La temporada taruchera comienza a desplegar su potencial en distintos ámbitos del país, con destinos que ya muestran muy buena actividad y diversidad de portes. Dentro de la provincia de Buenos Aires, pesqueros como Ramallo, Kakel Huincul, San Miguel del Monte, San Nicolás y San Pedro se posicionan como opciones destacadas para quienes buscan anticiparse a los mejores piques, con excelentes escenarios para baitcasting, spinning, fly o carnada natural. Una guía para planificar salidas eficientes en estos primeros compases de la temporada. San Nicolás. En el norte de la provincia de Buenos Aires, vuelve a picar en punta como uno de los destinos más firmes para la pesca de tarariras. Tras dos temporadas sin brillar del todo, este año el escenario cambió por completo: abundancia de agua clara, desbordes activos y lagunas cargadas de vegetación que ofrecen un marco ideal para quienes disfrutan tanto del bait como del fly. A sólo 230 km de la Capital Federal, la ciudad se consolida como una salida cercana y efectiva. En la zona, Gustavo Aliani, guía de amplia trayectoria y habitual referente nuestro, destaca que la pesca se viene dando “en desbordes, en lagunas bajas y vadeando en apenas 30 cm de agua”. Según detalla, la clave está en trabajar “arriba del pasto”, lanzando entre camalotes y gambarrusa, prácticamente a pez visto cuando las taruchas suben a tomar sol. Los artificiales más rendidores son los del tipo antienganche, ranas de goma y con offset a las que el guía suele sumarles una cuchara o hélice para lograr más peso y romper la superficie. También funcionan muy bien los duros de superficie. La pesca es tan visual como explosiva: “A veces no pican de entrada, pero cuando se cansan del ruido… se arma la fiesta”, comenta Aliani, recalcando el temperamento feroz de estas tarariras, que regalan ataques brutales. Además, la especie se vuelve un plan ideal para quienes quieren introducir a los más chicos en la pesca. Con sólo tomarle la mano al señuelo, los principiantes clavan una tras otra, aprovechando sectores literalmente minados de capturas. Todo esto con un plus de confort: la zona de pesca se encuentra a tan sólo 50 m del camping, lo que permite una jornada distendida, segura y apta para toda la familia. El servicio del guía está preparado para tres pescadores a la vez y permite disfrutar de distintas modalidades en un mismo día. Y como si fuera poco, San Nicolás también ofrece la chance de tentar a algún dorado cercano, redondeando una propuesta completa para quienes buscan una salida rápida, bien pescadora y sin complicaciones. Monte. Clásicos hay muchos, pero en la pesca no tantos. Y si hablamos de ámbitos cercanos a CABA donde conviven pejerreyes y tarariras, la laguna de Monte ocupa un lugar histórico entre los grandes referentes bonaerenses. Con el ascenso de las temperaturas, el pejerrey continúa dando lo suyo, pero es la tararira la que toma el protagonismo absoluto cuando la primavera empieza a afirmarse. Gilberto Iroz -reconocida voz del ámbito y con servicio de alquiler de botes en las inmediaciones de la compuerta Las Perdices- ya adelantaba la buena noticia cuando las heladas comenzaban a despedirse. Según explica, los días calmos son ideales porque permiten trabajar con precisión los sectores de vegetación flotante y los refugios naturales donde se esconde la especie. Entre juncales y ortigas, las taruchas acechan en silencio, a la espera de una oportunidad para emboscar. Si bien la carnada natural -mojarras, filets o ranas- rinde sin problemas, la verdadera magia ocurre con los artificiales. La técnica exige puntería y sutileza: lanzar al borde de la vegetación y mover el señuelo lentamente, imitando a una presa herida. Así se logran los ataques más visibles y explosivos, esos que hacen vibrar incluso a los pescadores más experimentados. Con acceso cómodo, servicios múltiples y una pesca que nunca falla, Monte sigue siendo un destino eficaz y perfecto tanto para los fanáticos de siempre como para quienes quieren iniciarse en el mundo de las tarariras. Un clásico que no pierde vigencia. Ramallo. Para alegría de los seguidores de la tarucha, la especie prácticamente no se tomó descanso este año en esta zona, pesquero en el que se mantuvo activa durante casi todo el calendario, con buenas faenas incluso a fines de mayo y, desde los primeros días de septiembre, con salidas memorables. Hoy, la información actualizada que aporta el guía Fernando Rolandi confirma que este clásico del norte bonaerense atraviesa un arranque de temporada muy prometedor. Si bien abundan las tarariras medianas y chicas, también aparecen ejemplares que superan los 3 kg. Durante el inicio del período fuerte –entre septiembre y noviembre– los piques se concentran en áreas con vegetación y estructuras, donde los peces se apostan. En las primeras horas del día suelen rendir muy bien las gomas con cucharas, cuyo destello y vibración provocan ataques inmediatos. Más tarde, con el sol en alto y el agua más cálida, lo ideal es pasar a señuelos anti-enganche como ranas, ratas de superficie o softbaits lastrados, perfectos para trabajar entre la vegetación densa sin enredos. En las últimas semanas, el gran desafío es el nivel del río. Con el agua alta, las taruchas se meten dentro de los campos y la vegetación se vuelve tan abundante que obliga a pescar estrictamente arriba del pasto. Allí todo debe venir planeando sobre la cobertura: ranas y ratas anti enganche que apenas rozan el verde y que ocasionan que muchas veces los peces toman más el pasto que el señuelo, lo que genera una pesca errática y muy visual. Cuando la situación lo permite, alguna goma con anzuelo offset puede bajar unos centímetros, pero son excepciones. Según Rolandi, bastaría que el río bajara entre 20 y 30 cm para que las tarariras regresen a los arroyos y se pueda pescar prolijamente en los bordes, donde se dan las mejores clavadas. La temporada recién empieza, pero Ramallo ya deja en claro lo que se viene: tarariras activas, combativas y en cantidad, en un entorno natural privilegiado y a pocas horas de la Capital. Una escapada ideal para armar sobre la marcha, sin grandes planes logísticos y con la garantía de acción asegurada. San Pedro. Otro destino del norte de la provincia de Buenos Aires vuelve a ocupar un lugar destacado en la agenda taruchera en esta temporada 2025/26. A pesar de las mañanas frescas, la pesca se está dando muy bien con ranas antienganche trabajadas sobre la vegetación, ranas con hélice o cuchara que bajan apenas unos centímetros, y también con señuelos duros que se sumergen entre 30 y 40 cm, además de algunos modelos de superficie. La clave está en los desbordes del río Las Lechiguanas y las pequeñas lagunas que, al cierre de esta nota en la edición papel de diciembre, aún conservaban buen nivel de agua gracias a las últimas lluvias, pero que irán desapareciendo con la llegada del verano. Los portes varían desde los 500 g hasta los 2,5 kg. Eso sí, temprano la actividad es baja: el frío de la mañana complica los piques, pero cuando el sol calienta, la tarucha se activa con firmeza. Históricamente, San Pedro fue un reservorio emblemático para la pesca de tarariras, especialmente en la intrincada y fascinante zona de Las Lechiguanas, cruzando el Paraná frente al casco urbano. Aunque no es un lugar de acceso sencillo, pescadores locales, aficionados de ciudades vecinas y verdaderos fanáticos de la especie nunca dejan pasar la oportunidad de visitarlo al menos un par de veces por temporada; otros incluso lo hacen con mucha más frecuencia. Néstor Burí —referente local y habitué de estas aguas desde hace décadas— confirma que este año las tarariras volvieron a mostrarse en cantidad y con ganas. Tras los altibajos del Paraná y una sequía que complicó seriamente la pesca, el regreso del agua también trajo de vuelta los piques. Se trata de un ámbito donde la devolución es fundamental, no sólo por ética deportiva sino porque el recurso tarda en reponerse cuando los ciclos hidrológicos son irregulares. En cuanto a técnicas, las gomas, ranas, lipless y softbaits son los grandes protagonistas, ideales para explorar zonas densamente vegetadas sin engancharse. San Pedro es, sin temor a equivocarnos, otro de los cinco destinos más que interesantes para los amantes de la pesca de tarariras. Y para quienes viajan en familia, suma un atractivo extra: una ciudad con múltiples actividades, buena gastronomía y todo el confort necesario para complementar una jornada de pura acción en las aguas del Paraná. Kakel Huincul. Ubicada en el partido de Maipú, a 260 km de Buenos Aires por la Autovía 2, vuelve a estar en boca de todos (ver Weekend Nº 638). Entre bañados, desbordes y canales que duplican su superficie cada vez que cae una lluvia generosa, la laguna muestra hoy un nivel de agua como hacía años no se veía. No existen mediciones precisas de su cubeta, pero supera sin problemas las 3.000 hectáreas, con profundidades que oscilan entre los 2 y los 4 m. Sus aguas dulces, claras y oxigenadas son hábitat de pejerreyes, dientudos, bagres, carpas y, por supuesto, de la gran protagonista de esta nota: la tararira, que desde octubre arrancó con una actividad notable. El predio ofrece servicios acordes, un camping que cuenta con un muelle de más de 200 m, dormis, cabañas, fogones y proveeduría, convirtiéndose en una opción atractiva para quienes quieran pasar un día completo o incluso quedarse a disfrutar del aire libre. En materia de pesca, Kakel viene pagando muy bien. Con carnada natural –mojarra, filet o incluso ranas– y también con artificiales. Spinners, gomas anti-enganche y ranas de superficie permiten trabajar sectores inaccesibles para otros señuelos, generando ataques explosivos a metros de la embarcación. El excelente caudal no sólo favoreció el ambiente principal, sino también los desbordes y una cava externa, donde la pesca también se puso muy firme. Sin embargo, el gran momento trae consigo un costado preocupante: la fuerte presión de pesca, especialmente fuera del predio. En redes sociales se multiplicaron imágenes indignantes con decenas de tarariras muertas, una muestra clara de la depredación en zonas sin control, justo en un ámbito que viene recuperándose en las últimas temporadas. A pesar de todo, Kakel Huincul confirma una vez más por qué muchos la consideran la patria bonaerense de la tararira. Un pesquero de gran calidad, con acceso cómodo, entorno natural y una actividad sostenida que promete un verano excepcional gracias al óptimo nivel de agua que hoy presenta. Un destino para agendar sin dudar. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter En esta Nota
Tarariras: 5 destinos para empezar el verano
Date:



