El Fondo Monetario Internacional (FMI) situó a Venezuela recientemente en su lista de estados con intensa fragilidad. Esta designación surge después de dos décadas y medios bajo el chavismo y representa no solo un reconocimiento sombrío de la crisis económica y humanitaria, sino también una serie de consecuencias prácticas para el futuro del país. La portavoz del FMI, Julie Kozack, describió la situación venezolana como «bastante frágil» y destacó una crisis prolongada con pobreza elevada, desigualdad marcada y escasez de servicios básicos. El organismo estima una inflación de tres dígitos y una depreciación acelerada de la moneda. Además, calcula la deuda pública en 180% del PIB, sin contar posibles fallos arbitrales por incumplimientos previos. El FMI mantiene una estrategia particular para los Estados frágiles y afectados por conflictos, conocidos como FCS. Venezuela, al formar parte de esta categoría, gana acceso a financiamiento concesional a largo plazo, que incluye préstamos sin intereses y donaciones del FMI y el Banco Mundial. Esta condición actúa como catalizador para recursos similares de donantes multilaterales y bilaterales. Otro aspecto clave reside en el énfasis sobre la reestructuración profunda de la deuda pública. El FMI ofrece respaldo total ante los acreedores. Esto facilita negociaciones y alivia presiones financieras acumuladas. Además, el organismo despliega asistencia técnica masiva; fortalece sistemas nacionales para estimar, diseñar, implementar, monitorear y reportar políticas macroeconómicas y públicas. El economista Omar Zambrano, docente de la Universidad Católica Andrés Bello, en una publicación en X, subrayó que esta clasificación abre una ventana para reintegrar a Venezuela en los mercados internacionales. Asevera que con apoyo del FMI y el Banco Mundial, el país podría reorganizar sus finanzas, ajustar políticas sectoriales y lograr estabilidad. Sin embargo, Zambrano advirtió que se requiere un gobierno creíble para aprovechar estas oportunidades.«La redemocratización resulta esencial, junto con un mandato respaldado por la mayoría popular. Sin estos elementos, las ventajas podrían evaporarse», dijo.Expertos coinciden en que la estrategia del FMI para FCS prioriza un compromiso a largo plazo. Aumenta la presencia en terreno, adapta instrumentos financieros y acelera el desarrollo de capacidades. Venezuela, suspendida de revisiones anuales del FMI desde 2004 y con relaciones pausadas desde 2019, enfrenta un momento crucial. La decisión de reanudar vínculos depende de los miembros y la comunidad internacional. Esta clasificación refleja el costo de las políticas pasadas, al mismo tiempo, plantea un camino hacia la recuperación. El desafío radica en transformar esta fragilidad en fortaleza mediante cambios políticos profundos.




