Hay lugares de la Patagonia que parecen haber quedado suspendidos fuera del tiempo. No por abandono, sino por algo más difícil de explicar: una resistencia silenciosa a convertirse en postal masiva. Lago Posadas es uno de ellos. Un rincón remoto del noroeste santacruceño donde el viento sigue decidiendo horarios, donde la geografía todavía impone respeto y donde pedalear no es simplemente avanzar: es entrar en conversación con el paisaje. El valle que contiene a los lagos Posadas y Pueyrredón nació del retroceso de antiguos glaciares. A apenas 180 m sobre el nivel del mar, el clima resulta menos hostil de lo que muchos imaginan cuando piensan en Santa Cruz. Los espejos de agua suavizan los inviernos y generan un microclima inesperado en medio de la inmensidad árida patagónica. Incluso fuera de temporada, cuando el turismo desaparece y las rutas quedan casi vacías, el cicloturismo encuentra aquí un territorio salvaje y fascinante. Llegar no es inmediato, y quizás allí resida parte de su encanto. Lago Posadas se encuentra a 175 km al sur de Perito Moreno, a 73 km de Bajo Caracoles -sobre la mítica Ruta 40- y a unos 330 km de Gobernador Gregores. En el corazón de la escénica Ruta Provincial 41, el pueblo funciona como una especie de bisagra entre mundos distintos: hacia el norte, Los Antiguos y Paso Roballos; hacia el oeste, el acceso a Parque Patagonia en Chile; y hacia el sur, el ingreso al enigmático Parque Nacional Perito Moreno, probablemente una de las áreas protegidas más desconocidas y espectaculares del país. Pero antes de los mapas, las rutas y las bicicletas, estuvieron los primeros habitantes. Mucho antes de que existieran alambrados o estancias, el cerro de los Indios y la Cueva del Puma fueron refugio y punto de encuentro para grupos cazadores-recolectores que habitaron la región durante miles de años. El arte rupestre, los chenques y los antiguos picaderos sobreviven como huellas mínimas en medio de una naturaleza enorme. En ciertos momentos, cuando el silencio se vuelve absoluto y el viento deja de soplar, uno tiene la sensación extraña de que la Patagonia todavía recuerda. La historia moderna también dejó marcas profundas. A comienzos del siglo XX, la Compañía Explotadora del Baker levantó en la zona las instalaciones de la Estancia Posadas: galpones de esquila, almacenes de ramos generales y viviendas para peones. Todavía hoy algunas construcciones permanecen en pie, habitadas por descendientes de aquellos pioneros. La región también quedó atravesada por la violencia de las huelgas patagónicas de 1920 y 1921, inmortalizadas por Osvaldo Bayer en “La Patagonia Rebelde”. Muy cerca de estos caminos escénicos ocurrieron fusilamientos y persecuciones que forman parte de una de las páginas más oscuras de la historia argentina. Con los años, la caída internacional del precio de la lana vació lentamente los campos. Muchas estancias quedaron abandonadas y la Patagonia recuperó parte de su dominio natural. Hoy hay más guanacos y choiques que ovejas. El viento volvió a quedarse solo. En ese escenario, la bicicleta parece el vehículo perfecto. No hay apuro posible en lago Posadas. Las distancias obligan a medir fuerzas, el clima exige humildad y el paisaje recompensa a quien sabe detenerse. Los recorridos suelen tener orientación este-oeste o noroeste, por lo que conviene arrancar temprano: durante la mañana los vientos suelen ser más suaves y, hacia la tarde, muchas veces acompañan desde atrás, empujando como una mano invisible sobre la espalda. Arcos de piedra y lagos imposibles El circuito clásico recorre unos 50 km y ofrece algunos de los paisajes más sorprendentes de Santa Cruz. Desde la comuna -un poblado de menos de 500 habitantes- el camino toma rápidamente dirección oeste. A pocos kilómetros aparece la bifurcación donde la Ruta 95 se interna entre cerros erosionados, bajos secos y formaciones modeladas durante siglos por el agua y el viento. La sensación es extraña: la Patagonia parece cambiar de forma a cada curva. En el mirador del km 13,5 aparece de golpe el Posadas, intenso y azul, encajonado entre montañas. Desde allí comienza una fuerte bajada de ripio con curvas cerradas y pendientes pronunciadas. Cuando llueve, la greda transforma el descenso en un pequeño desafío técnico. Uno de los puntos más impactantes del recorrido es el Arco de Piedra, una enorme formación natural tallada por erosión eólica e hídrica sobre la margen norte del lago. La estructura parece colocada allí deliberadamente, como una puerta hacia otro paisaje. Pero quizás el sitio más conmovedor sea la Cueva del Puma. El acceso no está señalizado y conviene hacerlo acompañado por baqueanos locales. Allí sobreviven pinturas rupestres, aleros y rastros de antiguos habitantes. El entorno tiene algo profundamente primitivo. No sería raro cruzarse con un puma. Y si ocurre, probablemente sea uno de esos recuerdos que acompañan toda la vida. Más adelante aparece el istmo: apenas 200 metros de ancho separando dos lagos completamente distintos. De un lado, el Posadas; del otro, el Pueyrredón, compartido con Chile. Desde arriba parece un accidente geográfico imposible, una línea mínima de tierra dividiendo dos mundos de colores diferentes. Dicen los pobladores que, durante los temporales más fuertes, las olas del Pueyrredón llegan a cruzar hasta el Posadas. En los días calmos cuesta creerlo. El istmo también ofrece sectores protegidos para acampar y contemplar uno de esos atardeceres patagónicos donde el cielo parece incendiarse lentamente detrás de la cordillera. La vuelta se completa cruzando los vados del río Furioso -el puente jamás se construyó- y regresando por la margen sur del lago, más plana y silenciosa. Hay pequeñas huellas que conducen a playas escondidas donde el único ruido suele ser el agua golpeando suave contra las piedras. Mate. Viento. Nada más. Mallín de la Blanca: la Patagonia profunda El segundo circuito, de unos 70 km, se interna todavía más en esa Patagonia vacía que muchos imaginan pero pocos conocen realmente. Desde la Ruta 39 se toma la escénica Ruta 41 rumbo a Paso Roballos. El camino asciende lentamente hacia la cordillera atravesando paredones abruptos, pequeñas salinas, lagunas temporarias y una estepa infinita donde los guanacos parecen observar al viajero con cierta curiosidad distante. El tránsito es mínimo. A veces inexistente. La sensación de aislamiento es total. No hay señal telefónica, casi no existen puntos de agua y cualquier inconveniente obliga a resolver por cuenta propia. Starlink, dispositivos satelitales o sistemas tipo Spot dejan de ser accesorios tecnológicos para convertirse en herramientas de seguridad.Y sin embargo, justamente allí aparece parte del encanto. Pedalear estas rutas es aceptar la escala verdadera del territorio. Entender que la Patagonia no está hecha para el consumo rápido ni para la ansiedad urbana. Hay kilómetros enteros donde lo único que acompaña es el sonido de las cubiertas sobre el ripio y el viento golpeando el casco. Algunas estancias sobreviven apenas habitadas. Otras quedaron abandonadas como esqueletos dispersos en la estepa. Hay que abrir y cerrar tranqueras, cruzar huellas apenas marcadas y estar atentos al clima: si llueve, la greda puede bloquear completamente el avance de la bicicleta. Pero cuando el cielo se despeja y la luz del atardecer cae sobre los cerros rojizos, uno entiende que el esfuerzo tenía sentido. Porque lago Posadas no se recorre solamente con las piernas. Se atraviesa también con la imaginación. Way Points En azul 1 Lago Posadas (comuna) S 47.56535 W 71.74276 2 Bifurcación Ruta 39 S 47.53614 W 71.78207 3 Arco de Piedra (costa del lago) S 47.48579 W 71.80521 4 Cueva del Puma S 47.46580 W 71.79333 5 Istmo (centro) S 47.45022 W71.84081 6 Vados río Furioso S 47.46894 W 71.86506 7 Caracoles Ruta 41 sur S 47.49626 W 71.91754 8 Playita Escondida S 47.53064 W 71.84431 En magenta 1 Camino Inter Estancias S 47.56565 W 71.74282 2 Ruta 41 Centro S 47.56565 W 71.74282 3 Cruce Rutas 39 y 41 S 47.55890 W 71.67845 En verde (otros circuitos) 1 Cañadón del Río Oro S 47.37044 W 71.97434 2 Gend. Nac. Hito fronterizo S 47.22329 W 71.58030 3 Estan. Suyai y L. Pueyrredón S 47.37579 W 71.96749 ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.




