Luego de un largo período de inactividad debido a una gran sequía en la zona, volvimos a relevar en Agustina, partido de Junín a la laguna Mar Chiquita. En este momento el ámbito se encuentra muy bien poblado de pejerreyes de todos los tamaños, lo que aumenta las esperanzas de tener una buena población durante bastante tiempo. Este gran espejo de agua llegó a tener 22.000 hectáreas de superficie con casi 6 m de profundidad; hoy en día tiene alrededor de 11.000 ha y, en algunos sectores, apenas 2 m de hondura. Esta pequeña introducción es para tener en cuenta que durante casi siete años estuvo seca y hoy, gracias a la afluencia de otros cauces, podemos contar con un nuevo viejo pesquero de pejerrey. En esta oportunidad nos comunicamos con Francisco Pancho Tornatore, un gran conocedor del ámbito y mejor persona, con amplios conocimientos de pesca y todo lo que hace al día completo de cada pescador. En la primera conversación, nos contaba de su alegría por la recuperación de la laguna y por la gran cantidad de pesca que se venía dando hace unos meses, con pejerreyes que superaban la medida mínima de 25 cm de largo y la posibilidad concreta de cubrir la cuota por pescador de 25 ejemplares de medida en un corto plazo. Charla va, charla viene, pusimos una primera fecha para realizar este relevamiento, pero tuvimos que suspender por la lluvia, así que arreglamos para los primeros días del mes de mayo y así fue. En esta oportunidad me acompañó Mariano Acuña, quien se desempeña en varios ámbitos de la actividad y es muy buen pescador. Para este tipo de pesca preparamos cañas telescópicas o de tramos entre 4 y 4,50 m de largo, reeles frontales o huevitos según la preferencia del pescador, cargados con hilo multifilamento de entre 0,16 y 0,18 mm, o bien nylon monofilamento de 0,25 a 0,28 mm. Las líneas fueron armadas con boyas de madera balsa y en diferentes colores y modelos, como pueden ser: Criterio N° 5, N° 20, N° 8 y N° 15. También podríamos usar las Cribal N° 219-1, N° 230 o 220-0. Solamente para definir colores según momentos del día, deberíamos usar los claros como el verde limón, blanco o combinados tipo bandera española cuando tenemos el sol de espalda. En cambio, cuando tenemos el sol de frente, todos los colores se nos van a dificultar para verlos, pero lo más aconsejable sería usar negro, fucsia o naranja, en lo posible en tonos mate. Las carnadas más utilizadas son la mojarra viva o salada y el filet de dientudo fresco, o bien seco y coloreado. Habiendo coincidido en el día para este relevamiento, nos juntamos con Mariano bien tempranito una mañana y, desandando la Ruta 7 hacia Junín, fuimos charlando y llenando el auto de escamas, contando diferentes anécdotas de pesca mientras pasábamos el tiempo contemplando el amanecer. A mitad de camino paramos a tomar un café con leche y con las primeras luces del día llegamos al pesquero Llovet, donde nos esperaban Pancho y su trucker. Este reconocido pesquero de la laguna tiene un excelente acceso, muy bien cuidado y una bajada muy segura hacia las embarcaciones. Saludamos a los muchachos del lugar y despacito fuimos cargando todos los bártulos en el trucker. El cielo estaba todo tapado, amenazante, pero nada que pudiera arruinarnos el día de pesca. Salimos con un viento leve hacia el centro de la laguna a marcha lenta y créanme que no nos daba la vista para ver la cantidad de bulos en superficie que producían los pejerreyes a nuestro paso y en el más allá, brindando un espectáculo único. Ah, no sólo eran bulos, sino que muchos juveniles saltaban fuera del agua. Primeros lances Llegados al centro de la laguna, arrojamos un muerto al agua para comenzar lo que sería un leve garete para recorrer los primeros metros de nuestra pesca. Armamos todos los equipos, encarnamos con una mojarra por anzuelo, de cola a cabeza, y lo que pensábamos mientras llegamos sucedió: la línea no alcanzó a alejarse 10 m que ya teníamos el primer pejerrey a bordo, de medida, nada extraordinario. Así se fueron dando pique tras pique, perdiendo algunos porque, suponemos, el anzuelo o la carnada eran grandes y no podían meterlo todo en la boca, o bien porque nosotros, los pescadores, manqueábamos, como se dice habitualmente. En este momento pensamos en achicar anzuelos y carnada, pero el día recién comenzaba y había mucha laguna por recorrer. Levamos ancla y enfilamos hacia la costa oeste del espejo; el viento iba en franco descenso y las nubes negras se apoderaban del cielo. Misma situación: líneas al agua y mi compañero, que parecía un perro pointer marcando las boyas, cerró el pick up del reel, dejó desplazarse la boya del medio unos centímetros y, con un cañazo certero, logró un lindo ejemplar: superaba los 30 cm de largo. Después le tocó a Pancho que, con una línea de boyas tipo cometa bicolor, venía teniendo mucho pique. La pesca se repetía: líneas al agua, pequeño recorrido y pique constante, muchos dobletes también. Decidimos volver a movernos y navegamos hacia la desembocadura del río Salado buscando algunos sectores más bajos para ver si estaban los pejerreyes más grandes. En la primera parada el pique había mermado un poco y los dientudos, a laguna planchada, se estaban haciendo un festín con nuestra carnada. Más y más piques Volvimos a movernos y esta vez me tocó a mí tener una seguidilla de buenos piques con portes un poquito más grandes; el mejor llegó a 36,5 cm de largo. Mis compañeros se querían copiar mi forma de pescar, mi manera de encarnar y demás, pero los tranquilicé cuando les dije que los portes más grandes son suerte, que sólo había que tener las líneas bien encarnadas en el agua y esperar. La amenaza del cielo se cumplió y empezó a caer una leve llovizna. Volvimos a mudarnos de sector y, pasando cuidadosamente entre unos palos de algún corral hundido, aparecimos en una bahía donde lo único que se veía eran bulos en superficie. El pique jamás mermó, siempre fue para más y nosotros queríamos seguir recorriendo nuevos lugares para relevar más momentos de la laguna. Ya la lluvia se hacía sentir y mucho no me gustaba; mis compañeros me arengaban que era sólo pasajera, no les creí. Seguimos pescando un rato más, pero ya volviendo hacia el pesquero y tocando la costa sur de la laguna, donde había un par de botes probando anclados muy cerca de la orilla. Misma situación: apoyaban las carnadas en el agua y, contando hasta 10 como máximo, las boyas se separaban para cada lado acusando piques continuos; algunos eran de dientudo, pero la mayoría pejerreyes. Me ofrecieron una campera para cubrirme de la lluvia, pero mi negativa fue rotunda. Teníamos la cuota ampliamente cubierta, la laguna relevada en casi toda su totalidad, ¿para qué mojarnos? Qué buena noticia poder decir que la laguna de Agustina ya se encuentra totalmente recuperada y que nos espera con los brazos abiertos para rememorar aquellos viejos tiempos. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza? Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo. Suscribite gratis al newsletter.
La revancha del pejerrey en Agustina
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