El canal que conecta al pequeño Mar de Azov en el norte con el gran Mar Negro en el sur está oficialmente habilitado para el tráfico marítimo. Por otra parte, Ucrania ha apostado a interrumpir la salida del grano ruso desde limitar la disponibilidad de gasoil a la cosecha hasta la salida de los barcos. Los bombardeos a las refinerías han obligado a Rusia a prohibir la exportación de gasoil y las colas se han vuelto norma en las gasolinaras. Eso también genera la posibilidad de subas fuertes del gasoil globalmente, con el petróleo arriba de US$ 100 por barril, limita la posibilidad de aumentos futuros en las áreas agrícolas. El escenario actual fue muy temido en 2022 y disparó al trigo en aquel entonces desde US$ 200 a US$ 300 y más la tonelada al desatarse la invasión, pero luego ambos bandos respetaron las ventas de granos del otro. Los dos precisaban facturar para sostener el esfuerzo bélico. En este momento el salto de precios del trigo en el mercado internacional está a medio camino. Ha subido de los US$ 200 a US$ 260. Pero es difícil saber cuánto más puede subir. Pero al lograr Ucrania una supremacía aérea a través de sus drones comenzó a demoler las refinerías rusas y en el último mes a hundir sistemáticamente sus buques. Eso en un año de cosecha desastrosa de EEUU, que tiene la menor área triguera desde 1871, y en año Niño de alto precio de fertilizantes. En ese marco, la ola de calor que arrasó al sur de Europa aniquiló parte del trigo en su fin de ciclo y una proporción récord del maíz que está achicharrado en floración. Mientras parecía que el asedio sobre el estrecho de Ormuz se levantaba, los mercados mantuvieron la calma, pero otro componente de esta tormenta perfecta es que la guerra en Irán está más intensa que nunca. Durante la Expoactiva manifestamos nuestra preocupación, porque al ser un conflicto existencial para Irán y su gobierno, y el elevado misticismo chií, podía ser una guerra prolongada y disruptiva. Y así viene siendo. Como la de Ucrania, quien la iniciativa espera que sea cuestión de días, pero la disponibilidad de millas de drones prolonga las capacidades defensivas. Lo novedoso de la situación es que las alteraciones climáticas y geopolíticas se retroalimentan. Con un Niño récord, los productores brasileños y australianos interpretaron correctamente el muy alto riesgo y redujeron área. Al ser un cultivo fuertemente dependiente del costo del nitrógeno y el gasoil, la sumatoria de riesgos reduce la oferta. En Australia El Niño aumenta la probabilidad de sequía, mientras que en Río Grande del Sur la de lluvias excesivas. Particularmente vulnerable es la situación del sur de Brasil donde las lluvias copiosas ya han comenzado y la producción prevista que ya era baja se ha ido recortando aún más. Si la suba del trigo es importante en lo que va de julio por su magnitud, también lo es por el momento del año en el que sucede. Está terminando la cosecha en el hemisferio Norte y el precio sube, cuando teóricamente es el momento de mayor oferta. Cuando la cosecha cese, si los conflictos siguen y el Niño golpea, es difícil que los precios bajen. Otros factores han incidido en esta suba: EEUU tiene la menor área sembrada de trigo desde el siglo XIX, y tampoco ha tenido buenos rendimientos. La ola de calor y la sequía en zonas del Este de Europa también han acortado la oferta de trigo europeo. En un mundo pacífico el trigo suele tener un precio estable. Como en el arroz, los productos de consumo más básico, energético, tienen una demanda estable. La población humana crece a menor ritmo, la productividad ha mejorado. Tras la crisis de precios de 2008, que desató la primavera árabe, los países han apostado a tener más grano en stock. Mantener un precio accesible para los tres cereales fundamentales; trigo, maíz y arroz, es fundamental para mantener la paz social. El stock mundial de trigo no es bajo, al menos hasta la proyección de junio del Departamento de Agricultura de EEUU, la expectativa a mediados del año próximo es de reservas por 272 millones de toneladas, un tercio del consumo mundial. Un stock podría decirse adecuado. Pero estas situaciones de turbulencia llevan a compras por parte de los países importadores que los pongan a resguardo de recortes adicionales, futuras subas de precios u otros imprevistos. La situación es una muy buena oportunidad para Argentina, donde tras la gran cosecha pasada y con una relación amistosa con el gobierno, el área casi no ha bajado. El Niño golpea menos en las zonas trigueras argentinas. Menos trigo en Uruguay todavía Aunque no hay datos oficiales, se sabe que los productores uruguayos con toda lógica bajaron el área de trigo para priorizar la siembra de oleaginosas. Al momento de sembrar estaba el dato de un Niño fuerte, pero no de un precio alto. Se sabía que podía subir como consecuencia de la guerra y la suba de precios de los fertilizantes nitrogenados, pero eso estaba lejos de ser una certeza. Las estimaciones privadas ubican el área de trigo en 245 mil hectáreas, desde 315 mil sembradas en el otoño pasado. La zafra en Uruguay es una película de suspenso. Si escapa al Niño y logra rendimientos similares a los de los últimos años, será una gran campaña luego de períodos donde por el bajo precio los números estuvieron cerca del empate. El trigo ha pasado en Uruguay de US$ 200 a US$ 220 para la próxima cosecha. Pero hoy parece tener un techo desconocido. Y quienes sembraron cebada pueden ir cerrando precios arriba de US$ 260, muy por arriba de lo planificado. El temido dominó de suba de costos primero, suba de precios después, está llegando y puede ser una fuerte amenaza para la estabilidad de los países importadores en el futuro. En el mundo hay un nivel razonable de acciones. Pero lo que es razonable en tiempos de paz, puede no serlo en tiempos de guerra si los exportadores no pueden o no quieren vender. En tiempos de guerra pasa a ser diferente el stock total del stock realmente disponible. Quien quiera comprar tendrá una negociación dura con el vendedor. La mezcla de tensión geopolítica y clima traducida en menos oferta y más precios puede desatar hambrunas en amplias zonas de Asia y África. Desde Mali o Sudán a Afganistán, la vulnerabilidad de millones va en camino de escalar. Los países que puedan facilitarán las compras. Octubre es en Uruguay el mes decisivo para los cultivos de invierno en general y de trigo y cebada en particular. El exceso de precipitaciones en ese mes puede ser letal. En Uruguay la primera señal de El Niño llegó hace pocos días, pero como suele suceder su epicentro fue el sur de Brasil y las zonas noreste y este de Uruguay. Los cultivos de invierno mayoritariamente en el suroeste tuvieron lluvias escasas y por lo tanto favorables. Sobre septiembre y octubre por ahora no hay mucho que decir excepto que tiene un riesgo bastante o mucho mayor al habitual. Alto premio posible y alto riesgo por delante. Para el trigo la primavera será a todo o nada. Brasil más importador que nunca A todas las limitaciones se suma una importante en el país vecino, de los mayores importadores del mundo, destino importante para el trigo uruguayo especialmente cuando logra buena calidad. Brasil tendrá las importaciones más voluminosas de los últimos tiempos. El área sembrada de 1,9 millones de hectáreas, es 20% menos a la del año pasado. Pero como además se espera un menor rendimiento, la caída de la producción es -por ahora- de 28% en 5,8 millones de toneladas, desde 8 millones de toneladas cosechadas en 2025/26. La consecuencia es que las importaciones de trigo de Brasil pueden superar los 7,5 millones de toneladas y ser las mayores en 20 años. Si Uruguay lograra trigos de buena calidad, tendría allí un mercado muy favorable para colocar a precios internacionales, porque hoy el precio ofrecido localmente está por debajo de las referencias de Chicago. En el caso de las zonas trigueras de Brasil, las lluvias aparecen con persistencia en las próximas semanas y hacen esperar más recortes en la producción prevista antes de que el grano esté cosechado.




