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Sunday, November 30, 2025

Estos son los rostros detrás de los sabores de Getsemaní: así las cocineras conservan la cocina tradicional de Cartagena.

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Cada día, con sus manos prodigiosas, como muchos vecinos las describen, Katia Álvarez, una matrona que ha vivido toda su vida en Getsemaní, cocina platos típicos del Caribe colombiano como arroz con coco o cocina de mar. El Callejón Ancho, la calle en la que vive es una de las más concurridas del barrio, tanto de día como de noche, no solo por sus vecinos, sino también por turistas que cada vez más llegan a Cartagena en busca de espacios auténticos para conocer la cultura, las tradiciones y la gastronomía. local.Con su labor, Álvarez asegura que las recetas y la sazón que aprendió gracias a su madre se mantienen vivas de generación en generación. “Desde pequeña veía a mi mamá cocinar y ese fue el legado que me quedó”, recuerda. No está interesada en tener un restaurante; su filosofía se centra en trabajar por y para la comunidad.Con tristeza admite que es una de las últimas matronas cocineras que quedan en Getsemaní, no por decisión propia, sino porque muchas tuvieron que vender sus casas ante el aumento de impuestos y servicios públicos, que con el paso de los años se han vuelto difíciles de costear.Katia Álvarez es una de las pocas matronas cocineras que quedan en el barrio.Foto:Andrea Moreno. CEETDesde pequeña veía a mi mamá cocinar y ese fue el legado que me quedóKatia Álvarez, matrona cocinera que ha vivido toda su vida en Getsemaní.En el documento ‘Diásporas y resistencias: resultados del censo de población y de vivienda en Getsemaní, 2025’, liderado por la Junta de Acción Comunal del barrio, con el apoyo del Instituto de Políticas Públicas Regional y de Gobierno (IPREG) de la Universidad de Cartagena, los residentes encuestados aseguraron que el turismo desbordado les ha traído ruido (72,6 por ciento), alza en los precios de bienes y servicios (70,1 por ciento) y pérdida de identidad (57,8 por ciento). Álvarez recuerda que antes las familias se consideraban como hermanos. “Nos uníamos, hacíamos fiestas en la Plaza de la Trinidad. Sin embargo, de eso ya no queda mucho. Somos muy pocas las personas que aún estamos unidas acá en Getsemaní”, dice Álvarez.Además, de 825 edificaciones en el barrio, casi la mitad se dedica ahora a la hotelería, restaurantes, bares, licorerías y otros comercios, según el documento. Muchas casas de familia, donde se cocinaba arroz con coco y se escuchaban ritmos locales, han sido reemplazadas por hostales y restaurantes de comida exótica. Pese a estos cambios, la vida en Getsemaní continúa, y muchas familias han encontrado formas de adaptarse y mantener activa la comunidad. Según Álvarez, algunos han abierto negocios y, aunque no todos se acostumbran al ambiente festivo que domina las noches de Getsemaní, muchos lo han aceptado, especialmente porque son sus propios hijos quienes lideran estos locales.Foto:Andrea Moreno. CEETContenidoJugar a la peregrina oa la bola de trapo son algunas de las actividades que más extraña Álvarez, así como las reuniones con amigos en la plaza, hoy tan turístico que en las noches casi no se puede caminar.Insiste en que las costumbres locales y el espíritu comunitario no deben desaparecer. Para ella, las matronas siguen siendo fundamentales en la identidad de Getsemaní. Su mensaje a las nuevas generaciones es claro: empaparse de la tradición y la cultura del barrio. “Aquí todavía hay muchas mamás con hijas jóvenes que de pronto pueden hacer lo mismo que quienes estamos en esto”, afirma. A quienes se vieron obligados a irse, les recuerda que Getsemaní siempre ha sido un barrio de unión. “Vendieron presionados por los servicios porque el recibo del agua llegó caro y el de la luz también. Por eso fue que salió de aquí”.Álvarez reflexiona sobre la necesidad de promover espacios de enseñanza para que las pocas matronas que quedan puedan seguir transmitiendo sus conocimientos y que así no se pierda la tradición. A los turistas, en cambio, les pide valorar el barrio que los ha acogido. Vendieron presionados por los servicios porque el recibo del agua llegó caro y el de la luz también. Katia Álvarez, matrona cocinera que ha vivido toda su vida en Getsemaní. Tiene un negocio de chucherías y mantiene las puertas abiertas, una costumbre típica del barrio. Cómoda en medio del bochorno de Cartagena, se mece en una silla, sonríe y saluda a los vecinos que pasan por la calle, contagiándolos con su energía. En un lapso de diez minutos, pasan vendedores ambulantes, grupos de turistas e incluso raperos callejeros que improvisan rimas con quienes se cruzan en su camino. Hace años, Hoayek hacía parte de las matronas cocineras, pero ahora se dedica únicamente a su hogar. Para ella, el barrio significa todo; nació allí, vivió su infancia y guarda recuerdos muy agradables de su juventud.Inés María Hoayek de Torre es una getemanicense de 74 años.Foto:Andrea Moreno. CEET“Nací en la calle Guerrero; después nos mudamos a otro callejoncito. Ahí jugábamos a la peregrina y cuando tenía ocho años, mi mamá me inscribió en el conjunto Malibu, en el que bailaba con los niños”, recuerda. Hoayek afirma que el turismo se ha llevado a muchos de sus amigos. Destaca que Florencio Enrique Ferrer Montero, integrante de la Junta de Acción Comunal, ha organizado reuniones intentando persuadir a los vecinos de que no venden sus casas, aunque admite que “no ha funcionado”. Recuerde que antes se instalaban mesas grandes en la calle, con vitrinas llenas de guisos y otras preparaciones típicas. La gente se sentaba, comía y compartía en comunidad. Esa tradición, sin embargo, se ha perdido. Hoy, todas las noches, las casas de su calle instalan mesas para que los turistas comprendan cócteles, desde mojitos hasta caipirinhas. El sonido de los parlantes, con música de distintos géneros, puede resultar aturdidor para quienes no aman las multitudes. Por eso, en la noche, Hoayek suele ir a la casa de su vecina, donde se sienta a conversar y observar cómo la vida nocturna transforma un Getsemaní que destaca por el arte callejero y su arquitectura.“Dicen que van a construir unos apartamentos para que vuelva la gente. Hoayek.La Plaza de la Trinidad es uno de los principales puntos de encuentro en Getsemaní.Foto:Andrea Moreno. CEETEsta esperanza de los vecinos se refleja en el Plan Especial de Salvaguardia (PES), que incluye acciones concretas para proteger la identidad del barrio: proyectos de retorno y repoblamiento, fortalecimiento de su calendario festivo y preservación de los espacios urbanos y públicos. El objetivo es que plazas, calles y callejones sigan siendo lugares de encuentro, celebración y expresiones culturales, esenciales para la unión social y la identidad barrial.ANGIE RODRÍGUEZ – REDACCIÓN VIDA DE HOY – @ANGS0614ANGROD@ELTIEMPO.COM Conforme a los criterios de

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