Gubismar González, de 38 años de edad, espera sentado sobre la cera, a solo 10 metros de la entrada del estacionamiento del centro comercial Galería Playa Grande. Mantiene la esperanza viva y la fe intacta de que su esposo Hernán Gil sea rescatado de las más de 140 toneladas de escombros que sepultaron su garita de vigilancia. Hernán, de 43 años y habitante de la comunidad de Arrecife, en Catia La Mar, cumplió con su turno de guardia el pasado 24 de junio, el día que dos terremotos sacudieron a Venezuela y dejaron millas de muertos y un gran número de personas desaparecidas. Los rescatistas suman más de 100 horas de trabajos ininterrumpidas para intentar sacarlo. A pesar del tiempo, el hombre se mantiene lúcido, con energía y con la certeza de que el equipo de profesionales —que realiza esfuerzos sobrehumanos— logrará rescatarlo para que pueda reencontrarse con su esposa y sus hijos. Los ojos del país están puestos en el rescate de Hernán. Para afrontar una labor tan compleja, los especialistas en salvamento más destacados del mundo se encuentran desplegados, apoyados con tecnología y una voluntad férrea para sacarlo con vida. Socorristas de Costa Rica, Portugal, Estados Unidos, Chile, El Salvador y Venezuela suman fuerza para llevar adelante lo que, según afirmaron a Efecto Cocuyo, representa uno de los desafíos más difíciles de sus carreras. La búsqueda la comenzó su esposa Cuando ocurrieron los terremotos, Gubismar se encontró en su casa junto a sus dos hijos, uno de 10 años y otro de 8, quien tiene una condición especial. En esa zona de La Guaira, el doblete sísmico no provocó los estragos que sí se registraron en las parroquias de Caraballeda, Macuto, Urimare y parte de Catia La Mar. Por eso, al ver que su vivienda no sufrió daños, pensó que solo se trataba de un fuerte temblor y mantuvo la calma con los suyos, a pesar de haberse quedado sin comunicación por la caída de la señal telefónica. Hernán siempre ha sido un hombre puntual. Tras culminar sus labores la mañana del 25 de junio, debía llegar a su hogar a las 8:00 am, como era su costumbre. Sin embargo, el reloj marcó la hora y no apareció; una tardanza inusual que preocupó a Gubismar. “Él tenía que estar a las 8:00 de la mañana en la casa. Cuando veo que no llega y escucho a un vecino decir que los edificios de Playa Grande se cayeron, entré en pánico y le dije a un familiar ‘Yo tengo que ir a buscar a mi marido'”, relató Gubismar a Efecto Cocuyo. La mujer no lo pensó dos veces y subió a la moto de su primo, que la dejó frente a las ruinas de las residencias Marine Garden 1, conectadas con el centro comercial. Allí comenzó su búsqueda. El edificio se había desplomado como un acordeón y, aunque la escena era devastadora, jamás cruzó por su mente la idea de que Hernán hubiera fallecido. “Yo llegué y le pregunté a todos los que estaban buscando a sus familiares si conocían al vigilante de la residencia. Pero por la parte de atrás todo estaba tapado de escombros y tierra. Lo único que me decían era: ‘Se quedó tapiado, se quedó tapiado’, y me desesperé”, contó Gubismar. Como pudo, comenzó a remover escombros con sus manos, pero eran demasiado pesados para moverlos por sí sola. En ese momento, las demás familias no pudieron ofrecerle ayuda; cada quien estaba concentrado en la búsqueda desesperada de sus propios seres queridos. Ese jueves, los cuerpos de rescate aún eran escasos en el sector; la mayoría de los que escarbaban eran los mismos habitantes de la zona que habían logrado salvarse. Gubismar vio a un maquinista que intentaba ayudar, pero la demanda de los vecinos era tan abrumadora que el hombre no sabía por dónde empezar ni a quién atender primero. “No sabía qué hacer”, recordó ella sobre la frustración de aquel momento. Al caer la noche, la mujer no desistió y continuó buscando al padre de sus hijos. Para ese momento, los primeros rescatistas y los demás vecinos se habían retirado del sector, pero ella se negó a perder la esperanza. “Yo me metí a gritarle. Le gritaba, ‘si estás aquí, toca’. Yo le decía ‘Gordo’, porque así le digo por cariño, y escuché algo, pero sumamente bajito. Yo decía, ‘está aquí’, pero me sentí impotente porque venían algunos rescatistas y decían que no podía ser que él estuviera vivo, porque todo se cayó y todo quedó tapiado”, relató. La noticia que confirmó su corazón. Tras los intentos fallidos y la frustración de buscarlo sola, Gubismar regresó a casa para asearse, constatar cómo estaban sus hijos y recuperar fuerzas antes de continuar su periplo por las ruinas del edificio donde quedó atrapado su esposo. Fue el domingo 28 de junio, cuatro días después de los sismos, cuando la mujer recibió la noticia que le devolvió el aliento. “A un primo le avisaron que los rescatistas de la Cruz Roja de Costa Rica, de Venezuela y Colombia habían entrado al edificio y escucharon una señal de vida”, dijo. “Yo me sentí contenta; sentí que esa corazónnada era cierta y que él estaba vivo. Tuve la certeza desde el primer momento del terremoto de que mi esposo seguía con vida”, manifestó Gubismar. En casa, su hijo de 10 años estaba triste porque extrañaba a su papá; por momentos le dijo a Gubismar que él sabía que su padre estaba esperando que lo rescataran. Esa fe cobró más fuerza cuando los rescatistas confirmaron que Hernán se había comunicado y había sido hidratado. El hecho de que pudiera ingerir azúcares y realizar sus necesidades fisiológicas se convirtió en un faro de esperanza, ya que son señales de que el organismo de una persona sigue funcionando. Los rescatistas le explicaron a Gubismar que, por el momento, no era conveniente que tuviera comunicación directa con su esposo; una alteración emocional podría desestabilizarlo y convertirse en un obstáculo durante las maniobras de extracción. Sin embargo, el equipo le hizo saber a Hernán que su familia estaba a salvo y en buen estado. Y es que, apenas logró establecer contacto con los socorristas, lo primero que hizo el hombre fue preguntar, con urgencia, por la integridad de los suyos. Un fanático de Critiano Ronaldo En medio de la tragedia que enluta a Venezuela, los trabajos de rescate de Hernán han revivido la esperanza en un país golpeado. Gubismar relató que cuando el equipo de rescatistas portugueses logró entablar comunicación con él, el hombre se alegró tanto que incluso hizo un chiste sobre Cristiano Ronaldo, el icónico delantero de la selección lusa y su jugador favorito. “A Hernán le gustan los deportes y siempre estuvo pendiente del mundial. Cuando hizo el chiste sobre Cristiano, los rescatistas bromearon con él”, indicó. Su esposa lo describe como un hombre de hogar, un padre que disfruta dedicar sus días libres a sus hijos y un amante de las arepas y de la comida que ella le cocina en casa. La familia de Hernán también ha estado atenta a cada detalle del rescate y colabora desde el primer momento con Gubismar, incluso aquellos que se encuentran fuera del país. Los rescatistas están plenamente comprometidos con Hernán. Las labores se realizan con el mayor cuidado, utilizando herramientas manuales para evitar que la estructura que se encuentra sobre él vuelva a colapsar. El equipo técnico, que busca ejecutar una extracción perfecta, trabaja en conjunto para sacar con vida al dedicado vigilante. “Ellos dicen que falta menos, pero quieren hacer el rescate perfecto para no causarle ningún daño”, dijo Gubismar.




