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Monday, April 13, 2026

Pozo Hondo: el secreto del desierto de Botucatú en Uruguay

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A unos 20 km de Tacuarembó, donde el corazón uruguayo late más en bombos que en comparsas, nos recibe Valle Edén. Nuestro punto de encuentro es el Km 208 de la Ruta 26, ante un paraje con algunas casitas aisladas, un museo emblemático y el óxido del viejo ferrocarril. “Éste es uno de los lugares de mayor biodiversidad de Uruguay, dentro de lo que se denomina Quebradas del Norte”, explica Hugo, nuestro guía. Sus discretos caminos, algunas construcciones en piedra y el tanque de agua de la vieja estación -necesario para el funcionamiento de la locomotora a vapor- sumergen en el pasado. Pero esta geografía se va convirtiendo de a poco en un clásico para los amantes de la naturaleza, especialmente del trekking. Mientras nos va adelantando detalles de la caminata que emprenderemos a Pozo Hondo, Hugo nos habla del icónico puente colgante. Es uno de tantos que hubo en la zona, justamente por sus quebradas y arroyos calmos en apariencia, pero de muy bravas crecidas en días de tormenta. Emparentado al Quillaja brasiliensis, una especie de flora nativa de la zona, el arroyo Jabonería es uno de ellos. Y su historia no es menor: existió una fábrica de jabón a principios de 1900 y aún quedan vestigios que pueden visitarse.  Aproximación Para conocer Pozo Hondo habrá que caminar al menos tres horas. Pero a eso hemos venido. Desde el punto de encuentro enfilamos 16 km al sur al pueblito de Tambores, que tiene la particularidad de pertenecer a dos departamentos: cortado al medio por un boulevard, de un lado es Paysandú y del otro Tacuarembó, lo que suele ocasionarles diversas complicaciones administrativas a los vecinos. Allí comienza de veras el trekking a uno de los principales atractivos turísticos de la zona: Pozo Hondo y su cascada de dimensión única. Pero no es sólo su altura: aún hoy se desconoce la profundidad del pozo, ya que se conecta con el Acuífero Guaraní (la reserva de agua dulce más grande del mundo) y, al estar en un campo privado, las posibilidades de exploraciones y trabajos geológicos son limitados.  Pero Hugo cuenta con el permiso para pasar, un dato no menor. Tomamos el camino vecinal en fila, y el guía nos pone en órbita sobre el paisaje, su flora y fauna nativa en la que, asegura, hay muchas especies medicinales. Los ocho excursionistas andamos un trecho pequeño por campos poco ondulantes, pero al poco rato se pueden ver los desniveles de la Cuchilla de Haedo que, junto a la Cuchilla Grande -cercana a Rocha, en el Este-, son los únicos dos sistemas serranos del país. Caminamos ahora a casi 300 msnm, sorteando algunos árboles y muchas gramíneas, producto de esa altura. Eso permite vistas panorámicas que muestran en la inmensidad algunos animales de cría y algunos charabones (ñandúes jóvenes) reconocidos por su torpeza. “Entre octubre y diciembre hay una paradita migratoria que hacen las garzas blancas y bueyeras, y la espátula rosada. Es un espectáculo en blanco, amarrillo y rosa sobre un mantel verde”, dice Hugo poéticamente.  Sobre y bajo la sierra Luego de recorrer 3 km, llegamos a la entrada a Pozo Hondo. Inicialmente el campo es plano durante unos 700 m, hasta la naciente del arroyo Jabonería, el mismo que cruza bajo el puente colgante de Valle Edén. “Es un curso puro que va serpenteando entre las sierras sin contaminación alguna. Lo hemos comprobado en una experimentación de flotación de 8 km desde Pozo Hondo a Valle Edén, por eso decimos con certeza que el agua aquí es única, realmente cristalina”. Al cruzar la cañada comienzan las rocas y sus plantas medicinales, con un sendero de monte nativo. “Es importante contar que estas piedras son basalto, es decir, lava de hace 150.000.000 de años. Ocurre que este sitio perteneció al desierto de Botucatú, el más grande de América y que ocupó el norte uruguayo y parte de la Argentina y Brasil hasta Rio de Janeiro. Cuando empieza a abrirse paso el océano Atlántico genera que en los volcanes de Rio Grande do Sul se abran grietas y corran ríos de lava que se depositaron sobre la arena durante millones de años. Ese desierto tapado por el basalto es hoy el acuífero guaraní, una de las reservas de agua dulce más importante del mundo”. Después del descanso, la charla y el mate, queda poco camino ya en el final, con la presencia notable de la congorosa (gastroprotectora), la árnica (desinflamatoria) y el arrayán (digestiva), entre otras plantas muy utilizadas.  Ducha o chapuzón Aún en estas fechas, cuando el otoño se presenta a pleno, el agua de Pozo Hondo permite darse el gusto. Puede ser en forma de ducha o pileta, según sea su preferencia. Se trata del agua del Jabonería, que cae abruptamente por más de 15 m con más de 8 de ancho, lo que le da la categoría de cascada más importante del país.  El Mirador del Valle, las viejas vías del tren que evocan el paso de Gardel y los campos verdes hacia el límite departamental, se quedan en la retina como último recuerdo. Además de Pozo Hondo, Hugo guía otros cuatro trekks que valen la pena: A Cueva de los Chivos, su “farmacia a cielo abierto” con dos horas de excursión; a la Gruta de los Helechos, un paraíso verde y salvaje con dos horas y media de caminata; a Las Marmitas, una verdadera rareza geológica; y a Las Piscinas, un conjunto de espejos de agua ideales para el verano.  ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.

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