En febrero de 2022 apareció el ya famoso libro “la revancha de los poderosos” del reconocido intelectual venezolano Moisés Naím. Esta publicación, que comprende un análisis profundo y descarnado sobre el deterioro de la democracia en muchos lugares del planeta, se convirtió rápidamente en un referente importante para describir y analizar los fenómenos de deriva autoritaria que se han venido experimentando durante la última década. Con su célebre ecuación de las 3P, polarización-populismo y posverdad, Naím describe las fórmulas que algunos mandatarios han venido utilizando, aprovechando las bondades de las instituciones democráticas, para cooptarlas y ponerlas al servicio del autoritarismo. Ejemplos existen por doquier tal como ha sido evidenciado en los últimos años por los principales indicadores de democracia global como el V-Dem, de la Universidad de Gotemburgo, que mide cinco componentes clave para que un sistema político se considere democrático, a saber: electoral, liberal, participativo, deliberativo e igualitario. Según el V-Dem, el número de Estados que cumple, al menos medianamente, los principios de la democracia, han venido decayendo peligrosamente en la última década. Este dato origina que poco más del 60% de la población mundial habita territorios con gobiernos abiertamente autoritarios o en camino de convertirse en uno de ellos; contrastando estrepitosamente con la gran revolución democrática desatada en diversas regiones a partir de mediados de los años 70 del siglo pasado. Vale decir, que los “poderosos” definitivamente encontraron la fórmula para quitarse de encima los contrapesos y las balanzas necesarias para equilibrar el poder. En consecuencia, esa reaparición del autoritarismo con tanta fuerza luego de décadas de fuerza política popular y masiva que generó mecanismos de control del poder, está teniendo consecuencias dramáticas en la ruptura de los equilibrios globales surgidos, especialmente, luego de la primera y segunda guerras mundiales, sobreviviendo inclusive, al desmoronamiento en los noventa, de la antigua Unión Soviética, que fue pilar fundamental de ese tiempo histórico y de la denominada “guerra fría”. Un mundo por encima de la ONU Hoy, los líderes autoritarios están impulsando un mundo por encima de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y el sistema internacional basado en normas y acuerdos interestatales. El multilateralismo que caracterizó a las relaciones internacionales y que pudo, a través de la diplomacia y el diálogo, evitar o minimizar muchos conflictos entre Estados y entre grupos generadores de terror, por los impulsos autoritarios y los hiperliderazgos de estos tiempos, está en crisis. Ante ello, el mundo está atemorizado y los escenarios de confrontación están superando con creces, a los de cooperación. ¿Cuándo vendrá entonces la revancha de la democracia? En un mundo tan convulso como el que vivimos actualmente, ¿Será posible restablecer progresivamente la democracia en los lugares donde se ha perdido? ¿Será posible ampliar el espectro de influencia de los sistemas políticos democráticos hacia latitudes tradicionales autoritarias? La buena noticia es que la visión de las grandes mayorías en el planeta está alineada con formas de convivencia democrática. A pesar de las limitaciones y las fallas de muchos gobiernos que no han sabido dar respuestas certeras y puntuales a problemas cotidianos de la gente, las percepciones de apoyo a los sistemas políticos democráticos, sigue siendo ampliamente mayoritaria. Aun en los segmentos juveniles, donde en los últimos años han surgido inquietudes y dudas por la balanza de resultados concretos que no satisfacen sus anhelos. Este panorama, aún en medio del caos geopolítico global impulsado por los autoritarismos, nos abre nichos de esperanza para el futuro. Según datos del informe “Reimagining Democracy” realizado en 2024 por Unicef, los jóvenes en realidad no son apáticos, sino más bien, están cambiando las formas de participar en los asuntos públicos. Se manifiesta en el informe que apenas el 4,6% de los jóvenes confía en los partidos políticos tradicionales porque les parecen “estructuras rígidas y lejanas”. En ese sentido, optan por el activismo realizado a través de las multiplataformas digitales, las protestas de calle y el consumo consciente en plena acción directa, más que un simple “trámite electoral”, lo cual ha apuntalado la participación política hacia niveles muy altos asociados a causas específicas, bajándola en los canales tradicionales. Entender la política Los datos del informe, nos indican a claras luces, que, en el fondo, la democracia sigue siendo el gran referente universal de muchos pueblos alrededor del planeta; no obstante, las insatisfacciones que han aparecido en los últimos años y que han servido para la reaparición de los hiperliderazgos autoritarios, tienen que ver con la forma en que se han gestionado los sistemas políticos y la participación en los asuntos públicos. Cuando la democracia se usa para favorecer intereses muy grupales y excluyentes de las grandes mayorías, los resultados suelen ser muy negativos, creándose un caldo de cultivo de descontento popular que sirve en bandeja de plata el escenario, para la aparición del populismo y la polarización exacerbadas mediante la utilización de las modernas técnicas de desinformación que terminan convirtiendo la agenda pública en una sopa de posverdades. Por lo tanto, el tiempo para la revancha de la democracia está posicionado en los imaginarios colectivos de muchos países y regiones. Semejante fuerza popular en la medida que se articule y se conecte gracias a las enormes facilidades de comunicación de estos tiempos, podrá convertirse en contrapeso real a las manipulaciones y distorsiones que los liderazgos autoritarios han venido promoviendo en esta era digital, ganando elecciones y fijando los temas de agenda soportados en el aprovechamiento estratégico de las emocionalidades ciudadanas. Una clave demasiado importante para esa revancha en el horizonte es aprender, conocer y entender la política, como el instrumento más poderoso para generar cambios trascendentales en nuestras sociedades. Aprender de política y economía ayudará sin duda, a discernir mejor los procesos globales, nacionales y locales de los nuevos tiempos. *** Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores. Del mismo autor: Des-orden mundial, migración y comercio



