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Tuesday, January 27, 2026

La corvina de su vida: un marplatense sacó un ejemplar enorme y se lo dedicó a su padre

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En la pesca, como en la vida, hay momentos que llegan cuando tienen que llegar. Roberto Di Giovanni, marplatense de 64 años, lo sabe bien. Desde los 10 pesca acompañado por su padre Aquiles, hoy con 95 años, quien le transmitió no solo técnicas y secretos del mar, sino una pasión que lo acompañó durante toda su vida. Días atrás, Roberto le había hecho una promesa sencilla pero cargada de significado: sacar “algo bueno” y homenajear a quien lo inició en la pesca deportiva. No imaginaba que esa palabra, bueno, iba a quedarse corta. “Estoy de vacaciones en el laburo y aproveché para salir a pescar”, contó Roberto al portal 0223. Durante dos jornadas estuvo en la Escollera Sur, donde dio con algunos pejerreyes. Pero ese día quería otra cosa. “Tenía ganas de comer corvina, así que me vine bien temprano a la Escollera Norte”, relató. Un pique distinto, un peso inesperado A las cinco de la mañana ya estaba en su puesto. Las primeras horas fueron tranquilas, casi sin señales. Recién cerca de las siete logró capturar dos corvinas rubias chicas. El viento comenzó a soplar de frente, la marea se movió y muchos pescadores empezaron a retirarse. Quedaron pocos. “Veo que afloja el nylon y cuando lo agarro siento que venía muy pesado”, recordó. Al principio pensó que se trataba de un chucho, pero a medida que recuperaba línea, la sorpresa fue creciendo. “Cuando le vimos la cabeza, ahí me asombré. Dentro del agua no te das cuenta del tamaño real”. Lo que emergió entre las piedras fue una corvina negra enorme, de esas que muy pocos pescadores pueden decir que sacaron desde costa, y menos aún en una escollera. El tamaño del pez hacía imposible sacarlo solo. Un joven que presenció la escena se acercó y fue clave para la maniobra. “Yo solo no podía, no había nadie pescando cerca. Entre los dos, y con la ayuda de la marea, logramos subirla”, contó Roberto. La escena no pasó desapercibida. Gente que caminaba por la escollera se acercó, sacó fotos y celebró la captura. “En más de 50 años de pescador nunca me pasó algo así. Fue muy lindo. Hay mucho de suerte, pero también algo de práctica”, reflexionó. El destino de un pez inolvidable Después de cargar la corvina en el auto, Roberto no dudó sobre el próximo destino. Pasó por la casa de su padre para que pudiera verla. “Quería que la viera. Esta noche vamos a comer un buen filet y celebrar”, dijo, cerrando el círculo de una promesa cumplida. En tiempos donde la pesca suele medirse en récords y competencias, historias como esta recuerdan que a veces el verdadero trofeo no es solo el tamaño del pez, sino la emoción, la memoria y el vínculo que se renueva cada vez que la línea se tensa. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo.  Suscribite gratis al newsletter 

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