Para Alberto Bernal, economista jefe de XP Investments, el cambio implica una ruptura profunda. “Petro y De la Espriella son agua y aceite. Es como Milei y Cristina”, sintetizó en diálogo con Ámbito. El analista describe al nuevo gobierno como un giro de fondo en la visión político-económica, en la ideología de gestión y en el rol del Estado. El giro económico: ajuste, impuestos y energía De la Espriella recibirá una economía sin crisis macroeconómica clásica, pero con desequilibrios relevantes. En la etapa final de Petro, Colombia evitó una ruptura financiera, aunque con bajo crecimiento, inversión privada débil, deterioro fiscal y una inflación que todavía no volvió a la meta del Banco de la República. Según el Banco Mundial, el crecimiento pasó de 0,8% en 2023 a 1,5% en 2024 y 2,6% en 2025, aunque para 2026 se proyecta una desaceleración al 2,2%. La mejora reciente se apoyó más en el consumo privado y el gasto público que en una recuperación firme de la inversión: la inversión fija bruta cayó 12,8% en 2023, apenas repuntó 0,7% en 2024 y 1,3% en 2025, y volvería a retroceder 0,4% en 2026. Con esa dificultad para sostener la actividad, el frente fiscal aparece como el principal desafío. El mismo organismo advierte que las cuentas públicas se deterioraron, que la regla fiscal fue suspendida para el período 2025-2027 y que la deuda pública llegó al 66,5% del PBI, con spreads EMBI —el índice de riesgo soberano— cercanos a los 310 puntos básicos. Esa base explica por qué Wall Street puede mirar con buenos ojos un giro pro-mercado, pero también por qué el cambio político, por sí solo, no alcanza. La inflación tampoco está resuelta. Según el Banco de la República, el proceso de desinflación se frenó durante 2025 y se proyecta una suba hacia el 6,3% en 2026, antes de bajar al 3,7% hacia fines de 2027. Entre los factores de presión figuran la indexación, los salarios, la demanda, los alimentos y el gas. Bernal traza un paralelo directo con la experiencia argentina. “Creo que De la Espriella se va a copiar mucho de Milei”, afirma. Para el economista, el eje del programa estará en achicar el Estado, mejorar la eficiencia del sector público, bajar impuestos y “hacerle la vida más fácil a los industriales”. Incluso anticipa que podría avanzar con una figura similar a un “zar de la eficiencia económica”, en línea con el rol que ocupa Federico Sturzenegger en la Argentina. La relación comercial con Argentina: superávit bilateral, vehículos y agroindustria El cambio de gobierno puede mejorar el clima político con la Argentina, tras una relación entre Petro y Milei abiertamente conflictiva, aunque sin una ruptura comercial equivalente. Con De la Espriella, el vínculo debería distenderse por afinidad ideológica. Pero eso no implica automáticamente un salto del comercio bilateral. Para Federico Bernini, investigador especialista en comercio internacional, el intercambio mantuvo una dinámica estable, sin señales de disrupción asociada al conflicto político. “La balanza comercial con Colombia fue superavitaria en u$s602 millones en 2025, con exportaciones por u$s917 millones e importaciones por u$s315 millones. Este año apunta a un superávit similar”, señala. La canasta del superávit está concentrada en el sector automotor. “Lo principal en las exportaciones viene del sector automotor, autos y pickups, que explican aproximadamente la mitad de lo exportado”, precisa Bernini. A eso se suman cebada y aceites de soja y girasol. Del lado de las importaciones, el rubro automotor también lidera, aunque solo acumula el 22% del total; detrás aparecen combustibles, café y aceite de coco. Sobre el impacto de la tensión diplomática durante el gobierno de Petro, Bernini no ve cambios relevantes: las importaciones, las exportaciones y la composición se mantienen, a grandes rasgos, como venían. De todos modos, aclara que una mayor afinidad política podría destrabar negociaciones puntuales. “No veo un cambio de 180 grados en las condiciones, pero sí creo que puede haber un alineamiento mayor para destrabar temas sectoriales”, sostiene. El punto central es que ambos países ya cuentan con un acuerdo comercial con desgravación arancelaria para todos los productos y cuotas específicas para el sector automotor. Por eso, una agenda bilateral más fluida pasaría por renegociar esas cuotas para ampliarlas o por reducir trabas no arancelarias: reconocimiento mutuo de organismos de certificación, protocolos sanitarios o intercambio de datos de programas de Operador Económico Autorizado. “Muchos de estos temas son sector por sector. No veo acuerdos súper relevantes, sí mayor fluidez para resolver muchas cosas chicas”, resume. Hacia adelante, las oportunidades para la Argentina podrían aparecer en autos y autopartes, agroindustria, alimentos, productos farmacéuticos, maquinaria, servicios profesionales y cooperación energética. Dependerán, sin embargo, del ciclo colombiano: si el ajuste enfría la demanda, las importaciones podrían resentirse; si la baja de impuestos y la desregulación impulsan la inversión, el intercambio podría ganar dinamismo. En cualquier caso, Bernini remarca que no hubo —ni en un sentido ni en el otro— ninguna medida disruptiva entre los dos países. Bonos, acciones y Ecopetrol: el mercado mira la energía El mercado reaccionó primero como ante un giro pro-mercado. Tras la primera vuelta, el índice MSCI COLCAP llegó a subir casi 7%, el peso y los bonos acompañaron y Ecopetrol trepó más de 8%, impulsada por la expectativa de una política más favorable para el petróleo, el gas y el carbón. Después de la segunda vuelta, en cambio, apareció una toma de ganancias: el COLCAP cayó 4,4% y Ecopetrol retrocedió 8,5%, en un movimiento leído como “comprar con el rumor, vender con la noticia”, pero también como una señal de cautela por el resultado ajustado y las dudas sobre la gobernabilidad. En bonos, el tono fue más constructivo, con subas de entre 2 y 3 puntos en títulos soberanos colombianos y de Ecopetrol tras la sorpresa de la primera vuelta. J.P. Morgan mantuvo una visión favorable sobre los TES —los bonos soberanos colombianos—, incluida una posición larga en el título a septiembre de 2030, aunque redujo su exposición a la deuda soberana externa por los riesgos de transición y la falta de mayoría clara en el Congreso. El mayor foco del mercado, sin embargo, está puesto en la energía. De la Espriella prometió reactivar la exploración, habilitar el fracking y llevar la producción petrolera hacia 1,3 millones de barriles diarios, casi el doble de los niveles actuales: en 2025 Colombia produjo un promedio cercano a los 740.000 barriles por día, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos. La apuesta marca un contraste fuerte con Petro, que frenó nuevas rondas de exploración, y apunta a recuperar confianza inversora, regalías e infraestructura en un país donde las reservas de gas están en mínimos de 18 años. Consultado sobre si el principal upside accionario está en la energía, y en particular en Ecopetrol, Bernal fue contundente: “Sí, exactamente. Va a cambiar la política minero-energética de Colombia. Y ahí el sector debería ver un upside importante, porque bajo Petro fue un desastre total”. Ese giro puede favorecer a Ecopetrol, a los proveedores de servicios petroleros, a la infraestructura energética y a las compañías expuestas a petróleo, gas y carbón, aunque el resultado dependerá de licencias, litigios, oposición social y riesgos de seguridad. Para el vínculo con la Argentina, el giro energético colombiano no implica necesariamente más importaciones desde ese país. Bernini tampoco espera un crecimiento relevante del flujo bilateral en hidrocarburos: “Ellos producen petróleo y nosotros también”. Según su lectura, ambos países podrían fortalecer su perfil exportador hacia otros mercados, pero no necesariamente entre sí. Bernal considera que el cambio abre “oportunidades superinteresantes”, aunque advierte que parte del movimiento ya fue anticipado por el mercado, con baja de tasas, apreciación del peso y suba previa de las acciones. Desde Wall Street, el giro se lee como extremadamente favorable, pero no como un aval automático: el desempeño de los activos dependerá de las primeras decisiones de política económica, de los nombres del gabinete y de la capacidad del nuevo gobierno para enfrentar los riesgos fiscales, políticos, sociales y ambientales. La promesa de cambio ya está en los precios; lo que falta saber es cuánto de ella sobrevive al primer choque con la gestión.
“Como el agua y el aceite”: el giro económico que se espera en Colombia y lo que puede cambiar para Argentina
Date:




