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Monday, May 18, 2026

El arte de soltar el control: 4 claves de los expertos para perder el miedo a volar

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Para muchos, armar la valija y llegar al aeropuerto es el inicio de una aventura placentera. Para otros, en cambio, representa el comienzo de un calvario silencioso. El miedo a volar es uno de los temores más extendidos del mundo y, a menudo, se sufre en soledad por una mezcla de vergüenza e incomprensión. Con el objetivo de abordar esta problemática desde una perspectiva humana, Iberia lanzó El Cubo de Otto, un innovador podcast narrativo de 19 episodios (disponible en plataformas como Spotify y YouTube) que combina ficción y divulgación. La producción cuenta, además, con un guiño local: la historia de Augusto (Martín Slipak), un argentino que, atrapado en Buenos Aires por un miedo paralizante a los aviones, intenta vencer sus límites para encontrarse con un amor a la distancia que vive en Madrid (la española Rocío León). Para desarmar los mitos de la aviación y entender qué le pasa a nuestro cuerpo cuando el pasillo se vuelve estrecho, dialogamos con la psicóloga aeronáutica Pilar Moreno y el comandante de Iberia Rafa San Julián. Sus consejos y miradas cruzadas ofrecen una guía indispensable para recuperar la calma a miles de kilómetros de altura. 1. Entender el miedo: el cuerpo bajo alerta Lo primero que se debe asimilar es que el miedo a volar no es una “tontería”. El organismo no está diseñado de forma natural para estar suspendido en el aire dentro de un espacio reducido, por lo que el sistema nervioso central interpreta la situación como una amenaza. La química del temor: “El miedo es un sistema defensivo de nuestro nivel de supervivencia -explica la psicóloga Pilar Moreno-. La respuesta de ansiedad anticipatoria arranca a veces al sacar el pasaje: aparecen las mariposas en el estómago, transpiran las manos y suben las palpitaciones. Es una reacción química e irracional”.  La ilusión de la falta de control: el comandante Rafa San Julián coincide en que la ansiedad nace de magnificar los estímulos por puro desconocimiento. “La persona siente que no controla su vida, que va en un tubo llevado por un señor al que no conoce. Al anticipar en exceso, cualquier ruido, movimiento o turbulencia se magnifica”. El tip de la experta: cuando la zozobra aparezca en pleno vuelo, Moreno recomienda respirar profundamente para relajar el sistema reactivo y usar un mantra racional en voz alta o en el pensamiento: “Esto no atenta contra mi vida”. Repetirse que el avión no es un peligro real ayuda a que el cerebro procese que la interpretación de “amenaza de muerte” es errónea. 2. Desmitificar la máquina: cómo vuela un avión El conocimiento técnico es un enemigo directo de la fobia. Saber por qué las cosas se mueven o suenan le quita combustible a la imaginación catastrófica. ¿Por qué flotan?: “Los aviones vuelan principalmente por la velocidad del aire alrededor de las alas. La carrera de despegue genera ese movimiento y la forma de las alas produce una diferencia de presiones que produce la sustentación en el espacio aéreo”, detalla el piloto de manera sencilla. El mito del tamaño: muchos pasajeros creen que un avión gigante es más seguro ante las turbulencias. Rafa aclara que no es así: “Las turbulencias dependen de los cambios en la intensidad y dirección del viento. Un avión de un solo pasillo se mueve igual que uno transatlántico de dos. Que se mueva no significa peligro; el vuelo sigue siendo el medio de transporte más seguro gracias a sus infinitos controles”. 3. El rol del acompañante: qué hacer (y qué evitar) Viajar al lado de alguien que padece este temor requiere una enorme dosis de empatía. Muchas veces, el entorno empeora el cuadro intentando forzar una calma que el fóbico no puede fabricar. Lo que jamás hay que decir: “No pasa nada”, “controlate”, “no hagas un espectáculo” o “son tonterías”. Según Pilar Moreno, estas frases disparan los niveles de ansiedad: “El pasajero empieza a sentir vergüenza de su propio miedo y se suma el ‘miedo a tener miedo’, que es lo peor”. La estrategia de la distracción: el acompañante debe validar lo que el otro siente y sacarlo del foco de pensar en el avión y el vuelo. “Hay que ayudarlo a respirar, recordarle que están seguros y hablarle de temas completamente ajenos a la situación que están viviendo: una película, crucigramas o un chisme de un conocido. Cualquier cosa que exija atención mental puesta fuera de la cabina”, aconseja la psicóloga. 4. La asistencia a bordo y la diferencia entre “atontar” y “gestionar” Las tripulaciones de cabina están sumamente entrenadas para estas situaciones. “Por cómo entra el pasajero, los tripulantes ya detectan si alguien necesita una ayuda especial o que estemos más pendientes”, explica San Julián. Sin embargo aclara que la asistencia del personal se basa en escuchar y explicar técnicamente qué sucede, ya que no cuentan con medicación psiquiátrica ni ansiolíticos a bordo, los cuales sólo pueden ser recetados por un médico.. Respecto a quienes recurren a psicofármacos para pasar el viaje durmiendo, Moreno es tajante: “Eso no es gestionar el miedo, es atontar la cabeza para no sentirlo. El sufrimiento de ir caminando hacia la manga del avión lo seguís teniendo”. Para la especialista, los cursos informativos y la terapia (esencial si existe una fobia severa o miedo a las alturas) son las únicas herramientas reales para curarse a largo plazo. Vencer el temor permite, finalmente, enfocarse en lo que realmente importa. Como bien concluye la psicóloga, a la mayoría de las personas no es que les fascine el viaje en sí, sino que consideran al avión como el camino natural para alcanzar un disfrute: tener la mirada puesta en el destino es la mejor zanahoria para animarse a despegar. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.

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