuviera bien en pesca. No había viento, los árboles nos daban algo de sombra; estábamos como queríamos. Mientras con Chichi armábamos los equipos, el guía cebaba la zona con maíz, arrojándolo con una lata de durazno. Así lo hizo tres o cuatro veces. Encarnamos todos con maíz, tres o cuatro granos por anzuelo y, para no perjudicarnos, tiramos algunas líneas a estribor y otras a babor, siempre buscando el centro del río. La idea era esperar a que el aparejo tocara fondo y verificar que allí se mantuviera; de no lograrlo, había que dejarlo correr un poco hasta que volviera a fondear y quedara firme. Cuando nos disponíamos a desayunar y a seguir charlando de la vida, Chichi tuvo su primer pique, pero lo erró. Habían pasado apenas unos minutos. Recogió para ver cómo estaba la carnada y sólo le quedaba un grano de maíz. Encarnó rápidamente y al agua, pato. De las cañas arrojadas hacia la costa, Hernán vio un movimiento extraño en la punta de la suya. Esperó, tensó y clavó firme. Buena pelea y boga de unos 2 kg al copo para poder izarla y fotografiarla. Así se fueron dando varios piques más y, la verdad, ya nadie erraba: fue un día fortuito, pique visto, pique concretado. Perdón, entre nosotros… yo erré uno, pero me hice el que no pasó nada. También vale contar que pica la variada, así que se pueden obtener bagres amarillos, armados y hasta alguna raya. Sucedió, por eso lo contamos. Cambio de lugar La zona elegida estaba más que relevada, así que levantamos el ancla y nos movimos más hacia la costa, donde hay mucho más enganche debido a los árboles sumergidos. Ustedes dirán: “¿Y para qué vas ahí?”. Es verdad, pero habitualmente en pesqueros sucios suele haber buena cantidad de especies. Con los mismos aparejos y arrojando cerca de la embarcación, sentimos los clásicos piques de boga, esos pequeños tironcitos producto de sus mordisqueos. Clavamos varias, pero nos ganaron las ramas y los enganches: no pudimos sacar ninguna allí. Se acercaba el mediodía, el sol apretaba y, volviendo hacia la guardería, Hernán nos propuso cambiar radicalmente la estructura de pesca: lanzar en lugares bajos, con algo de arena y mejillones. Cambiamos la línea por una corrediza de dos anzuelos, con un plomo entre medio de las brazoladas, y tirando bien pegado a los juncos costeros esperamos los piques, que se dieron con frecuencia, aunque las bogas eran mucho más chicas que las obtenidas en profundidad. Sinceramente, ya estábamos hechos. El calor se sentía y decidimos volver a la guardería antes del mediodía. Fue una pesca exprés, pero muy efectiva. Como corolario final, la pesca fue muy generosa, acompañada de charlas técnicas y otras cuestiones que aportaron al resultado final. Nos pusimos al día tras mucho tiempo sin vernos y cerramos la jornada con varias capturas, que tratamos de fotografiar para mostrar calidad y cantidad. Al bajar de la embarcación, entre charla y charla, sellamos la promesa firme de volver antes de que termine el verano. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.

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