La madrugada del sábado 3 de enero tuvo todas las miradas puestas en el cielo, en medio de lo que fue la acción de bombardeo del gobierno de Estados Unidos sobre la ciudad de Caracas, pero en especial la mirada de quienes fueron testigos de excepción: los niños y niñas que vivieron de primera mano las explosiones que rompieron la tranquilidad de la noche. «Yo duermo con mi mamá y mi tía la llamaron por teléfono y salió al balcón, pero no me dejaba asomarme. Igualito yo veía detrás de ella que explotaba y explotaba y todo se veía neeegro pero de repente se ponía anaranjado pero muy muy muy anaranjado. Después de mi hermano que estaba descalzo y sin camisa me cargó para que me metiera al cuarto con mi abuela y me mandaron a poner los zapatos y un suéter por si teníamos que salir. Pero no salimos porque mi mamá le decía ¿y para dónde vamos a agarrar, tú estás loco?». Naty, 9 años, vive en un edificio en la avenida intercomunal de El Valle, a 6 kilómetros de Fuerte Tiuna. «Yo pensé que eran unos fuegos artificiales monstruosos. Pero mi mamá corría de cuarto en cuarto y despertó a toda mi familia y dijo: ¡Son bombas, son bombas! Ahí sí me asusté y dije para dentro de mi cabeza ‘esta no la cuento’. Menos mal que no nos alcanzaron». Isa, 8 años, vive en El Paraíso, a 3 kilómetros de una comandancia de la Guardia Nacional. «Yo sé que pasaban aviones por arriba y eso sonaba como frrruuuuuummm, pero no se parecía a las películas porque era mucho más fuerte, se sentía que me retumbaba en las orejas y en el pecho». Kevin, 9 años, vive en el sector El Observatorio. «Los niños hicieron un fuerte en la sala, por puro instinto. No se despertaron en la madrugada gracias a Dios porque en el momento no se enteraron, igual cuando se levantaron como a las 7 de la mañana todo era una locura, estábamos sin electricidad, no podíamos usar los teléfonos porque estábamos ahorrando batería y no sabían qué pasaba, así que armaron un fuerte con sillas y sábanas en plena sala y adentro metieron galletas y un botellón de agua». Nailet, mamá de Amanda y Alex, de 8 y 10 años. “¿Por qué lanzaron bombas? ¿Todos nos teníamos que enterar así? Yo creo que no ha terminado aunque mi mamá dice que sí ¿Pero y si esta noche otra vez explotan?». Luciana, 10 años, vive en Santa Mónica, a 5 kilómetros de Fuerte Tiuna. «Mamá, creo que esta noche puede haber kabum kabum porque vi en tiktok que hay un lugar en Estados Unidos donde si se vende mucha pizza es porque va a pasar algo. Y anoche vendieron mucha pizza». Julián, 12 años. «Mi mamá me decía a cada rato ‘no pasaba nada, quédate en el cuarto tranquilo’ pero ella era la que andaba como loca y llamaba a medio mundo. Si en la ventana se veía que Caracas estaba explotando», se refiere a 2024 y no pudimos salir por varios y ahora nos. lanzan bombas y mi mamá dijo que tampoco podemos salir mucho. Como que vivimos en un país explosivo». Daniela, 9 años, vive en El Cementerio, que los conflictos entre Estados, las tensiones diplomáticas, las disputas territoriales, las amenazas militares o los juegos de poder se discuten en mesas donde nunca hay espacio para los niños, las niñas. y adolescentes, aunque sean ellos quienes cargan con una parte silenciosa pero enorme de las consecuencias ««Para la geopolítica, los niños no existen: no votan, no negocian, no representan fuerza económica ni militar. Pero esa invisibilidad no los protegidos al contrario, los deja expuestos es la primera en sentir el impacto: las escuelas cierran sus puertas, los servicios públicos se paralizan, las familias se separan y las viven con miedo. de alto nivel, pero ocurre todos los días», señala. En América Latina se mantiene una tendencia mundial alarmante. A finales de 2024, aproximadamente 48,8 millones de niños han sido desplazados por conflictos, violencia o crisis humanitaria, la cifra más alta en la historia reciente, según Unicef. ¿Cómo hablar con los niños sobre situaciones de violencia? Como adulto, gestionamos nuestras propias emociones. Los niños absorben el estado de ánimo de sus cuidadores. Si nos ven aterrados o descontrolados, sentirán que el hogar es un lugar inseguro. Busquemos el momento adecuado. Elija un espacio tranquilo donde se sientan seguros. «Es normal que te sientas así, yo también me he sentido preocupado, pero estamos juntos». La información debe ser veraz pero adaptada a su madurez: Usa explicaciones simples y concretas. Comparte las medidas de seguridad que se están tomando para protegerlos. Si se escuchan disparos o detonaciones no asomarse a las ventanas o balcones. Conversa con ellos sobre la veracidad de lo que ven y fomenta el pensamiento crítico para evitar el pánico por noticias falsas. que puedan acudir si se sienten en peligro, manteniendo los horarios de comida, sueño y juego les da estabilidad emocional en medio del caos. Nunca termines la comunicación de forma abrupta. Asegúrate de que no se quede con angustia. Recuérdales que están a salvo contigo: Haz énfasis en que tu prioridad es su protección. Recomendamos buscar apoyo psicológico especializado.




