Nos guste o no, el fútbol profesional está tan estrechamente vinculado con el mundo de la política como cualquier otra actividad pública de masas. Como lo han demostrado los acontecimientos de las últimas semanas, la agitación política no puede evitar inmiscuirse en el juego. Es un fenómeno que tiene una importancia especial en estos días en que Argentina conmemora uno de los períodos más oscuros y trágicos de su historia. El martes se cumple el 50 aniversario del golpe de Estado que llevó al poder a una dictadura cívico-militar bajo el mando general del general Jorge Rafael Videla. Durante siete años, la junta impuso un régimen represivo sangriento, “desapareciendo” a unos 30.000 opositores políticos en centros de concentración repartidos por todo el país. Una de las más notorias fue la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), ubicada en el barrio porteño de Núñez, cerca del Estadio Monumental de River. Los cautivos sobrevivientes en el centro, famoso por ser uno de los lugares desde donde se realizaban los ‘vuelos de la muerte’ (donde las víctimas eran drogadas, atadas y arrojadas desde aviones sobre el Río de la Plata), contaron más tarde haber escuchado los vítores desde el estadio cuando Argentina ganó su primera Copa del Mundo en 1978. Uno de los aspectos más nefastos de esta historia es la falta de información sobre el destino de las víctimas. Incluso 50 años después, en muchos casos el paradero de los desaparecidos sigue siendo desconocido, lo que supone un grado adicional de angustia para sus familias y seres queridos. Recomponer su historia ha sido un trabajo que ha durado décadas y que también ha afectado al mundo del fútbol. La mayor parte de lo que sabemos sobre los futbolistas asesinados durante la dictadura o por grupos paramilitares es gracias al excepcional trabajo del periodista Gustavo Veiga. En su libro Deporte, Desaparecidos y Dictadura, Veiga identifica a 22 víctimas con antecedentes en el juego, mientras que investigaciones posteriores han elevado ese número a 33, una lista que, lamentablemente, es casi seguro que todavía está incompleta. Entre ellos está el portero Antonio Piovoso, suplente de Hugo Gatti en Gimnasia y Esgrima de La Plata en 1973 y estudiante de arquitectura; y Ernesto David Rojas, quien jugó en Gimnasia de Jujuy y fue asesinado seis días antes del golpe. Roberto Santoro era un poeta de profesión, pero una de las voces más elocuentes del fútbol; su antología Literatura de la pelota requería lectura para cualquier aficionado. El 1 de junio de 1977, Santoro fue secuestrado del colegio de Buenos Aires donde trabajaba y nunca más se supo de él. El fútbol también se vio indirectamente involucrado en la matanza patrocinada por el Estado. El 22 de febrero de 1977, un grupo de seis personas fueron forzadas a acercarse a una de las entradas de la casa Cilindro de Racing y asesinadas a tiros. El crimen permaneció indocumentado durante años hasta que el autor Alejandro Wall lo mencionó en su biografía del gran académico Orestes Corbatta, quien caminaba cerca del estadio (que también era su casa) con un amigo Rafael Barone cuando se encontró con los cuerpos. Las identidades de los Fusilados de Racing siguen siendo desconocidas, pero gracias a exhaustivos esfuerzos periodísticos y a los recuerdos de Barone se ha arrojado nueva luz sobre el espantoso suceso, tema de un documental que se proyectó por primera vez en noviembre de 2025. Los clubes de todo el país siguen comprometidos a descubrir la verdad detrás de los crímenes de la dictadura, conmemorando a las víctimas el 24 de marzo de cada año, manteniendo el número de socios de las víctimas y, como en el último caso, colaborando con periodistas y Investigadores criminales en la medida de lo posible para esclarecer atrocidades como las perpetradas contra el Cilindro. Es una tarea larga y ardua, y después de 50 años y tantos pasos en falso, a veces parece que apenas estamos arañando la superficie de lo que realmente sucedió en aquel entonces. Aún así, el fútbol argentino sigue dedicado como colectivo a garantizar que la memoria de esos días oscuros nunca se olvide, y no importa lo que suceda en otros lugares, eso es algo que merece ser marcado y elogiado cada año que pasa.



