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Sunday, June 28, 2026

La ruta menos obvia a Martín García

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La Isla Martín García, ubicada en el Río de la Plata entre la Argentina y Uruguay, es un destino atractivo tanto para una escapada de un día como para un fin de semana completo. Se puede acceder en avión particular, embarcaciones propias o mediante servicios turísticos que parten desde Tigre. En caso de realizar la travesía con barco propio, es obligatorio contar con licencia habilitante de Timonel de Yate a Motor. La isla se encuentra fuera de la zona permitida para una licencia de Conductor Náutico, independientemente de la eslora o potencia del motor. En nuestro caso, realizamos el cruce por los Bajos del Temor, ingresando por el canal del Sueco Grande. Esta alternativa exige prestar especial atención a la altura de la marea y al calado de la embarcación. Existen sectores de muy baja profundidad donde la solera del canal es estrecha y debe respetarse con precisión para evitar varaduras. La distancia desde la zona del Delta es de aproximadamente 26 millas náuticas (48 km), con un tiempo estimado de navegación cercano a las dos horas. Este cálculo, claro, depende de la velocidad de desplazamiento y del estado del río, condicionado principalmente por el viento. No es recomendable navegar el Río de la Plata abierto con vientos superiores a los 20 km/h, aunque esto también varía según el porte de la embarcación. Por eso resulta fundamental consultar previamente el pronóstico, especialmente en lo que refiere a intensidad y dirección del viento. Entender cómo impacta el oleaje sobre cada embarcación es clave para decidir si salir o no. Combustible de repuesto  Un punto crítico: en Martín García no hay abastecimiento de combustible. Es obligatorio llevar lo necesario para ida y vuelta, considerando el consumo horario del motor y la capacidad del tanque. Como referencia, puede estimarse un consumo entre el 15 y el 20 % de la potencia del motor por hora a régimen de planeo. El combustible adicional debe transportarse en bidones homologados, con válvula de venteo. Como en toda navegación, pero especialmente en esta travesía, la embarcación debe encontrarse en óptimas condiciones, tanto de casco como de motor. Es imprescindible contar con todos los elementos de seguridad reglamentarios y la documentación correspondiente. En caso de no ser el titular de la embarcación, se requiere autorización certificada por escribano. Respecto del desembarco, la isla no dispone de muelles adecuados para embarcaciones deportivas. Existen dos alternativas. La primera es fondear al borneo y utilizar un bote auxiliar para llegar a la costa. La segunda es embicar de proa directamente sobre la orilla. En este último caso, hay que considerar la variación de la marea: si el agua baja, la embarcación puede quedar apoyada y dificultar la salida. Si no hay ayuda para moverla, habrá que esperar la pleamar. La costa presenta árboles que pueden utilizarse para asegurar la proa con cabos largos, aunque siempre es recomendable reforzar con un ancla clavada tierra adentro. Existe un muelle relativamente nuevo, operativo, pero por sus dimensiones y altura resulta útil sólo para embarcaciones de gran porte. Datos a tener en cuenta en la isla Al arribar, es obligatorio presentarse en Prefectura Naval, ubicada en el muelle principal, donde pueden requerir documentación y realizar controles de rutina sobre elementos de seguridad como matafuegos y bengalas vigentes. En cuanto a servicios, la isla cuenta con un restaurante en el casco histórico, con una oferta variada. Durante los fines de semana y feriados conviene reservar previamente, ya que suele estar completo. La infraestructura de alojamiento es limitada, aunque disponible, y también existe una zona de camping habilitada. Otra modalidad frecuente es la travesía en kayak, generalmente realizada en dos etapas, con pernocte en un punto intermedio. En estos casos, la planificación del descanso y la recuperación física son clave para el regreso. Martín García ofrece varios puntos de interés: la antigua cárcel, el barrio chino, el cementerio con sus cruces quebradas, la pista de aterrizaje y distintas casas-museo. Todo configura una experiencia particular: en apenas dos horas de navegación se pasa del ritmo urbano a un entorno de silencio, historia y naturaleza. No hay restricciones de edad para recorrerla. Sólo hace falta una condición: tener ganas de ir. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.

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