27 C
Buenos Aires
Sunday, March 1, 2026

Drama social: la crisis de las personas sin hogar en Argentina

Date:

La Ciudad de Buenos Aires es una postal cada vez más cruda. Durante el último año, el número de personas que viven en la calle ha aumentado un 30 por ciento. La cifra surge de la encuesta oficial realizada en noviembre por el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Municipalidad junto con la Oficina de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, una “instantánea” nocturna que contabilizó 5.176 personas sin hogar. De las más de 5.000 personas en las calles, 1.613 dormían directamente en las aceras, en plazas, entradas de estaciones de metro y hospitales, y 3.563 alojadas en Centros de Inclusión Social (CIS), los refugios para personas sin hogar de la ciudad. En noviembre de 2024, se registró que 1.236 personas vivían al aire libre, de ahí el salto interanual del 30 por ciento. Los datos se vuelven más significativos cuando se considera el origen. Casi el 70 por ciento de las personas sin hogar no son en absoluto de la capital del país. Desglosando las cifras, el 39,5 por ciento nació en la provincia de Buenos Aires, el 19,3 por ciento en otras provincias y el 8,2 por ciento nació en el extranjero. Sólo tres de cada diez proceden de la Ciudad. El fenómeno, lejos de ser un problema local, revela una dinámica metropolitana y federal, donde la capital funciona como último recurso para quienes pierden su trabajo, su vivienda y su red de seguridad. Por barrios La concentración territorial es clara. Un 49 por ciento de las 1.613 personas que duermen en las calles se ubican en las Comunas 1 y 3 (los barrios de Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Monserrat, Constitución, Balvanera y San Cristóbal). El corazón administrativo y financiero del país convive así con esta situación devastadora. Se instalan colchones improvisados ​​en galerías, se colocan trozos de cartón en amplios tramos de acera y refugios precarios en las proximidades de hospitales y estaciones. El censo oficial se realiza dos veces al año (en abril o mayo y noviembre) mediante un operativo de 12 horas de duración con 85 equipos compuestos por un conductor, un censista, personal asistencial y un inspector de la Defensoría del Pueblo. A partir de 2021 se incluyeron personas alojadas en albergues y a partir de abril de 2024 se entrevistaron personalmente para mejorar la calidad de la recolección de datos. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, hoy bajo el control del intendente Jorge Macri, sostiene que sus 58 Centros de Inclusión Social, con 4.900 cupos -y segmentación por perfil, familia, edad, problemas de salud mental, uso problemático o incluso personas con mascotas- no están masificados. Sin embargo, el Tercer Censo de Personas en Calle, presentado en la Legislatura de la Ciudad y realizado por más de 30 organizaciones sociales entre el 26 y el 29 de junio a modo de “peinado” territorial durante cuatro días, arrojó cifras mucho mayores: 7.898 personas durmiendo en las calles y 3.994 en albergues, 11.892 en total. De ellos, el 37,9 por ciento se había quedado sin hogar durante el año pasado. Casi dos tercios, el 64 por ciento, reportaron deterioro de la salud y el 80,7 por ciento denunció violencia institucional. La brecha metodológica no oculta la misma tendencia: el crecimiento es sostenido. Causas Las causas de la falta de vivienda combinan factores económicos y de salud. La pérdida de empleo, el empleo precario y los conflictos familiares son los motivos más comunes. De los encuestados, el 45 por ciento llevaba un año sin establecer contacto con sus familiares. Sin embargo, hay otro elemento cada vez más central: los problemas de salud mental. Poco más del 68 por ciento lleva más de un año en la calle y el 31 por ciento reconoce estar en esa situación desde hace más de tres años, hecho que suele asociarse a depresiones graves, adicciones y patologías psiquiátricas que no han sido tratadas. En ese contexto, el desfinanciamiento y desmantelamiento de los programas nacionales de salud de Argentina en los últimos dos años es un factor que empeora la situación. Informes de organizaciones de atención médica advierten sobre un acceso reducido a medicamentos, menos dispositivos y servicios comunitarios y políticas de salud mental debilitadas. Un buen ejemplo es el funcionamiento del Hospital Nacional de Salud Mental Laura Bonaparte, que se encuentra en un estado precario. Muchos pacientes han quedado desprotegidos. Cuando se interrumpen los tratamientos y se retiran las ayudas territoriales, el riesgo de exclusión se multiplica. La calle se convierte en destino y luego en prisión sin muros. Maricruz, enfermera del Hospital Ramos Mejía del sur de la capital, lo describe con una mezcla de profesionalismo y angustia. “Llama la atención la cantidad de gente que viene a dormir por las noches cerca del hospital. Hace unos años teníamos una especie de carpa en la calle Urquiza, luego la quitaron y no venía casi nadie. Pero desde hace meses duermen en los alrededores más de 15 o 20 personas”, explicó. “Algunos se quedan en los pasillos, otros en las sillas del Servicio de Emergencias. Tratamos de atenderlos pero es imposible ayudarlos a todos. Muchos no tienen adónde ir, pasan días sin ducharse y usan nuestros baños para hacer sus necesidades. Hay mucho abandono”, dijo Maricruz. La escena resume la fusión de una crisis social y sanitaria. Solidaridad Esther, una de los 150 voluntarios de la asociación Vida Solidaria, camina por las calles de Buenos Aires con comida y ropa de abrigo. La organización para la que trabaja realiza labores humanitarias, supervisa donaciones y brinda asistencia directa a personas que viven en situación vulnerable. “Uno hace lo que le dice el corazón, pero sabemos que es una gota en el balde. Hay personas que sólo comen lo que les damos. Todas las noches nos encontramos con personas de todo el país que viven al aire libre. Algunos nos cuentan cómo llegaron a esa situación, otros están perdidos como niños sin padres. Esto es perturbador porque son seres humanos abandonados”, dijo. La edad media de las personas sin hogar, entre 20 y 50 años, revela que no es sólo la marginalidad histórica, sino también los adultos en edad de trabajar los que han sido expulsados ​​del sistema. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires recibe en promedio 800 llamadas diarias a la línea directa 108 de alertas sobre personas sin hogar. Se han añadido microrefugios para pasar la noche y lavarse y se han abierto nuevos refugios. Sin embargo, la expansión del fenómeno obliga a adoptar una perspectiva integral que excede la lógica de una emergencia. Ese aumento del 30 por ciento en un año, con siete de cada 10 personas provenientes de fuera de la Ciudad, habla de un tejido económico frágil, de redes familiares rotas y de un sistema de salud erosionado. En las aceras del centro de la ciudad, entre edificios históricos y oficinas acristaladas, la miseria ha dejado de ser la excepción. Se ha convertido en parte del paisaje cotidiano. Cada número del censo es, en realidad, una biografía suspendida. Y mientras los estadísticos discuten metodologías, durante la noche en la ciudad de Buenos Aires se agregan más colchones, mantas o pedazos de cartón al pavimento mientras las personas sin hogar improvisan sus camas para pasar la noche. noticias relacionadas

Share post:

Subscribe

spot_imgspot_img

More like this
Related

El cruce inesperado entre Aníbal Pachano y Nancy Pazos: A mí me mandó a la AFIP

Durante su programa Mirtha Legrand le consultó a Nancy...

Se derrumbó sobre el público el escenario de un boliche en Costanera: heridos y caos

Captura de pantalla Mientras un Dj londinense presentaba su...

Explicador: Puntos clave del paquete de reforma laboral recientemente aprobado por Mileis

La controvertida reforma laboral del presidente Javier Milei, que...

¿Viva la República?

Como defensor de toda la vida de que mi...