Gigantes de la Unen 10: el Río de la Plata se despide con matungos inolvidables

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Qué especie el pejerrey! Siempre nos da un poco más y es por eso que, después de un muy buen relevamiento de su pesca en el estuario del Plata publicado en la revista Weekend anterior, hoy estamos haciendo un final de temporada a todo ritmo. Antes de comenzar con la pesca en sí, podríamos contarles que nuestro querido y muchas veces bastardeado Río de la Plata, en su zona norte, tiene varios sectores donde buscar los grandes pejerreyes que atesoran sus aguas. La gran mayoría de los espacios que ocupan los pescadores tiene un promedio de 3 m de profundidad, como Playa Honda, una zona central del río que reúne varios nombres que el aficionado suele mencionar, como Supremo Entrerriano, Unen 10, Baldiserra, Arbolito y así podría nombrar muchos más. Es un sector común, donde no vamos a encontrar grandes cambios y, en un mismo garete, según el viento y la marea, podemos pasar por varios puntos durante el día. Otros de los sectores elegidos por el pescador en este momento de la temporada son los bancos de arena o de conchillas, como el Banco Bikini, sin cruzar el canal Mitre; Banco del Cientofante y Serrano; zona del refulado, Punta Morán, Banco de los Palos, etc. Como tercera opción vamos a nombrar la profundidad:  la zona del Cementerio de los Barcos, la depresión del Palo 4, el Canal Buenos Aires y La Raja. Son todos muy buenos lugares de pesca, pero en cada uno hay que saber cómo, cuándo y por qué. Lo mío va a ser una opinión más porque, como sabemos, cada pescador tiene su librito. Cuando llegan los meses de final de temporada es muy bueno intentar la pesca en zona de bancos. Es un lugar donde las hembras van a desovar y suele darnos muy buenos resultados, pescando muchas veces con brazoladas un poco más largas que las habituales. Hay aficionados que también los buscan utilizando líneas de fondo. En la zona de Playa Honda vamos a encontrar a la mayoría de las lanchas durante toda la temporada, cuando las condiciones del río son normales, sabiendo que siempre vamos a estar pescando en la misma profundidad durante todo el garete. Otras alternativas Cuando el río está planchado y ni el viento ni la marea alejan la lancha de nuestras líneas, solemos recurrir a los canales profundos, donde vamos a encontrar un poco de movimiento y podremos alejar un poquito nuestros aparejos. Las zonas más profundas las dejamos muchas veces para cuando necesitamos un movimiento mayor en la superficie del río. Todas conjeturas basadas en nuestra experiencia. Nada es tan así y nunca hay dos días de pesca iguales o muy parecidos. Para la pesca del pejerrey en el Río de la Plata hace falta una caña de entre 4 y 4,50 m, que puede ser telescópica o de tramos, y reeles frontales con buena capacidad de nailon de 0,25 mm o multifilamento de 0,18 mm. Si utilizamos nailon es conveniente pasarle flotalíneas la noche anterior. El grosor del multifilamento es aleatorio. Se puede usar más fino y también más grueso, pero tomamos como medida el viento que, si sopla mucho, puede hacernos pasar un mal momento. Las líneas suelen ser de tres boyas, con un cuarto anzuelo al final, o un palito pescador que puede tener uno o dos anzuelos. Hay que tener en cuenta el largo de la caña al momento de armar las líneas. Con una separación de 1,60 m entre cada boya estaríamos bien. Las brazoladas, siempre cortas, entre 5 y 25 cm de largo. La carnada principal es la mojarra viva, pero podemos utilizar mojarras saladas, filet de dientudo fresco o coloreado y, a veces, la lombriz blanca suele darnos alguna sorpresa. Esta pesca del pejerrey la vamos a hacer siempre al garete, regulando la velocidad con un ancla de capa. Debo contarles que esta salida se dio luego de una locura personal, con la cabeza puesta en el Mundial de fútbol y la pasión intacta por la pesca. Así que volví a pescar con Marcelo Tinari, un gran amigo de la vida que me sumó a su lancha para hacer un ida y vuelta rápido y poder traer material para esta nota. Nos acompañaron, también, el Rata de Escalada y Guille, el chef que se está perdiendo algún programa de televisión, todos grandes amigos. En marcha  Con todo listo, nos juntamos en la guardería náutica Sarthou y, con un día soleado en principio, salimos a río abierto con la compañía de Mauro Bittolo, que navegaba a nuestro estribor. La zona elegida fue la Unen 10, por tiempo y por gusto. Seleccionamos un sector y, aminorando la marcha, apagamos el motor, dejando a babor el ancla de capa y soltando cabo para regular la deriva. Armamos los equipos y rápidamente pusimos las líneas en el agua. Tuve suerte. Apenas mi línea recorrió unos 60 m, aproximadamente, la boyita que sostiene el cuarto anzuelo se frenó y se juntó con la tercera. Esperé, traté de alinear el aparejo y, en ese momento, vi cómo corría de costado. Acerté con el cañazo y subimos a la embarcación el pejerrey más grande de la salida. No lo pesamos, pero con seguridad superaba el kilo y, si me dejan, más de 1,200 kg también. Mi felicidad era la del grupo entero, pero la pesca siguió y nadie se quedaba atrás: todos pescaban. Obviamente, las cargadas estaban a flor de piel por algún pique perdido, porque no vimos algún otro o simplemente porque queríamos divertirnos. De la nada, el clima comenzó a cambiar. El sol se tapó y la niebla empezó a quitarnos nitidez en lo que veíamos, pero la pesca seguía firme, espaciada y muy buena, con pescados de excelente calidad. Con Marcelo pescábamos en el open de la proa, y Guille con el Rata lo hacían en la popa. De repente veíamos que alguno sacaba un pejerrey más chico y, cargándolo, lo invitábamos a pasar adelante para ver si sumaba calidad. Hicimos una remontada hasta el punto inicial, con el río un poco más planchado y utilizando como referencia la calle de ceba que veníamos armando. En un momento hubo un enredo y Tinari tuvo que cambiar su línea Messi. Fue su excusa por si no pescaba, pero se dio maña y siguió clavando buenos pejes. Más buenas capturas Por allá, un bulo bien grande debajo de una de las líneas, burbujas, tensión y, ¡pumba!, buena clavada. Esperando con el copo en la mano, pudimos subir otro de los buenos: 50 cm de largo. Había varios de estos. Lo común en ese momento era que, si picaban cerquita de la embarcación, eran pejerreyes chicos, seguramente más atraídos por la ceba. Pero si la lancha lograba alejarse de la línea más de 70 m, había muchas posibilidades de matungos. Ah, para los grandes siempre es bueno, dentro de lo posible, hacer caminar la línea por el costado de la calle de ceba. Otra opinión personal. Llegó la hora del mediodía y nos teníamos que volver. Créanme que en ese momento tenía la cabeza en otro lado: tenía la chance de viajar a ver el partido contra Inglaterra. Juntamos las líneas, acomodamos todo y, a marcha moderada, pegamos la vuelta con una bruma muy espesa, viendo apenas lo justo y necesario delante de la embarcación. Como final de todo lo contado, estoy muy feliz de haber compartido este relevamiento con Marcelo y de poder contarles a todos los lectores un día más de pesca en el río más ancho del mundo. Y ahora que Weekend ya está en la calle y terminó la Copa FIFA 2026, podemos decir muchas gracias Selección Nacional por todo lo que nos diste. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.

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