El Paraná Medio está pasando por muchos altibajos en cuanto a los momentos de pesca. Días buenos y otros no tanto, pero siempre con la fe intacta de que, si lo intentamos, podemos lograrlo. Las lluvias en Brasil y la manipulación de la altura del río atentan directamente contra la pesca deportiva en cuanto a fisonomía de los cauces, variaciones de altura, complejidad en las estructuras de pesca, y todo crea una gran confusión en los peces, que se van moviendo de acuerdo a sus necesidades, las mismas que actúan contra el pescador deportivo que un día encuentra cierta afinidad con el pique pero, a la siguiente jornada, todo cambió para bien o para mal. Con todo esto a cuestas y sabiendo de las dificultades, la gente de Río Lodge, encabezada por Matías Pavoni, su propietario, se propusieron desafiar los comentarios e ir por el famoso hacktrick, o gran slam de la zona, eso se traduce en poder pescar dorados, surubíes y pacúes. Tarea difícil en estos momentos, pero nunca imposible, y menos para ellos que se dedican a promover este tipo de pesca llevando clientes día tras día a recorrer todo el delta Esquinense y mas allá. Tanto Matías, como Natalio Seggioli y Matías Batteria no sólo son guías, sino que se dedican a la pesca competitiva con varios logros sobre el lomo, desde campeonatos nacionales hasta varios torneos metropolitanos, entre otros. Comenzamos con la charla de la posible pesca de estos tres colosos del río Paraná como una diversión, pero por lo visto ellos se lo tomaron muy en serio. La idea era buscarlos bajo la modalidad más adecuada para cada una de las especies. Los dorados utilizando equipos de baitcasting y spinning con cañas de hasta 2,10 m de largo con una potencia de entre 17 y 20 lb (1 lb=0,453 kg). Reeles medianos con una capacidad de carga de 100 m de multifilamento de 40 o 50 lb, y toda la artillería de señuelos básicos para este tipo de pesca. Ejemplos de señuelos Algunos básicos serían bananas Alfers, mojarras NG 90, Raptor Rex, Gozio Bendy 1, Rubí Jerk 7 y 9, Rapala Glidding, Valkiria, Pirayú Pirá, Voraz Banana, y así podríamos enumerar muchos más. Fundamental: llevar artificiales con paleta 1, 2 y shallow, así podemos cubrir todas las profundidades y estructuras que se nos presenten. Para la pesca del surubí la idea era tentarlos con carnada, y si bien podemos hacerlo con los equipos de bait anteriormente enumerados, vamos a agregar cañas de hasta 2,50 m de largo con acción de punta y algún reel que pueda cargar hasta 200 m de nylon o multifilamento, líneas verileras, algunas pasantes y plomitos que vayan desde los 40 a los 100 g. Para la pesca del pacú, tanto sea con artificiales o carnada natural, vamos a elegir equipos de spinning con cañas de 1,80 a 2,10 m de largo y reeles con buen registro de freno cargados con hilo multifilamento de 30 a 40 lb. El sector elegido para realizar este relevamiento fue el delta del riacho Espinillo, tocando parte del Guayquiraro, el Inga y el Ingacito, enormes pesqueros por excelencia y donde está volcada casi toda la experiencia de este grupo de guías profesionales. En una hermosa mañana donde el sol se hacia sentir desde muy temprano, todos los pescadores ya se encontraban en el quincho de Río Lodge probando y degustando las delicias que allí se sirven para arrancar la jornada bien desayunados. Una vez cargados todos los elementos en las embarcaciones y deslizadas cada una de las lanchas en su bajada privada, se fueron formando los grupos y a marcha lenta comenzó la navegación con rumbo sur en busca de las tres especies más renombradas de la región. Los primeros lanzamientos se harían para capturar dorados, y para eso acomodaron las embarcaciones a merced de unas barrancas donde el agua corría con fuerza y se aceleraba aún más cuando chocaba contra alguna punta o desbarrancamiento. La idea es tirar bien pegadito a la barranca y recoger a media velocidad, por lo menos al principio, después eso puede ir variando a más lento o más rápido. No tardó mucho en picar el primero, y fue Matías el que dio la nota con un ejemplar que vendió cara su derrota: saltaba, se mostraba y no quería llegar a la embarcación. Los piques se fueron sucediendo relegadamente, pero siempre con buenos portes a lo largo de toda la barranca. La embarcación comandada por Natalio buscaba dorados también, pero en otro tipo de pesquero: un banco de arena. Allí se pesca de otra manera: se arroja bien lejos el señuelo del tipo slider y se recoge a toda velocidad. Los piques son tremendos, como el que le tocó a este grupo. Vieron cómo un gran dorado perseguía el engaño hasta que se dignó a comerlo. Entonces, clavada y tremenda pelea con un excelente ejemplar de dos cifras. Los señuelos Jerk de Rubí y el Glidding de Rapala fueron las estrellas en este banco de arena. El otro Matías –El Bate–, tampoco se quedaba atrás y, pescando en una sucesión de palos con un tiro muy certero y pasándole por donde debía, logró clavar otro doradazo de dos cifras que no saltaba ni se mostraba, pero cuando lo hizo y se sintió clavado, dejó en claro que era muy grande. Fotos y al agua, como todas las capturas anteriormente mencionadas. En busca del resto del slam Cuando la especie dorado fue desbloqueada, fueron en busca de los surubíes, y para esta especie buscaron algún remanso con unos 6 m de profundidad, que encontraron en la Boca Mala, un arroyo con profundidad que podría regalarnos algún pique. Morenas medianas bien encarnadas, líneas bien acomodadas en el veril y a esperar. Tardó bastante la primera respuesta, pero se dio con un lindo cachorro de unos 8 kg que tomó la carnada y salió raudamente hacia el centro del río. Una vez dominado por el pescador, fotos y al agua también. El día se terminaba y quedaba la pesca del pacú, difícil para estos momentos, pero no imposible. Se hicieron los intentos con fruta, con señuelos, con las famosas bolitas de goma y costó, costó más de lo previsto, peeeero siempre hay un pescador con suerte, que en esta ocasión pudo pinchar un ejemplar al golpe bajo la sombra de un inga, árbol tradicional de la zona. Todo este relato refirió al famoso hacktrick o grand slam propuesto por este grupo de expertos pescadores que, junto a sus clientes, se dispusieron a realizarlo y lo lograron con creces. No puedo dejar de mencionar otra parte de la pesca: buscando dorados en barrancas y palos, también se obtuvieron un par de cachorros de surubí. Pescando lingotes en los bancos de arena, se pudo capturar un pacú de casi 5 kg de peso, que encima vino con un doblete de palometa. Con esto queremos decir que la pesca no es una ciencia exacta, y que muchas veces vamos por una especie y logramos otra, pero de eso se trata este deporte con prueba y error, con aciertos y fracasos. De no ser así, quizás no sería tan interesante. Por eso siempre decimos, lo mejor es estar pescando. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter
Hacktrick en sectores ocultos del Espinillo
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