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Sunday, March 22, 2026

Patagonia: a grandes moscas, grandes truchas

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El tamaño importa. Menos es más a veces, pero no siempre. Cuando buscamos imitar pequeños insectos, por ejemplo, debemos ceñirnos a determinado patrón de mosca e incluso ajustarnos lo más posible a forma, tamaño y al color para seducir a una trucha. Pero otras veces más es más y hace bien agrandarse un poco. Tentar a un gran pez con algo grande, apetitoso, excitante y llamativo. Salir de la lógica de la sutileza y entrar al terreno de la ostentación o el exceso, por decirlo de alguna manera.  Recuerdo mis primeros viajes al sur de Chile, allá por los ‘90, con Rafael Guglielmi -referente indiscutido de la pesca deportiva y prestigioso colaborador de esta publicación, desde los inicios de Weekend y hasta sus últimos días-, y de cómo llegábamos a las casas de pesca de Puerto Montt y Puerto Varas a surtirnos de señuelos de spinning que no se conseguían en Buenos Aires. Infalibles los Rapala Countdown Sinking que medían 11 cm y simulaban juveniles de truchas arcoíris o marrones. Con esos mismos artificiales capturábamos cantidad y calidad de truchas y salmones en las Patagonias chilena y argentina en aquellos años. También hemos tenido experiencias personales de agresiones a pequeñas truchas prendidas a una mosca y atacadas por una trucha mucho mayor durante la contienda. Tal cual ocurre con los dorados y otras especies cazadoras. Motivos que nos hacen reflexionar sobre el tamaño de nuestros actuales estrímeres, en ocasiones modestos, acotados a medidas convencionales y a veces buscando achicarlos aún más. Cuando los ejemplos de acometidas a señuelos grandes y a peces de 12, 15 o 20 cm nos indican que las buenas truchas no se andan con chiquitas cuando tienen la oportunidad de lanzarse al ataque.  Invitados por la Secretaría de Pesca Continental y la Dirección de Turismo de la Provincia de Chubut, estábamos pescando el emblemático río Grande, el que nace al pie de la represa Futaleufú, colecta aguas de una enorme cuenca y las conduce hacia el Pacífico chileno. Asistidos por los guías Federico Aimaro y Alejandro Taravello, habíamos embarcado en el sector conocido como Las Torres, cerca de la Aldea Escolar, y estábamos navegando río abajo pescando juntas de agua, juncales, correderas, brazos, pozones, orillas, bocas, veriles y cuanto accidente se nos fuera presentando.   Los equipos más versátiles para este ámbito son los de potencia #6, aunque en ocasiones se puede bajar a un #4 y disfrutar a pleno de la buena población de peces que tiene el río, que van de los 500 a 600 gramos al kilo y medio, y más. Pero, a estar atentos, porque también alberga muy buenos trofeos. En cuanto a líneas, admite las de flote para pescar con moscas secas y ninfas, y también de distinta tasa de hundimiento o de punta de hundimiento (sinking tip), para actuar en cierta profundidad con estrímeres montados en anzuelos sin rebaba (tal lo establece la reglamentación de esta provincia).  Selección de engaños Retomando el tema del tamaño de las moscas, en esta oportunidad nos inclinamos por poner grandes estrímeres como Sex Dungeon, Drunk & Disorderly, Striptease, Predator Tandem e Intruder. Y en esta ocasión las Intruder voluminosas y bien lastradas fueron las que mejor funcionaron con las truchas marrones del río Grande. Esta mosca diseñada en los ‘90 por Ed Ward y Jerry French en Alaska para tentar a las Steelhead y los salmones del Pacífico, resulta muy atractiva también para las truchas. Su volumen, que no se aplasta fácil con la corriente, está dado por sus collares o estaciones, además de sus largas patas de goma que contribuyen a otorgarle silueta, movilidad y ese efecto pulsátil al recuperarla conocido cómo breathing action o acción respiratoria. Todo esto contribuye a otorgarle un atractivo muy tentador, tanto para truchas que están atentas para atrapar un buen bocado como para las que no lo están, pero de repente se les presenta una mosca como ésta invadiendo su espacio vital y a tiro de tarascón, no en vano fue bautizada como Intruder (en inglés=intruso). Después de probar varias estrategias y pinchar algunas truchas menores, logramos dar con las mejores entre los sauces de las orillas. Mediante lances bien arriesgados para que la mosca entre bajo la sombra del follaje, en los huecos de la enramada o en el pasillo que se forma entre la copa de dos árboles y, ni bien toque el agua, comenzar con un estripeo largo y activo, conseguimos los mejores piques. El riesgo pueden ser los enganches, pero el premio, cuando una buena marrón ataca la mosca, bien vale la pena. Usar en estos casos artificiales atados para que naveguen con el anzuelo invertido (con el gancho hacia arriba) minimiza tranques en las ramas sumergidas o en el fondo. Los colores más efectivos fueron marrón, oliva y negro. Habiendo hecho una muy buena faena y antes de terminar la flotada hacia el fin de la tarde, con un río cobrando vida en superficie, cambiamos por líneas de flote en los mismos equipos y nos deleitamos con una entretenida y efectiva pesca de secas grandes.  Aguas quietas La segunda jornada la dedicamos a la laguna Larga, un ámbito exclusivo de truchas marrones, de donde la Secretaría de Pesca Continental, desarrollando una ardua tarea en los meses más fríos del año, obtiene la genética de esta especie de trucha para repoblar ambientes. Trabajos que no ve la mayoría, pero que junto con la fiscalización, el control y el cuidado del recurso, efectúa el personal de esta Secretaría contribuyendo a que la provincia mantenga una notable cantidad y calidad de peces silvestres para la pesca deportiva.  En el agua quieta es otra la historia que en el río. Sin embargo, las truchas son las mismas y la estrategia es seducirlas con algo que simule ser un alimento apetitoso y contundente. Que compense sobradamente el gasto energético que debe hacer el pez para desplazarse, atacarlo y hacerse de él. Así que decidimos seguir con las grandes moscas. El agua superficial, con más temperatura en esta parte del año y un día de mucha claridad, nos llevó a buscar las truchas abajo. Pusimos líneas densas con líderes no muy largos, del orden de los 5 pies, así la mosca baja al ritmo de la línea. En cuanto al tippet, se puede usar algo más grueso aprovechando la menor visibilidad de la hondura, por ejemplo un 1 X y hasta un 0X andan bien. Y las orillas escarpadas y con mucha vegetación de la margen norte –frente a la bahía del Quemado– fueron nuestro destino.  Allí, actuando desde los botes de Fede Aimaro y Ale Taravello, fuimos poniendo los lances a escasos centímetros de la orilla, donde cada tanto salía rauda una marrón a abordar el engaño. Las moscas que mejores truchas nos dieron fueron una Sex Dungeon oliva y naranja, y una Striptease negra.  Concluyendo este relevamiento y este viaje, pudimos reafirmar la cuestión de que el tamaño sí importa y que en esta ocasión más fue más. Cayendo en la cuenta de que el mensaje estaba escrito de antemano en la toponimia de los ambientes relavados. ¿Una premonición? ¿Un indicio? ¿Una señal? No en vano pescamos en el Grande y la Larga.  ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.

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