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Thursday, April 30, 2026

Contaminación silenciosa: los salmones nadan hasta 60 % más por drogas en el agua

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La contaminación de los ambientes acuáticos sumó un nuevo y preocupante capítulo: los residuos de cocaína presentes en ríos y lagos están alterando el comportamiento de los peces. Un estudio reciente publicado en la revista Current Biology demostró que los salmones expuestos a estas sustancias pueden nadar hasta un 60 % más de lo habitual, con consecuencias directas sobre su supervivencia. La investigación se llevó a cabo en el Lago Vättern, donde científicos trabajaron con ejemplares de Salmón del Atlántico criados en cautiverio. A estos peces se les implantaron dispositivos capaces de liberar cocaína y benzoilecgonina, el principal metabolito de esta droga, en concentraciones similares a las detectadas en cursos de agua contaminados por actividad humana. El seguimiento mostró un cambio drástico: los salmones afectados nunca lograron adaptarse a su entorno. Mientras que los peces sanos reducen progresivamente sus desplazamientos tras explorar una nueva zona, los ejemplares expuestos a estas sustancias mantuvieron un comportamiento errático y activo de forma constante. El rol de la benzoilecgonina El punto clave del fenómeno está en la persistencia química de los compuestos. La cocaína tiene efectos breves, pero la Benzoilecgonina permanece durante más tiempo en el agua y en los organismos. Este residuo actúa como un estimulante prolongado, alterando el sistema nervioso de los peces e impidiéndoles entrar en fases de reposo. Como resultado, los salmones continúan nadando sin pausa, recorriendo distancias muy superiores a las necesarias. Más movimiento, menos supervivencia Los datos fueron contundentes. Peces sanos: se estabilizaron a unos 20 km del punto de liberación, mientras que los peces expuestos alcanzaron en promedio 32 km, casi el doble de desplazamiento semanal. Este aumento del 60 % en la actividad no representa una ventaja. Por el contrario, agota sus reservas energéticas, aumenta la exposición a depredadores y dificulta la búsqueda de alimento. En términos ecológicos, se trata de una alteración grave de los patrones naturales de la especie. Aunque el estudio se desarrolló en Europa, el problema es global. La presencia de residuos farmacológicos y drogas en el agua ya fue detectada en numerosos ríos del mundo, y plantea interrogantes directos para la pesca, con cambios en los patrones de movimiento del pez. mayor dificultad para ubicarlos y variaciones en el comportamiento de alimentación. En especies migratorias como el salmón, estas modificaciones pueden afectar incluso su regreso a zonas de desove, impactando a largo plazo en las poblaciones. Una amenaza silenciosa Los investigadores advierten que la huella química de las ciudades ya está modificando la biodiversidad acuática. A diferencia de otros contaminantes visibles, estos compuestos actúan de forma silenciosa pero persistente. El desafío ahora es entender cómo estos cambios afectan a todo el ecosistema y qué consecuencias tendrá para la pesca en el futuro. Porque lo que ocurre bajo la superficie no solo redefine la vida de los peces, sino también la relación del hombre con los ambientes que históricamente supo disfrutar. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo.  Suscribite gratis al newsletter  Galería de imágenes

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