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Thursday, April 2, 2026

Copahue: truchas en aguas frías y calientes

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Nos encanta la pesca, pero también sabemos que cada vez más pescadores viajan acompañados por su pareja, sus hijos, familiares o amigos que no comparten esta misma pasión. Y, además, hay muchos aficionados que disfrutan de los complementos que les brindan los lugares que visitan: por ejemplo, pescar en el Alto Paraná o en Mar del Plata e ir a la playa, o pescar en Amazonas y visitar una tribu. Por eso, en un raudo viaje de poco más que un fin de semana, dedicamos un día para conocer un hermoso pesquero de truchas y otro para las termas de Copahue, en una combinación que recomendamos. Salimos de la hermosa Caviahue cuando el reloj apenas marcaba las seis de la mañana. Teníamos por delante algo más de dos horas de viaje hacia un destino del que cada vez se escucha hablar más entre los mosqueros. Acompañados por Luciano Alba, anfitrión y apasionado pescador, emprendimos el camino hacia un rincón del norte neuquino donde la pesca con mosca todavía conserva ese encanto de exploración y de silencio que cuesta encontrar en otros lados. Antes de llegar al lodge Estancia Chochoy Mallín, hicimos la primera parada estratégica: el río Trocomán. La estancia posee más de 12 km exclusivos de este curso de agua que serpentea entre mallines, paredones basálticos y vegas amplias. Equipos y primeros lances Armamos cañas #4 y #5 con líneas de flote, pensando en una jornada de secas, típica del verano patagónico. Y no nos equivocamos. Apenas llegamos, un hatch intenso de caddis cubría la superficie. Truchas arco iris y marrones se iban marcando cada pocos metros, y bastó presentar una Elk Hair Caddis para empezar a tomar peces de excelente calidad. Cuando el hatch disminuyó y el viento comenzó a mover los pastos altos, los saltamontes se volvieron protagonistas. Probamos con distintos atractores y la respuesta fue inmediata: Chubby Chernobyl, Parachute Madam X y hoppers medianos fueron imbatibles en esta sección del río. Casts precisos contra barrancas altas, moviendo erráticamente nuestro atractor, lograban hermosos ataques explosivos a la seca: una combinación difícil de superar. Tentados por las truchas y el paisaje, no podíamos dejar de pescar el hermoso Reñi Leuvú, sorprendente curso de agua donde, ya avanzado el día y con el sol alto, fuimos por set up de dry/dropper de atractor y ninfa lastrada. En este caso, una Copper John tamaño 14 nos dio muy buenos resultados. Probamos también, con éxito, en pozos profundos con streamers lastrados en negro y violeta, con muy buena respuesta, recogiendo en general en forma rápida. Pasado el mediodía continuamos camino a la estancia. Al cruzar la tranquera, el paisaje se abrió de golpe: frente a nosotros, la cordillera del Viento, en su encuentro con la cordillera de los Andes, y en la lejanía del horizonte, el imponente volcán Domuyo, conocido como el techo de la Patagonia con sus más de 4.700 m de altura.  Al llegar al lodge, la bienvenida tiene un valor especial. Es Lorena Nicolás Creide quien recibe a los huéspedes, anfitriona y dueña de la Estancia Chochoy Mallín. Cuarta generación de familia patagónica, su historia personal está profundamente ligada a este territorio. Aquí se respira respeto por la tierra, por los tiempos del campo y por un legado de cuidado que se transmite de generación en generación. No se trata sólo de hospitalidad, sino de compartir una forma de vivir la Patagonia: con identidad, con raíces y con un compromiso genuino por preservar el entorno natural que hace único a este lugar. Primero pasamos por el bar, donde tomamos un delicioso gin tonic elaborado en la estancia. Una delicia para abrir el apetito. Tras una breve siesta –lujo obligado después de una mañana intensa– nos preparamos para la segunda parte de la jornada. El Arroyo Ñireco Un verdadero tesoro escondido: un spring creek cristalino, de estructuras finas, pozones marcados y orillas cubiertas de pastos. Un escenario técnico, íntimo, que obliga a pescar con delicadeza y a afinar cada presentación. Las capturas fueron numerosas, con truchas pequeñas a medianas que respondieron muy bien a secas y pequeños emergentes. Pero el punto más alto del día llegó cuando, luego de insistir en una curva profunda, una arco iris notablemente grande para este tipo de curso tomó la mosca con una sutileza casi ilusoria. Una joya inesperada que elevó todavía más el encanto del Ñireco. Ya entrada la tarde, emprendimos el regreso hacia Caviahue con esa satisfacción que deja la pesca bien lograda. Pero Chochoy Mallín no es sólo un destino para fanáticos de la mosca: es un programa ideal para parejas y familias porque, además de la pesca, ofrece cabalgatas y trekking entre montañas; clases de cocina patagónica; masajes y tratamientos corporales realizados en un antiguo cuarto de adobe restaurado y conservado como parte del patrimonio de la estancia; degustaciones de vinos de la familia Mabellini, productores neuquinos con etiquetas que vale la pena descubrir. Volveremos, porque nos quedaron pendientes más tramos del Trocomán, Reñi Leuvú y Ñireco y, por supuesto, probar un auténtico chivito del norte neuquino, joya gastronómica que ya es parte inseparable de la cultura local. Estancia Chochoy Mallín es ese tipo de destino que combina pesca fina, confort, paisaje y autenticidad patagónica. Un lugar donde las secas vuelan, las truchas toman arriba y cada rincón invita a bajar el ritmo. Un verdadero paraíso para quien busque una experiencia completa, cercana, silenciosa y profundamente patagónica. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.

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