En distintos puntos de la provincia de Buenos Aires, cavas y canteras abandonadas que hoy se encuentran inundadas podrían convertirse en escenarios clave para el desarrollo de la acuicultura y la pesca deportiva. Así lo investiga un equipo del Instituto de Limnología de La Plata (ILPLA, CONICET-UNLP) en conjunto con la Subsecretaría de Minería bonaerense. El objetivo es claro: analizar las características físicas, químicas y biológicas de estos ambientes artificiales para determinar si son aptos para la cría y siembra de pejerrey, una de las especies más emblemáticas del país. Las canteras inundadas son el resultado de la actividad minera. Una vez finalizada la extracción, estos espacios se llenan de agua por lluvias o napas subterráneas, dando lugar a ecosistemas acuáticos completamente nuevos. “Son ambientes con los que la comunidad ya interactúa: la gente va a pescar, a bañarse o a observar aves. Pero sin regulación pueden ser peligrosos”, explica el investigador del CONICET, Javier García de Souza. En ese contexto, el proyecto busca no solo evaluar su uso productivo, sino también ordenar y potenciar su aprovechamiento social, educativo y recreativo. El pejerrey, protagonista de una posible transformación Una de las principales líneas de trabajo es la siembra de pejerrey, utilizando técnicas ya probadas en lagunas pampeanas. El método consiste en la cría de larvas en jaulas flotantes, protegidas por redes que permiten el ingreso de alimento natural como el zooplancton. Tras unos cuatro meses de desarrollo, se obtienen juveniles que pueden ser liberados, favoreciendo la repoblación y generación de ámbitos aptos para la pesca deportiva. Este sistema ya ha sido aplicado con éxito en la cuenca del Salado, y ahora el desafío es adaptarlo a las condiciones particulares de las canteras. Diferencias clave entre lagunas y cavas Los investigadores destacan que estos ambientes presentan características muy distintas a las lagunas tradicionales: Menor superficie: algunas cavas tienen apenas unas pocas hectáreas. Mayor profundidad y paredes abruptas, generadas por maquinaria. Aguas más quietas, sin aportes de arroyos o ríos. Menor producción natural de alimento, como el zooplancton. “Cada ambiente tiene sus ventajas y limitaciones. Las canteras permiten un mayor control, pero requieren ajustes técnicos para compensar la menor productividad natural”, señala el director del ILPLA, Darío Colautti. En esta primera etapa, el equipo analiza 20 cavas seleccionadas de un total estimado de 300 en toda la provincia. Ya se realizaron estudios en zonas como Samborombón, Florencio Varela y el Gran La Plata. Las tareas incluyen muestreo de agua y microorganismos, análisis de calidad ambiental y estudios de profundidad y relieve del fondo mediante ecosondas Estos datos permitirán determinar qué canteras son aptas para la cría de peces y cuáles podrían destinarse a otros usos. Pesca deportiva y ecoturismo: un horizonte posible Más allá de la acuicultura, el proyecto abre una puerta muy interesante: la creación de nuevos pesqueros alternativos, especialmente en zonas donde los ambientes naturales son escasos o están muy presionados. En ese sentido, la siembra de pejerrey podría generar ámbitos controlados para la pesca recreativa, con potencial para el desarrollo de clubes, concursos y actividades familiares. Además, en los sitios que no sean aptos para la cría, se podrían impulsar iniciativas de ecoturismo, senderos interpretativos y para educación ambiental El convenio entre el sistema científico y la provincia permite avanzar en el conocimiento de estos ambientes poco estudiados, al tiempo que fortalece el vínculo con municipios y comunidades locales. “Este trabajo nos permite conocer espacios de los que no había información y pensar en soluciones integrales que combinen producción, ambiente y uso social”, destacan desde el equipo. En una provincia con fuerte tradición pejerreyera, este tipo de iniciativas podría diversificar los escenarios de pesca deportiva, reduciendo la presión sobre lagunas tradicionales y generando nuevas alternativas. Si los resultados son positivos, las canteras inundadas podrían dejar de ser espacios olvidados para convertirse en verdaderos polos de desarrollo pesquero, recreativo y turístico, donde la ciencia y la pesca deportiva encuentren un punto de encuentro sustentable. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter
De cavas abandonadas a nuevos ámbitos de pesca: estudian sembrar pejerreyes en Buenos Aires
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