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Tuesday, March 3, 2026

El mes de Ramadán: el ayuno como (nueva) oportunidad de reconciliación

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El mes pasado, el presidente estadounidense Donald Trump encabezó la primera reunión de su Junta de Paz en Washington para definir el futuro de Gaza e incluso el (des)orden global actual. De hecho, otros líderes mundiales, incluido el difunto Papa Francisco y Su Santidad Mirza Masroor Ahmad, califa espiritual de la Comunidad Musulmana Ahmadía, habían anticipado esta crisis global y señalaron que, desde hace años, somos testigos presenciales de la Tercera Guerra Mundial, que se puede ver “en pedazos”. Sin embargo, mientras escribo estas líneas, hay más de 50 conflictos armados en el mundo, pero concretamente las guerras en Ucrania y Gaza han ensombrecido la paz mundial. En los últimos años, ambas regiones han ‘contaminado’ el planeta con la sangre de miles de personas inocentes. Las bombas no sólo han hecho estallar las vidas y los hogares de las personas que viven allí, sino también nuestras relaciones, nuestras esperanzas y nuestros sueños de un mundo más humano. En medio de un panorama tan sombrío, ahora hay un rayo de esperanza, especialmente para el mundo musulmán, que está sufriendo las consecuencias de la guerra en sus propias sociedades, ya sea en Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria, Sudán o Irán. Por este motivo, muchos musulmanes esperan con gran entusiasmo el mes de Ramadán, que comenzó la semana pasada y se prolongará hasta el 19 de marzo. Desde tiempos inmemoriales, el ayuno se practica en todas las religiones como medio para fortalecer la espiritualidad y alcanzar la paz interior. Asimismo, el ayuno durante el mes de Ramadán, que es el noveno mes del calendario islámico, es uno de los cinco pilares de nuestra religión. Es un mandamiento obligatorio para todos los musulmanes, aunque se permiten algunas excepciones. Por ejemplo, están exentos quienes se encuentran enfermos o con mala salud, las mujeres embarazadas o en período de lactancia, las mujeres que están menstruando, los niños y adolescentes que aún no han alcanzado la madurez física y quienes se encuentran en viaje. Estos fieles deberán posteriormente recuperar los días en los que no ayunaron o, como expiación, alimentar a una persona necesitada por el mismo número de días perdidos. En esencia, el Ramadán es un mes extremadamente importante en la vida de todo musulmán. Durante este período, uno no sólo se abstiene de comer, beber y tener relaciones sexuales desde el amanecer hasta el anochecer durante un mes, sino que también se concentra en mejorar el estado espiritual y moral. Por esta razón, el Profeta Muhammad (la paz sea con él) dijo: “Dios no necesita la renuncia a la comida o la bebida por parte de una persona que no renuncia a la práctica de la mentira y las malas acciones”. El espíritu del Ramadán, con sus intensas oraciones, la frecuente recitación del Sagrado Corán y su vehemente esfuerzo contra el propio ego, brinda a los creyentes una oportunidad única de experimentar el renacimiento espiritual. El ayuno no sólo requiere que el musulmán soporte el hambre y la sed, sino que también implica que la persona debe distanciarse de todo vicio y maldad. Además, durante este mes se alientan los actos de caridad y generosidad para acercarnos no sólo al Creador, sino también a Su creación, sin distinción de credo o etnia. Así, el Profeta del Islam dio la siguiente recomendación a sus seguidores: “El ayuno es una protección (contra los pecados). Por lo tanto, cuando uno de ustedes esté ayunando, no hable inapropiadamente ni actúe tontamente. Si alguien discute con ustedes o los insulta, digan: Estoy ayunando, de hecho estoy ayunando”. En conclusión, el ayuno no es simplemente una dieta, sino un vehículo para acercarnos a la paz y encontrar el clímax de nuestra vida moral y espiritual. Que este Ramadán sea un punto de reconciliación para cada creyente con su Creador y, al mismo tiempo, para todas las sociedades y pueblos en conflicto. Es mi profundo deseo que podamos sanar nuestras diferencias y que cesen todas las guerras que hoy nos asedian. *Imam Marwan Gill es un teólogo islámico y presidente de la Comunidad Musulmana Ahmadía en Argentina. noticias relacionadas

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