El verdadero saqueo

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*Por Alexis Alzuru Aponte En la calle el malestar crece. El dólar sube. Los salarios se pulverizan. La crisis económica se radicaliza. Muchos dicen que, mientras más se empobrecen, los grandes negocios fluyen. Antes fue Cuba y sus subsidios petroleros. Ahora, las corporaciones americanas, impulsadas por el tutelaje Trump-Rubio, capturarán contratos por un valor bruto proyectado de 22.000 millones de dólares anuales en petróleo, gas y oro, según datos de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y Naciones Unidas (ONU). A ese ritmo comercial y de mercado, esa privilegiada red de empresas MAGA gestionará en tres años y medio un volumen de recursos muy superior a los 70 mil millones que el chavismo desvió a Cuba en un cuarto de siglo, según cifras de la Universidad Internacional de Florida. Cambian los actores, cambian los discursos. Pero el sentimiento de despojo es exactamente el mismo. El saqueo venezolano no comienza cuando Cuba, EEUU o cualquier otra nación sustraen sin cortapisa y sin escrúpulo las riquezas de la nación. Comenzó antes, mucho antes. Terceros Comenzó cuando las élites nacionales posicionaron la tesis de que el destino del país debía decidirse fuera del país. Durante décadas, la política venezolana ha estado dominada por una frase tan simple como devastadora: La culpa es de otro. La utilizaron los gobiernos de la democracia puntofijista para responsabilizar a sus antecesores. La utilizó el chavismo para culpar al imperialismo, EEUU oa las sanciones, de la destrucción nacional. La utiliza la oposición cuando argumenta que sus errores y fracasos son solo una consecuencia más de la naturaleza autoritaria del régimen. En Venezuela, la responsabilidad siempre parece residir en terceros. Y una sociedad que deja de asumir responsabilidad por las consecuencias de sus decisiones termina renunciando progresivamente a su autonomía. Comienza a convencerse de que su destino depende de factores externos. De gobiernos extranjeros, de potencias dizque amigas. De aliados circunstanciales. En fin, de cualquier actor capaz de hacer por ella lo que no se considera capaz de hacer por sí misma. Soberanía perdida Durante años, diferentes sectores promovieron esa idea. Algunos apostaron por Cuba otros por EEUU. Algunos confiaron en alianzas geopolíticas. Otros en las sanciones, presiones internacionales o en una intervención militar internacional. Todos compartían una misma y única premisa: la incapacidad de los venezolanos para expulsar al chavismo-madurismo y reconstruir el país. Pero quien delega su destino en terceros no debería sorprenderse cuando ellos actúan para maximizar, exponencialmente y con exclusividad, sus intereses. Las naciones pierden su soberanía mucho antes de perder territorio y riquezas. La pierden cuando abandonan la responsabilidad sobre sus decisiones. Cuando apellidan el ejercicio de la política. Cuando la personalizan. Cuando sustituyen la deliberación por la obediencia. Cuando reemplazan el pensamiento crítico por la ilusión de que alguien más resolverá sus problemas. La dependencia política ocurre antes que la dependencia económica. Comienza cuando una sociedad deja de considerarse sujeto de su propia historia. Renunciar a la libertad Por eso la discusión fundamental no es determinar si Venezuela fue perjudicada por Cuba, EEUU o cualquier otro jugador externo. La discusión es otra: ¿qué tipo de cultura política permitió y justificó que una parte significativa de las élites y ciudadanos venezolanos consideraran razonable entregar a terceros la responsabilidad de decidir el presente y el futuro de la República? Desde M. Weber sabemos que la libertad política exige asumir responsabilidad por las consecuencias de las decisiones. Igualmente, sabemos, desde Karl O. Apel, que ninguna comunidad puede sostener una convivencia democrática si renuncia a responder por sus actos, decisiones y errores. Venezuela ha hecho exactamente lo contrario: convirtió la responsabilidad en excusa y la autonomía en dependencia. Sin embargo, la ecuación es inequívoca: Renunciar a la responsabilidad implica renunciar a la libertad. Y cuando una sociedad renuncia a su libertad, comienza a aceptar como normal aquello que ninguna nación debe aceptar: que otros la gobiernen, la administren, la interpreten, la piensen. Y, si también lo deseas, la ultrajen. La saqueen. Por eso el mayor saqueo no ocurre cuando otros se llevan los recursos del país. El verdadero saqueo está ocurriendo porque Venezuela, estos truculentos tiempos, ha perdido la voluntad de decidir por sí misma. *** Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores. Del mismo autor: Venezuela sin apellidos

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